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Estoicismo – Meditaciones Estoicas 20 siglos después.

Disertaciones – Libro III

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Epicteto. Disertaciones. Libro III. Pasajes XXV-XXVI [DIA 113]

Siguiendo en la línea del último día, este pasaje me resulta muy interesante, puesto que hace un análisis breve, de justamente un tema que me venía resintiendo en los últimos días: La dificultad de mantenerse a algo cuando la adversidad es grande y los resultados son pequeños. Epicteto hace constantemente referencia a la necesidad de generar un hábito como podemos leer aquí. En gran medida la filosofía de Epicteto pasa por un proceso alto de habituación. Y evidentemente el hábito se adquiere a través de la repetición.

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Epicteto. Disertaciones. Libro III. Pasajes XXIV [DIA 112]

En este pasaje, Epicteto trata específicamente sobre la gestión personal de los preferidos indiferentes. No es la primera vez que trata esto, pero aquí deja clara su visión, de una manera más extensiva de lo normal (más cercana al cinismo de lo normal) acerca de los indiferentes morales. En definitiva: Debe existir gran cautela, en cuanto al disfrute de ellos se refiere, conservando la precaución ante la afición desmedida a los mismos, dado que con el tiempo y la costumbre, podemos vernos atrapados por ellos; y ante su perdida, pueden causarnos un sufrimiento innecesario bajo las premisas que predica la filosofía estoica. En este caso, Epicteto recuerda una cosa: Cuando tratamos con indiferentes es necesario tener presente en todo momento un detalle: Se pueden ir en cualquier momento, si son objetos, nos los pueden robar, se pueden romper. Si son personas como en este caso, pueden morir o pueden abandonarnos. Esto en definitiva es la práctica diaria del recordatorio de Impermanencia. Siempre que tratemos con cualquier indiferente, parar por un momento y recitarse un pequeño mantra para recordar esa impermanencia: «Quiero mucho a esta persona, pero esta persona es mortal y se irá algun día».

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes XXII [CITA ESTOICA] [DIA 110]

Como ya comenté cierto tiempo atrás existe una especie de relación de «amor» y «odio» entre el cinismo, la comunidad estoica y más concretamente algunos estoicos ortodoxos en particular. De hecho este fue el motivo por el cual dieron a Aristón de Quíos a un lado en su momento. Pero en cambio Epicteto mantiene una postura bastante curiosa, y para mi personalmente, increíblemente reveladora. En esta primera parte, el planteamiento de Epicteto es muy sencillo: Mientras que un Cínico viva de acorde a su naturaleza, puede hacer lo que quiera. El problema es que el cinismo está asociado generalmente a la parresia y a esa forma libertaria, de vivir de manera soez de cara al público, siempre revindicando algo. Hacer esto esta bien, pero la pregunta está realmente en si dicha reivindicación se encuentra conforme dentro del concepto de vivir de acorde a la naturaleza o no (al menos desde la perspectiva estoica). En cierto grado, al igual que hicieron los antiguos estoicos, de crear una variación del estoicismo ortodoxo e introduciendo una serie de componentes relativos a la Escuela Peripatética; Epicteto hizo lo propio con el cinismo: Una especie de eclecticismo entre el Estoicismo y el Cinismo, que me parece completamente extraordinario y veremos a continuación.

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes XIX-XX [CITA ESTOICA] [DIA 108]

La primera diferencia entre el particular y el filósofo: el uno dice: «¡Ay mi pobre muchachito, mi pobre hermano; ay, mi pobre padre!», mientras que el otro, si en algún caso se ve obligado a decir «¡ay!», tras esperar un poco añade «¡pobre de mí!». Y es que nada ajeno al albedrío puede poner impedimentos o perjudicar al albedrío, si no es él a sí mismo. Por tanto, si también nosotros nos inclináramos a esto, de modo que, cuando andamos por malos caminos, nos culpáramos a nosotros mismos y recordáramos que nada es responsable de la alteración y de la agitación sino la opinión, os juro por todos los dioses que progresaríamos.

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes XVI-XVIII [CITA ESTOICA] [DIA 107]

Porque la opinión es fuerte, la opinión es invencible en todo. Hasta que cuajen en vosotros esos bonitos conceptos y os hagáis con cierta fuerza, para seguridad, os aconsejo que condescendáis con los particulares con precaución . Si no, cada día se fundirá como cera al sol lo que anotáis en la escuela . Así que llevaos los conceptos a alguna parte lejos del sol mientras sean blandos como la cera. Por eso los filósofos aconsejan también apartarse de la patria. Porque los antiguos hábitos distraen y no permiten que tenga principio otro hábito y no soportamos que los que nos salen al encuentro nos digan: «Mira, Fulano filosofa, el que es tal y cual». Así también los médicos envían a otras tierras y otros aires a los que padecen una larga enfermedad; y hacen bien

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes XIV-XV [CITA ESTOICA] [DIA 106]

Como comentaba en el día de ayer, cuando Epicteto habla de las relaciones sociales, hace el esfuerzo de tratar el tema con cierta distancia. Principalmente por los lazos de interdependencia que generalmente se establecen: Necesidad de ayuda y dependencia de terceros, poder, reconocimiento, etc… En este pasaje trata estos temas de manera puntual, y comienza aquí con lo primero y advirtiendo: Si te das cuenta que requieres de otro, para un momento y «sacúdete», en realidad no dependes de nadie, excepto de tí mismo

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes XII-XIII [CITA ESTOICA] [DIA 105]

No es conveniente para el ejercicio todo lo difícil y peligroso, sino esforzarse por todo lo que hace avanzar hacia el fin propuesto. ¿Y en qué consiste esforzarse por el fin propuesto? En movernos sin trabas en el deseo y en el rechazo. Y eso, ¿en qué consiste? En no frustrarnos en el deseo ni ir a caer en el objeto de rechazo. A esto ha de tender el ejercicio. Ya que tener un deseo infalible y un rechazo libre de eventualidades no es posible sin un ejercicio abundante y continuo, sabe que si les permites desviarse por fuera hacia lo que no depende del albedrío no tendrás ni un deseo que logre su fin ni un rechazo libre de eventualidades. Y puesto que la costumbre nos precede con firmeza, acostumbrados a usar del deseo y del rechazo sólo en ello, es preciso oponer a esta costumbre la costumbre contraria, y en donde haya grandes deslices de las representaciones, allí oponer el ejercicio.

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes X-XI [CITA ESTOICA] [DIA 104]

Cuando se presenta la necesidad de cada opinión hay que tenerla a mano. En la comida, la de la comida; en el baño, la del baño; en el lecho, la del lecho.
Y no admitir el sueño en los abatidos ojos
antes de hacer recuento de las tareas diarias una por una:
¿Qué transgredí? ¿Qué llevé a cabo? ¿Qué obligación no he cumplido?
Tras empezar por ahí, prosigue; y, después,
si has llevado a cabo malas acciones, censúrate; pero si buenas, alégrate.

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