Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes IX-X [DIA 130]

Epicteto. Disertaciones Con Arriano – Libro IV – Pasaje IX

Cuando veas a otro con un cargo, opón que tú tienes el no necesitar un cargo. Cuando veas a otro con riquezas mira qué tienes en lugar de eso. Pues si no tienes nada en su lugar, eres un desdichado. Y si tienes el no tener necesidad de riqueza, date cuenta de que tienes más y mucho más valioso. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.9.1-2

Volviendo al afán de Epicteto de oponerse a los indiferentes (y más concretamente a los preferidos indiferentes), aquí de nuevo puede verse como siempre suele profesar en esta línea: “No se puede ser ciego al rechazar algo bello que ofrece la Fortuna, pero tampoco se debe desear (y menos necesitar) lo que las circunstancias no han prestado hasta la fecha”.

Esta forma de proceder se alinea bastante con ese elemento motivacional estoico que vengo tratando desde los últimos días.

Como una nota “al dorso” me gustaría comentar, que próximamente, tengo en mente una vez finalizados los comentarios relativos a las Disertaciones con Arriano, pasar a las Epístolas Morales a Lucilio de Séneca: Mi objeto es poder trabajar con mucho detalle, otro punto de vista con respecto al Estoicismo, y que podría observarse como algo no necesariamente alineado al completo, con el ofrecido por Epicteto en todo este tiempo de análisis que llevo trabajando. En total, 124 cartas, que posiblemente me lleve hasta pasado este año trabajarlas de manera unitaria. Me ha surgido ahora comentarlo, porque ya quedan apenas tres fragmentos para terminar que desglosaré en dos días; y también dado que esta cuestión de los indiferentes, creo que es de esos pocos temas, en los que Epicteto entra en conflicto directo con el resto de los estoicos, y claramente lo muestra en sus pasajes, como puede verse en este fragmento:

¿Y luego me dices: «No he perdido nada»? ¿Es que los hombres no pierden más que la calderilla? ¿No se pierde la vergüenza, no se pierde la compostura? ¿O es que no es posible que resulte perjudicado el que pierde eso? En efecto, a ti quizá ya no te parece perjuicio nada de eso. Pero hubo un tiempo en que lo considerabas el único perjuicio y daño, en que te angustiabas por si alguien te sacaba de esos razonamientos y acciones. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.9.9-10

El tema es que Epicteto sugiere, que cuando uno pierde su foco en los “preferidos indiferentes”, lo más clásico es que uno pierda lo que aquí llama “la compostura”. O lo que es lo mismo, que uno se inicie erráticamente en un remolino de incorrecto uso de los razonamientos y en consecuencia de acciones con intención viciosa. En cierto grado podríamos llamar así a la “corrupción” de los indiferentes: La fama, las posesiones, y las relaciones de deseo (sexuales) o de co-dependencia (de pareja erráticas)

—¿Y qué bien obtengo?
¿Y cuál buscas mayor que éste? Pasarás de desvergonzado a respetuoso, de desordenado a ordenado, de desleal a leal, de licencioso a sensato. Si buscas alguna otra cosa mayor que éstas, haz lo que haces: ni siquiera un dios puede salvarte. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.9.18-17

La alternativa de Epicteto se simple: Dejar a un lado los indiferentes e “invertir” el tiempo en los verdaderos elementos de la motivación estoica: Las disciplinas del Deseo y del Asentimiento, el adecuado uso de las representaciones y la firmeza y correcto entendimiento de las opiniones. En definitiva, el largo camino del Prokopton hacia la virtud que revierte lo vicioso en virtuoso. Y que para el estoico, en el fondo, no hay nada de mayor provecho que esto: “Y si buscas algo mayor que la Virtud, nadie podrá salvarte entonces“, o dicho de otra forma; como para el Estoicismo, el sentido en la vida es alcanzar la Virtud, buscar un mayor “sentido” en todo esto, solo puede derivar en la locura.

Epicteto. Disertaciones Con Arriano – Libro IV – Pasaje X

Entre los hombres toda falta de recursos surge por lo exterior; toda falta de medios, por lo exterior. «¿Qué he de hacer?» «¿Cómo saldrá?» «¿Cómo resultará?» «¡Que no surja eso ni lo otro!» Todas esas expresiones son de los que andan de un lado a otro por lo ajeno al albedrío. Pues, ¿quién dice: «¿Cómo no asentir a lo falso? ¿Cómo no negar lo verdadero?». Si fuese tan bien dotado como para angustiarse por esto le recordaré: «¿Por qué te angustias? Depende de ti: estáte seguro. No te precipites en el asentimiento antes de aplicarle el canon natural». –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.10.1-3

Este segundo pasaje del día, sigue en la misma línea que el anterior. Ya partiendo por el título lo describe así: “Saber diferenciar sobre lo que uno debe interesarse y lo que no”. La máxima que propone aquí del estoicismo y que además no suele reflejarse de esta manera tan sencilla es la siguiente: Solo pueden afectarnos pasionalmente cosas que dependen de nosotros.

Esto es importante, porque aun manteniendo la dicotomía del control, establece una premisa fundamental que luego servirá de base para explicar el porque solo puede afectar lo que depende de nosotros (disciplina del asentimiento), y porque podemos gestionar como nos afecta cuando depende de nosotros (disciplina del deseo), por consiguiente, nada puede afectarnos en el fondo

Ahora bien, ¿verdad que lo que haya de resultar no depende del albedrío? Sí. ¿Y la esencia de lo bueno y lo malo reside en el albedrío? Sí. ¿Te es posible, por tanto, usar cualquier resultado de acuerdo con la naturaleza? ¿Verdad que nadie puede impedírtelo? Nadie. Pues entonces no me sigas diciendo «¿Cómo saldrá?». Salga como salga, tú lo darás por bueno y el resultado será para ti motivo de felicidad. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.10.8-9

Aun siendo un pasaje corto, es posiblemente uno de los pasajes que me resulta más clarificador en todos los volúmenes de las Disertaciones, en cuanto al tratamiento de la dicotomía del control se refiere. Incluso más que ese primer mítico pasaje del Enquiridión, al que todo buen Prokopé, suele hacer referencia cuando se trata esta temática.

Pero aquí aunque en esencia el enfoque sea el mismo, la idea que trasmite tiene un deje mucho más avanzado y expresivo:

  1. Que es lo que depende de nosotros y que no
  2. Que podríamos estar haciendo en base a esta primera premisa de manera práctica
  3. Como la motivación estoica se basa en este concepto
  4. El concepto del bien y el mal condensados en esencia, en esta premisa

Y como puede verse, en vez de solo ser el primer punto como lo que trata el pasaje del Enquiridión que anteriormente comentaba, aquí se extiende hasta 3 puntos más igualmente importantes y significativos: La práctica, la motivación (el deber), y la moral. Los temas principales que rodean a cualquier filosofía.

La frase: ¿Y la esencia de lo bueno y lo malo reside en el albedrío? Sí, es la clave que resume las doctrinas de Epicteto: No existe la moral extrínseca, es decir, no hay nada malo ni nada bueno fuera de nosotros. Por eso en el fondo no existen diferentes niveles de valores. Para Epicteto, de manera semejante a Aristón de Quíos, no existe la “Axiología“. No existen los preferidos y rechazados, por eso que ya comentaba varias veces en cuanto a la escasa diferencia que existe intentando establecer “dos niveles” morales: El supremo y el axiológico (el de los valores morales).

En gran medida esto simplifica mucho la moral. Por poner un ejemplo, hoy leía en un foro de discusión la clásica pregunta que pone en contradicho esta cuestión:

“Si tanto el placer como la salud son indiferentes, y ambos preferidos para mi, ¿como elijo uno ante otro, si muchas veces la decisión de la salud me genera displacer”?

Ya he puesto muchos ejemplos de este tipo en anteriores entradas. Cuando esta vicisitud salta a la vista la respuesta suele ser: “No se como te preguntas esto, ¿no esta claro acaso la salud sea lo más importante?“. Pero la pregunta es: ¿lo más importante para quién? ¿y para qué? ¿para que preservar la vida? ¿Pero no decían en esa pagina de “ESTOI.CO” que la vida también era un preferido indiferente? ¿En qué quedamos? ¿Existe un mayor orden de preferidos que otros?

Y en el fondo es así, existe un mayor orden de preferidos: Utilitariamente hablando, lo correcto sería elegir el placer ante la salud. Pero en el fondo, por nuestra cultura, por nuestros conocimientos, por nuestra “bendita” sabiduría que viene a diseñar esa axiología cultural tan compleja; y aun filosóficamente sin poder encontrar una respuesta clara, sabemos en el fondo que lo correcto es la salud, no el placer. ¿Será por la propia esencia y estudio del Oikeion, de preferir generalmente la supervivencia al utilitarismo? Estas son las clásicas preguntas que se hacen todo este mundillo del Normativismo del que ya he hablado numerosas veces. También la inferencia de filosofías modernas, como el Humanismo dan lugar a más y mayores axiologías que no necesariametne tienen algo que ver con el Estoicismo (salvo el planteamiento de Marco Aurelio, que parecía un ascendiente de Mahatma Gandhi con tanto humanismo desbordante).

Pero la respuesta real, al menos vista desde un “Estoicismo Epictetiano” (porque a estas alturas ya me suena mal llamarle estoicismo a secas, dado que posiblemente Zenón ni siquiera estaría de acuerdo en el fondo, como veremos en el próximo pasaje número 11), la tiene Epicteto en el siguiente fragmento de este tan interesante pasaje:

¿Qué quieres estar haciendo cuando te halle la muerte? Yo, mi parte: alguna obra humana, benéfica, útil para la comunidad, noble. Si no puedo ser hallado haciendo cosas tan grandes, por lo menos algo sin trabas, lo que se me ha dado, corrigiéndome a mí mismo, perfeccionando mi capacidad de uso de las representaciones, ejercitando la impasibilidad, rindiendo lo propio de mi condición natural. Si soy tan dichoso, también alcanzando el tercer tópico el de la seguridad en los juicios.
Si la muerte me sorprende en eso, me basta con poder extender las manos hacia la divinidad y decir: «No descuidé las facultades que recibí de ti para percatarme de tu gobierno y comprenderlo. No te abochorné en lo que a mí tocaba. Mira cómo he utilizado los sentidos, mira cómo las presunciones. ¿Verdad que nunca te hice reproches, verdad que nunca me desagradó nada de lo que sucedía o pretendí que fuera de otra manera, verdad que nunca transgredí mi condición natural? Te agradezco que me engendraras, te agradezco lo que me diste. Me basta con cuanto me he servido de tus dones. Tómalos de nuevo y ponlos en el lugar que quieras. Todo era tuyo, tú me lo diste.». –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.10.12-16

Aquí esta claramente la clave: La mejor pregunta motivacional que uno debe hacerse es: ¿Qué quieres estar haciendo cuando te halle la muerte?

Desglosando la respuesta de Epicteto un poco dice así:

  • Si queréis una respuesta motivacional a lo Steve Jobs (que en aquel momento no existía, pero seguro estoy que habría semejantes a los que se le llenaba la boca con este tipo de frases): Alguna obra humana, benéfica, útil para la comunidad, noble

!Esto es una obviedad! Siempre que uno piensa de manera transcendental, le gustaría estar siempre haciendo algo grandioso, noble, útil para la humanidad. Pero esta obviedad es tan absurda, que no define ninguna filosofía en particular sino a todas en general. Que alguien plantee esto sin más, me resulta la perogrullada más estúpida de la historia de la filosofía, que en la mayor parte de las veces aclamamos, pero yo repudio por el nivel de obviedad que representa para el ser humano; ya que en cierto grado intelectual, nos tacha de estúpida a toda la especie por igual: Grado motivacional de libro de auto-ayuda barato. No aporta nada nuevo, y si compráramos la sección de Auto-Ayuda de cualquier librería podríamos sintetizar esta frase en todo y cada uno de los libros de la misma. En definitiva y volviendo a repetir: Basura cognitiva fundida en un exceso de obviedad.

Pero afortunadamente, Epicteto que aporta algo superior, plantea lo obvio, de una manera elegante, y de ahí sigue a lo siguiente: El verdadero oro del estoicismo: “Si no puedo ser hallado haciendo cosas tan grandes por lo menos…”

  • Algo sin trabas, lo que se me ha dado
  • Corrigiéndome a mí mismo
  • Perfeccionando mi capacidad de uso de las representaciones
  • Ejercitando la impasibilidad
  • Rindiendo lo propio de mi condición natural
  • Si soy tan dichoso, también alcanzando el tercer tópico el de la seguridad en los juicios (recordemos el tercer tópico es la disciplina del Asentimiento)

Esto es la grandeza de Epicteto, y en el fondo, la grandeza del estoicismo. ¿De que millón de formas nos puede sorprender la muerte, que no haciendo algo grandioso? Infinitas son sus formas. Es más la probabilidad de que esto pase así que de otro modo. ¿Por qué caer en la obviedad? Mejor caer en la verdadera razón y espíritu del estoicismo: El trabajo duro cognitivo y los ejercicios de la conducta, en el día a día; el Prokopton. Esto es lo verdaderamente ilustre y virtuoso.

Por ende, intentando dar una respuesta a la pregunta anterior, de la salud y el placer. ¿que sería lo más correcto?

Evidentemente he ahí nuestra capacidad de razonar: La pregunta no es si elegir entre ambos indiferentes. La pregunta sería: ¿Que me aporta mayor grado de impasibilidad? ¿Pasar momentos difíciles a favor de la salud, aunque no aporte ningun placer? ¿O rendirse a la búsqueda y la selección del placer sin ejercer aspecto alguno de la impasibilidad? Esto es lo que verdaderamente inclina la balanza de los indiferentes. Aunque si es cierto que muchas veces nos asusta abandonar lo que ya estamos acostumbrados, para emprender algo quizá mas grande, ese esfuerzo de “abandonar” suele estar visto desde una perspectiva motivacional errónea (al menos ciñéndonos a una estructura filosófica eminentemente Epictetiana): No es por preferir un indiferente de un gran valor axiológico; es realidad debería ser por preferir la Virtud de trabajar la impasibilidad, frente al vicio de la molicie o de la necesidad de comodidad.

Esta es la constante estoica. No hay más. En el fondo creía que me resultaría más difícil entenderlo, pero creo que a estas alturas apunto de terminar las Disertaciones con Arriano, más claro es imposible.

No puedes tener por objetivo de tus cuidados lo exterior y tu propio regente. Si quieres aquello, deja esto. Si no, no tendrás ni esto ni aquello, distraído en ambas cosas. Si quieres esto, has de dejar aquello. Se verterá el aceite, se romperán los cacharros: pero yo estaré impasible. Habrá un incendio no estando yo allí y se quemarán los libros: pero yo me serviré de las representaciones de acuerdo con la naturaleza. No podré comer: si tan desdichado soy, la muerte será el puerto. Ése es el puerto de todo: la muerte; ése el refugio. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.10.25-26

Por concluir: “si quieres aquello deja esto“. Dicho de otra forma: Si quieres alcanzar la Virtud, sintiéndolo mucho, hay que dejar a un lado los indiferentes. Por eso la verdadera dicotomía que se expresa en “de si se pueden tener pero con vigilancia”, al menos durante las primeras fases de un Prokopé, no es viable. Incluso diría que para Epicteto, el camino asceta al principio (y cuando hablo al principio, no hablo de 3 o 4 meses, sino de fácilmente una década de ejercicio), es posiblemente indispensable.

Ya se que la mayoría de los que llegamos aquí, buscamos una filosofía práctica para “compaginarla” con nuestra forma de vida actual y que nos permita vivir bien, o mejor, con las mismas premisas a poder ser. Pero en el fondo el camino del Prokopton requiere ir mucho más allá de esto para verdaderamente elaborarlo. Es por eso, por lo que monjes Cristianos, e incluso discípulos Neoplatónicos, usaban el Enquiridión como manual de iniciación, especialmente los primeros, con un cariz altamente asceta.

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