Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes XII-XIII [DIA 133]

Cuando relajes un momento la atención, no te pienses que la recuperarás cuando quieras, sino ten a mano que, por el error de hoy, por fuerza tus asuntos irán peor en lo demás. Pues, en primer lugar, nace la peor de todas las costumbres, la de no poner atención; luego, la de diferir la atención. Sabe que constantemente estás retrasando para otro y otro momento la serenidad, la compostura, el estar y vivir conforme a naturaleza. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.12.1-2

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes VIII [DIA 129]

«Ése se baña deprisa». ¿Es que hace mal? Desde luego que no. Sino, ¿qué? Que se baña deprisa. «Entonces, ¿está todo bien?» De ningún modo, sino que lo que procede de opiniones correctas, bien, y lo que de malas, mal. Pero tú, hasta que te enteres de la opinión por la que alguien hace cada cosa, ni alabes la acción ni la censures. Un parecer no se juzga fácilmente por lo exterior. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.8.1-3

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes VII [DIA 128]

—¿Qué hace temible al tirano?
—La guardia personal —responde— y sus espadas y el que vigila su cámara y los que rechazan a los que quieren entrar. […]
Por tanto, si se le acerca uno que no quiere ni morir ni vivir a todo trance, sino como le venga dado, ¿qué le impide acercarse sin temor? Nada. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.7.1,4

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes VI [DIA 127]

—Entonces, ¿estás preparado para convencer al vulgo de que, en efecto, ninguna de esas cosas es un mal, sino que es posible ser feliz pobre, sin cargos y sin honores, o para mostrarte a ellos rico y poderoso? Porque, de esos dos caminos, el segundo es propio de un fanfarrón, insignificante y que no vale nada. Y su consecución mira por qué medios llegaría: tendrás que usar esclavos y conseguir algo de vajilla de plata y, si es posible, mostrar la misma muchas veces donde se vea y procurar que no se note que es la misma, y vestimentas radiantes y las demás pompas y hacerte ver honrado por los notables e intentar cenar con ellos o, por lo menos, que parezca que lo haces. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.6.4

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes V [DIA 126]

El hombre bueno y honrado ni disputa él mismo con nadie ni, en la medida de sus fuerzas, se lo permite a otro. Para nosotros es ejemplo también de esto, como de las demás cosas, la vida de Sócrates, que no sólo rehuyó la disputa en todas las situaciones, sino que además no permitía a los otros disputar. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.5.1-2

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes IV [DIA 125]

Recuerda que no sólo el ansia de poder y riqueza nos hace viles y subordinados a otras cosas, sino también el ansia de calma y ocio y viajes y letras. Sencillamente, sea lo que sea lo exterior, su aprecio nos subordina a otra cosa. ¿Qué diferencia hay entre desear ser senador y desear no serlo? ¿En qué difiere desear cargos o ausencia de cargos? ¿Qué diferencia hay entre decir «me va mal, no tengo qué hacer, sino que estoy atado a los libros como un muerto» y decir «me va mal, no tengo tiempo de leer»?. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.4.4

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes II-III [DIA 124]

Elige, pues, si quieres ser querido igual por los de antes siendo igual que eras antes o, siendo mejor, no obtener lo mismo. Pues si esto es mejor, afírmalo ahora mismo y que no te distraigan los otros razonamientos. Pues nadie puede progresar dedicándose a dos cosas. Pero si prefieres esto a todo, si quieres dedicarte sólo a esto, esforzarte por esto, deja todo lo demás. Si no, esa duplicidad te hará de las dos maneras: ni avanzarás en la medida adecuada ni conseguirás lo que antes conseguías. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.2.3-5

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