Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro I. Pasajes XXV-XXVII [CITA ESTOICA] [DIA 79]

Epicteto. Disertaciones Con Arriano – Libro I – Pasaje XXV

¿Qué instrucciones voy a darte? ¿No te las ha dado Zeus? ¿No te concedió que lo tuyo careciese de trabas e impedimentos y lo que no es tuyo tuviese trabas e impedimentos? ¿Qué instrucción traías al venir, qué mandato? Vigila lo tuyo por todos los medios, no ambiciones lo ajeno. Tuya es la fidelidad, tuyo el respeto. Así que ¿quién puede arrebatártelo? ¿Qué otro sino tú te impedirá que te sirvas de ellos?. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro I.25.3-4

La razón vive libre de trabas e impedimentos, solo tiene trabas aquello que no pertenece a la razón: Los indiferentes. En el momento en el que empezamos a ambicionar lo ajeno es cuando encontramos las verdaderas dificultades en la vida. En cierto grado uno debe ejecutar siempre lo mejor que da de si, pero sin ambicionar el resultado. Uno debe ejecutar lo mejor posible pero por el simple hecho que ejecutar lo mejor posible es ejecutar razonablemente. Ejecutar lo mejor posible no significa ejecutar con el máximo esfuerzo, o con la máxima precisión (aunque así lo requiera la situación eventualmente, lo cual no es bueno o malo per se). Sino ejecutar libre de vicio, asintiendo correctamente. Y asentir correctamente es observar las impresiones libres de juicios de valor. En cierta medida, aquí podemos ver una forma de «mindfulness», la medida de la razón estoica.

¿Han hecho humo en la habitación? Si es una cosa comedida me quedaré; si es demasiado, me salgo. Esto es lo que hay que recordar y tener por cierto: que la puerta está abierta. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro I.25.18

¿Hay algo que nos molesta o que nos perturba? Si usando la razón deseamos irnos (y podemos), no hay albedrío que nos lo impida (prohairesis); porque el albedrío actua conforme al propio albedrío, algo que Epicteto recuerda insistentemente. La puerta está abierta, y uno no debe aguantar innecesariamente aquellos rechazados, pero si bien, uno no debe irse sin aplicar la razón en ello. Uno no debe ser movido por la molestia de juzgar que el hecho es algo malo en sí, sino, la razón de decidir prudentemente, que abandonar el lugar es preferible a quedarnos. El problema, es si no pudiéramos irnos por algun motivo. El saber razonable de esta circunstancia, debería servirnos para entender la no necesidad de irnos, pese a que exista algo que nos resulte rechazado. Esta es la diferencia, que veremos mejor a través de un ejemplo que propone Epicteto.

—Pero quiero sentarme donde los senadores —¿ Ves cómo eres tú quien te buscas motivos de ansiedad, quien te agobias a ti mismo? Entonces, ¿de qué otra manera voy a ver bien en el anfiteatro?  —Hombre, no lo veas y no te agobiarás. ¿Qué problema tienes? O espera un poco y, una vez que se acabe el espectáculo, siéntate en los lugares de los senadores y toma el sol. Pues, sobre todo, recuerda que nos agobiamos a nosotros mismos y nos angustiamos a nosotros mismos, o sea, que las opiniones nos agobian y nos angustian. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro I.25.26-28

Un ejemplo más claro de lo comentado anteriormente. Aquí el oyente percibe el hecho que sentarse en un lugar privilegiado es algo bueno. Esto genera una necesidad, que como ya comentaba en su día, es un tipo de pasión, de apetito (epithumia). Al haber juzgado que sentarse es algo positivo y ambicionarlo, se genera una emoción, ansiedad, irrevocable ante dadas circunstancias. No movido por la razón esta decisión, unos pensarían que sentarse en el lugar privilegiado, es simplemente un preferido. Pero en este caso no es así, por una sencilla razón; uno aprecia lo que tiene, lo que consigue, sin mucho esfuerzo.

Uno se esfuerza en lo que se le da bien, y no lo hace por conseguir nada en particular. No es lo mismo realizar una cirujía a una persona cualquiera adecuadamente, que ambicionar operar a las personas famosas de la Televisión de apendicitis para coger renombre como cirujano. Hablamos de la misma acción, pero diferente perspectiva. Uno puede preferir sentarse en un sitio preferido, pero si sabiendo que no es fácil o incluso imposible hacerlo en determinado momento, ¿que diferencia existe con hacerlo después? «Espera un un poco, una vez se acabe el espectáculo, siéntate en los lugares de los senadores y toma el sol«. Esta es la gran diferencia, entre preferir razonable, y preferir ambiciosamente. Uno puede pensar que entonces «no vería el espectáculo«; si vamos por el espectáculo ¿que más da cualquier lugar?, «Porque se ve mejor desde allí«, pero esto es indiferente. Si se puede bien, pero si no se puede no va a cambiar nada en nuestra Virtud. En este caso, entra en juego otro nivel pasional, la búsqueda de placer (hedone) y ante la restricción, otro nivel de angustia y sufrimiento. Este es el problema de ambicionar irracionalmente, aun cuando uno piensa que es capaz de controlar sus deseos. Una vez abierta la veda, los deseos no tienen límites.

Esto practicaba Sócrates, por eso vivió siempre con un solo rostro. Pero nosotros estamos dispuestos a ejercitarnos y practicar cualquier cosa antes que la manera de llegar a no tener trabas y ser libres. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro I.25.31

Y así, Epicteto concluyendo que parece que nosotros estamos dispuestos a perder el tiempo ambicionando cualquier indiferente irracionalmente, que a preservar nuestro tiempo para invertirlo correctamente en cosechar la Virtud, como pensando que realmente hubiera algo más importante en esta vida.

Epicteto. Disertaciones Con Arriano – Libro I – Pasaje XXVI

Por tanto, primero los filósofos nos ejercitan en la teoría —lo más fácil— y luego nos llevan a lo más difícil. Pues allí no hay nada que nos aparte de seguir las enseñanzas, mientras que en las cosas de la vida son muchas las distracciones. Sería ridículo quien dijera que quiere empezar primero por éstos, porque no es fácil empezar por las cosas más difíciles. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro I.26.4

Epicteto fue firme defensor de Prokopton a través de las tres disciplinas: Del deseo, del asentimiento y de la acción. Pero antes, a sus discípulos los instruía en la tres partes teóricas del estoicismo, la Lógica, la Física y la Ética (en este orden ademas). Se entiende que la principal razón era, por el hecho que comenta en esta frase: Es más fácil empezar por la teoría dado que no existen distracciones (prioridades indiferentes) y poco a poco ir introduciéndonos en la práctica. Aunque para Epicteto la práctica era crucial, deja claro que una práctica mal ejecutada puede dar lugar a consecuencias erróneas y mal asentimiento.

Entiendo que vistas las circunstancias en algunos de sus discípulos de desmotivación por intentar meterle mano al tema por la parte más difícil; intentaría suavizar la «curva de aprendizaje» a través de ello. No es lo mismo querer enfrentarse al Deseo despojándose de todo, con una renuncia voluntaria masiva, que ir exponiéndose paulatinamente a ciertos deseos despojándose de ellos uno por uno y probando nuestra templanza y coraje en el camino.

Pues allí es donde están de verdad las materias importantes, y las riquezas de aquí allí parecen juguetes. Por eso es más difícil dominar las propias representaciones allí, en donde las agitaciones son grandes. Yo sé de uno que lloraba cogido a las rodillas de Epafrodito y decía que estaba en la miseria. Y es que no le quedaba nada más que un millón y medio. ¿Qué hizo Epafrodito? ¿Se echó a reír como vosotros? No, sino que completamente sorprendido le dice: «¡ Pobre! ¿Cómo te lo callabas, cómo lo soportabas?». – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro I.26.10-12

Y es por ello, también por lo que muchas veces Epicteto advierte de muchos de los grandes indiferentes que más distraen: La ambición de grandes riquezas, gran reconocimiento y gran poder. Siguiendo en la línea, Epicteto se burla de nuevo de una persona que se quejaba de estar mal económicamente, puesto que «solo le quedaba un millón y medio de sestercios» (el equivalente a más de 1 millón de euros). Esta situación se da constantemente, y es principalmente por el hecho que Epicteto insiste en tener cuidado con los indiferentes: Tener grandes cantidades obnubilan el espíritu, y sobre todo la Razón y el correcto asentimiento (especialmente viniendo de un estado de pura ignorancia):

Todos podemos preferir un ascenso, o a una gran riqueza, pero no todos estamos preparados para ello, desde una perspectiva Ética, es por ello que avezarse prematuramente, puede traer mayor mal que bien (mayor vicio que virtud en otras palabras)

Pero en teoría es fácil refutar al que no sabe , mientras que en las cosas de la vida uno no se presta a la refutación y odiamos al que nos refuta. Sócrates, sin embargo, hablaba de ‘no vivir una vida no sometida a examen’». – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro I.26.17-18

Esta frase final, me resulta muy interesante; generalmente uno puede desear vivir una vida libre de adversidad. Incluso adversidad simplemente en el planteamiento de nuestras ideas; ya sea por miedo a que queden refutadas (y exista una recaída al estado anterior al que vivimos gracias a esas ideas), o sea por cualquier otro concepto que preservamos recelosamente. Uno debe estar constantemente expuesto a esta adversidad para poder probar su razón o su Virtud, o al menos así «predica» el Estoicismo. Aislarse o facilitar el aislamiento a traves de la censura, suele deformar generalmente en algún tipo de Vicio, sea miedo, odio, rencor o ira, dada la ingente necesidad de preservar algo que se encuentra fuera de nuestro control. En definitiva, en este pasaje Epicteto trata acerca del aprendizaje, y de aquello que lo facilita y lo impide.

Epicteto. Disertaciones Con Arriano – Libro I – Pasaje XXVII

Las representaciones se nos plantean de cuatro maneras: o algo existe y así parece; o, no existiendo, tampoco parece que existe; o existe y no lo parece; o no existe y lo parece. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro I.27.1

Aquí Epicteto, se introduce en la parte Lógica del estoicismo, estableciendo una división entre el parecer (la presunción como invitaba ayer en la reflexión) y la realidad (la impresión).

¿Que en qué consiste encontrar un remedio para la costumbre? En la costumbre contraria . Oyes a los particulares decir: «Pobre de él, ha muerto ; su padre y su madre están deshechos; cayó, pero antes de tiempo y en tierra extraña». Escucha las razones contrarias, apártate de esas voces , opón a la costumbre la costumbre contraria. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro I.27.4-5

Cuando Epicteto se refiere a «hallar un remedio para la costumbre», se refiere a la costumbre de vivir sin asentir adecuadamente. El remedio es empezar a trabajar en ese asentimiento correcto: «Pobre de el ha muerto«+ «es algo malo«. Esa impresión con juicio, es la costumbre, y ahí radica el trabajo de alejarse de la costumbre, o mejor aun, dirigirse hacia la costumbre contraria

Cuando la muerte parezca un mal, hay que tener a mano  que conviene evitar los males y que la muerte es forzosa. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro I.27.7

Y sigue así: La muerte es forzosa, por tanto no es un mal, y este juicio es el origen de la mala costumbre, y del resultado de este mal asentimiento como veremos a continuación:

Éste es el origen del sufrimiento, querer algo y que no suceda. Si puedo cambiar lo exterior de acuerdo con mis planes, lo cambio; si no, quiero sacarle los ojos al que me estorba. Porque el hombre es de tal naturaleza que no soporta verse privado del bien, que no soporta ir a dar en la desgracia. 27.11-12

El ser humano, por naturaleza busca el bien, sea lo que sea que haya determinado como bien (Oikeiosis). El problema esta en la costumbre de ver donde asignamos el bien (y el mal). ¿Ha sucedido algo malo (externamente)?, «Este es el origen del sufrimiento«, habiendo catalogado el mal en algo externo a traves de un juicio de valor. «Si puedo cambiar lo exterior de acuerdo a mis planes, lo cambio«, porque esta la razón del ser humano. Pero en otro caso, en función del juicio que hagamos, nuestra reacción será acorde: «Quiero sacarle los ojos al que me estorba«, es decir, un resultado del tormento de haber sacado una evaluación de «lo exterior». Un breve pasaje, en el que Epicteto vuelve a habla sobre la dicotomía del control y de las consecuencias de no conocerlo y aplicarlo, por inadecuada costumbre.

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