Seneca. Epistolas Morales a Lucilio. Libro 1. XII [DIA 142]

Séneca. Epístolas Morales a Lucilio – Libro I – Epístola XII

La edad avanzada, pero que aun no es decrépita, es muy agradable, y hasta creo que el que ha llegado a la extremidad tiene sus placeres, o al menos le sirve de placer el no necesitarlos ya. ¡Cuan dulce es verse librado de los movimientos impetuosos! «Desagradable es, dirás, tener siempre la muerte delante de los ojos;» pero los jóvenes deben tenerla tan presente como los ancianos, porque no se nos llama por turno, y además nadie es tan viejo que no pueda esperar vivir un día más. – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.12.5-6

Hoy entro en la última Epístola del primer libro de Séneca; antes de empezar voy a hacer un breve inciso y voy a explicar brevemente la estructura de libros de las Epístolas. He observado que en función de la edición, existe la estructura en base a “Libers” (Libros) o solo una sucesión de epístolas de inicio a fin sin estructura intermedia (por ejemplo en la Edición de Luis Navarro traducida por Francisco Navarro y Calvo, no existe estructura ninguna, solo Epístolas que se suceden). En la edición de Loeb, tampoco existen libros, sino volúmenes. Pero en las estructuras originales en latín si vienen divididas por Libros, en total 20 libros componen las Epístolas. Es por ello que he decidido respetar la estructura original, incluyendo además la estructura por fragmentos separados (que no necesariamente se guía por una estructura por párrafos adecuada y que en un futuro me plantearía rectificar para alcanzar el mayor grado de semejanza al texto original o quizá esto lo reserve para una versión exclusiva para lectura no para consulta como la que se ofrece en OpenStoic).

Una vez aclarado este tema, sigo adelante con el análisis: Particularmente en esta ocasión nos encontramos ante el dilema del envejecimiento y de la “ancianidad”. Séneca inicia el pasaje hablando sobre los males de hacerse viejo. De como todo lo “bonito” se vuelve “feo”; y de como lo joven, se estropea, se acaba deteriorando, muriendo o rompiendo (en referencia a las plantas, las viviendas e incluso las personas que habitan en el entorno suyo).

Pero una vez hecho esta primera divagación a modo de “Praemeditatio Malorum“, continúa dando un revés a la circunstancias: Todo gira según la perspectiva: “verse librado de movimientos impetuosos al deshacerse de las preferencias ajenas a las circunstancias”. Esta peculiaridad de filosofía, no es algo que Séneca predique de manera habitual, pero en el fondo, y bajo mi perspectiva exclusiva, yo pienso que al final cualquier Estoico tiene que acabar “rindiéndose a ella” porque no es posible deshacerse de esta postura pese a querer inclinarse hacía otras visiones más flexibles que permitan mayor grado de relación “afectiva” con lo indiferentes. Todo esto por una razón: Desde el momento que el Estoico acepta la Divina Providencia como guía de los movimientos Físicos del Universo, acepta el hecho de que todo es ajeno a uno mismo, salvo el libre albedrío. Por ello, hacer el esfuerzo de preferir algo diferente a lo presente, y solo una decisión en base al movimiento siguiente, es un esfuerzo en vano.

Para ilustrar esta idea, siempre me gusta poner el ejemplo de la comida: “No tiene sentido tener una comida preferida, salvo que esa comida preferida, sea la comida que disponemos en el plato durante el almuerzo en cuestión“, por una razón: Si dicha comida no es preferida, significa que podría ser o bien indiferente integral (lo que no tiene gran sentido en este caso porque sería comparar comer una comida u otra, con la indiferencia de saber si el numero de estrellas en el horizonte es par o impar), o bien un rechazado indiferente y ¿que sentido tiene rechazar lo presente a la postre de una alternativa no existente? ¿Nos ayudaría esto a mejorar de alguna manera? ¿O no sería, por el contrario, en cierto grado catalogar lo presente como un mal e intentar evitar en el futuro si fuera preciso? (algo que precisamente es completamente ajeno a nuestro control). Algunos sugieren que esto forma parte de un aprendizaje: “Que conclusión de cara a mi aprendizaje, me permite descubrir como he llegado hasta aquí, al punto de estar comiendo algo que me resulta un rechazado indiferente“.

Como repito, para mi no tiene sentido hablar de rechazados ni aprendizajes, porque si la comida esta ahí en ese preciso momento será por algo, precisamente por una causa mayor a nosotros: No hay nada que rechazar ni que aprender (porque volveremos a estar en esta situación si así las circunstancias lo requieren). No tendría sentido que ahí estuviera algo diferente en otro caso (si por ejemplo, hubiéramos podido prepararnos algo de mayor preferencia). Por eso tampoco veo el sentido pensar en el “que hubiera pasado si hubiéramos hecho esto otro”, porque eso otro nunca pudo hacerse, porque lo que se hizo, tuvo que hacerse así necesariamente.

Podríamos pensar: “Si me hubiera levantado antes, podría haber hecho un desayuno más apetitoso, pero al levantarme tarde, me tengo que conformar con este desayuno poco elaborado que me resulta un rechazado indiferente“: Aprendizaje: “Es necesario levantarse antes para poder disfrutar de un desayuno preferido indiferente”. Error: “Nuestra motivación para levantarnos antes, es un preferido indiferente“. Quizá el planteamiento adecuado no sería: “Aunque me levante antes, voy a seguir comiendo el desayuno que no me atrae antes, para cultivar precisamente esa imperturbabilidad que este indiferente me atrae“. Epicteto lo tenía muy claro a la hora de saber que preguntas debíamos de verdad hacernos para seleccionar adecuadamente nuestras motivaciones en la vida.

Precisamente este es el problema jerárquico que yo veo en los valores (αξίας), al preferir algo diferente a lo presente, simboliza cognitivamente, que hemos llegado al “rechazado” presente, por una ruta no deseada. No tiene sentido bajo el paradigma estoico no desear o desear algo, porque precisamente esto forma del vicio. Ilustrando esto con otro ejemplo, con lo cual, decir: “Estudio medicina para ser médico en el futuro porque es mi vocación, pero de momento soy pizzero porque necesito el dinero para comer, aunque preferiría indiferentemente estar ejerciendo como medico y rechazo indiferentemente el hecho de ser pizzero” es un dilema moral que rompe con toda lógica estoica. Al igual, es Vicio pensar: “Soy pizzero porque no me queda otra“, porque siempre queda otra: Siempre uno puede coger y tirarse por un puente. O vivir en la indigencia ahorrando lo máximo exclusivamente para los estudios. O dedicarse a robar de la mejor manera posible. La decisión de trabajar como pizzero solo es una decisión de acorde a las circunstancias y al conocimiento presente que disponemos.

La ecuación es simple:

Indiferencia (adiaphoria/ἀδιάφορα) = Circunstancias (sunthḗkē/σῠνθήκη) + Conocimiento (epistḗmē/ἐπιστήμη)

Las circunstancias nos permiten ejercer de algo que consideramos más de acorde a nuestro rol, pero ser pizzero no deja de ser nuestro rol (divino) presente. Y el conocimiento presente, nos invita a saber que ser pizzero es lo mejor entre todas las opciones desde una perspectiva ajena al Vicio. Por eso, ser pizzero es algo perfecto e indiferente al mismo tiempo; o como catalogó Zenón, un verdadero indiferente moral, adiaphoron (ἀδιάφορον). Aceptar y de hecho preferir este rol, es lo más correcto, lamentarse sería Vicio. Por eso decir: “Mi preferido indiferente es trabajar de medico” es una falacia lógica. Tu preferido debería ser trabajar de pizzero, que es precisamente de lo que estas trabajando. Y también tu preferido debería ser el rol de estudiando, estudiando medicina.

Pero siempre surge la misma pregunta: “¿Entonces qué me motiva para estudiar medicina, sino es tener un preferente que me guíe hace esa dirección?” Este fue el motivo por el cual escribí sobre este tema unos días atrás: La cuestión realmente no es si estudio porque es mi preferente. La cuestión pensar es para que realmente estudio. La pregunta va mucho más allá de un simple preferente o un simple valor (αξία). ¿Es por reputación en la familia? ¿Es por dinero o prestigio? (los médicos ganan más que los pizzeros) ¿Es por autorealización? (otro indiferente desde la postura estoica, “¿quieres aquello por lo que algunos se esforzaron y tu no?” (Disertaciones de Epicteto, Libro 4.6). ¿Por qué andas esforzándote en algo más allá de cosechar la verdadera Virtud?.

Evidentemente toda una vida guiados por un sistema de motivación común orientado al individualismo y competición entre seres humanos y enfocado a los objetivos, no es fácil de abortar y retirar de nuestro ser consciente. Es por ello que la práctica estoica es fundamental para conseguir este fin, si verdaderamente creemos en su esencia.

¿Y si por el contrario, asumimos, que es por qué, según tu conocimiento (epistḗmē), pensamos que así ayudaremos a otros de forma directa o indirecta? ¿No estamos hechos para ayudarnos los unos a lo otros, como los dientes, las manos, los párpados, los ojos? (Marco Aurelio, Meditaciones, Libro 2.1). Entonces a la pegunta: ¿Por que estudiar entonces? No forma acaso esto parte de un plan mayor  de nuestro Logos con objeto de adecuarnos a algo que transciende a nosotros (aunque sea una transcendencia inmanente, valga el oxímoron), como es el Logos Universal?

Esto es la filosofía estoica en resumen. Por eso, no tiene sentido plantear los indiferentes como algo tan trivial. La pregunta motivacional va muchísimo más allá que una cuestión de preferencia o rechazo. De hecho pienso que esta perspectiva de las preferencias/valores morales (αξίας) pudo ser un sistema Heurístico, para determinar precisamente esta vida de acorde a las circunstancias. O dicho de otro modo: Para no tener que estar pensando cada mañana el “para que” más profundo de cada una de las acciones y poder resumirlo en: “Porque es la acción conveniente o preferente”. (de ahí el concepto de katorthoma/kathekon).

Y de ahí, ¿es posible que naciera en el estoicismo, todo el torrente del “Deber republicano” de Platón y Aristóteles, del “finibus bonorum et malorum” como un ciclón en una postura ecléctica de Crisipo a Panecio, y todo se revertió, bastante, bajo mi perspectiva en un estoicismo frágil y con cientos de necesidades ocultas?. De todas formas, y como siempre, sigo abierto a nuevas críticas al respecto; pero reconozco, que como de momento, no observo grandes alternativas al respecto, cada día me reafirmo más en esta postura.

Lo que aquel hizo por desenfreno, hagámoslo por razón, y cuando vayamos a acostarnos digamos alegremente: «He vivido. Recorrí la carrera que me deparó la fortuna». Si Dios da el día siguiente, recibámosle con alegría; aquel es feliz y sabe gozar de la vida, que espera el mañana sin inquietud. El que dice he vivido, diariamente gana. – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.12.9

Siguiendo en la línea de la vejez hasta la muerte, en este apartado, Séneca trata una pequeña historia sobre Pacuvio, el cual, en fase de embriagadez, eventualmente se hacía inhumar mientras que un grupo de personas cantaban βεβίωται βεβίωται (la vida ya acabó, la vida ya acabó). La idea que sugiere aquí parece de alguna forma, un recordatorio de impermanencia, constante, que la vida ya acabó en este preciso momento, y como repetidas veces insta Marco Aurelio:

Podrás ciertamente ponerlo en calma si hicieres cada acción en particular, como si ella fuere la última de tu vida; libre de toda temeridad, libre de todo afecto contrario a los dictámenes de la razón, libre de ficción, de amor propio y de displicencia en las disposiciones del hado. -Marco Aurelio, Meditaciones, Libro 2.5

En la línea de hacerlo todo como si fuera la última acción en nuestra vida, por tanto, hacerlo siempre lo mejor que nos sea posible.

«Malo es vivir en necesidad; pero no existe necesidad alguna de vivir en necesidad.» ¿Por qué no existe? Porque por todas partes se abren caminos cortos y fáciles a la libertad. . – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.12.10

Aquí termina la epístola, como siempre, cambiando un poco la temática, a través de una cita de un autor (de nuevo Epicuro de Samos, en este caso). Me gusta observar como en el fondo y pese a lo contrarios que se vieron muchos Estoicos a ello, los preceptos del Epicureanismo tenían gran semejanza en mucha medida con los de esta filosofía. Precisamente Lucilio, que “recrimina” a Séneca por usar frecuentemente a Epicuro:

Objetarás: Epicuro ha dicho eso: ¿por qué tomas lo que es de otro? —Tengo derecho a todas las verdades y continuaré citándote a Epicuro, para que aquellos que tienen en cuenta, no lo que se ha dicho, sino quien lo ha dicho, sepan que lo bueno es común. . – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.12.11

De hecho, es que una gran cuestión, era porque, una gran parte de las filosofías, encontraron una razón de ser común (la necesidad de ascetismo eventual y en menor o mayor medida, por ejemplo) como fue el caso precisamente del Epicureanismo, del Cinismo y el Eleatismo (junto a los Megáricos); y por último de una rama del Estoicismo, como aquí venimos observando. Séneca, Epicteto, Marco Aurelio nos repiten asíduamente, que más no es necesariamente mejor. Pero igualmente es curioso porque muchos de los introducidos a la filosofía, no desean distanciarse demasiado de cultura/filosofía común: Siguen aceptado el término medio de las emociones como medida justa, el “Camino Medio” como no extremismos (aun en lo que se refiere a Virtud y Vicio, como extremos claros), e incluso identifican la Virtud precisamente en el camino medio (cuando la Virtud estoica, exalta el uso de la Razón extremadamente por encima de cualquier ápice de otra voluntad, impulso o emoción). Aunque el estoicismo alaba en gran medida los extremos, parece que, por poner un ejemplo, una de las (erráticas) enseñanzas que a veces se extraen de la filosofía estoica es: “No hay que vivir con demasiado, ni con demasiado poco, es muy conveniente el minimalismo, vivir con lo básico imprescindible“: Gran error. No hay nada básico imprescindible en el estoicismo. Por ello, el minimalismo, como cualquier otra doctrina normativista, tanto es como no es, necesariamente compatible con el estoicismo.

Supongo que una de las respuestas a estas cuestiones, está en el hecho, que cada uno se encuentra en una parada del camino diferente. Y en base al camino andado y el punto de parada, la elección debe ser necesariamente diferente. Cabe reconocer por mi parte, que toda esta Epístola en general, me ha servido en gran medida para volver a hacer otro análisis apologético sobre la naturaleza de la indiferencia moral sobre un tema tan destacable como es el paso del tiempo, el deterioro y la vejez, como grandes símbolos de rechazo indiferente intrínsecos al toda entidad en el Universo.

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