Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes VI [DIA 127]

Epicteto. Disertaciones Con Arriano – Libro IV – Pasaje VI

—Entonces, ¿estás preparado para convencer al vulgo de que, en efecto, ninguna de esas cosas es un mal, sino que es posible ser feliz pobre, sin cargos y sin honores, o para mostrarte a ellos rico y poderoso? Porque, de esos dos caminos, el segundo es propio de un fanfarrón, insignificante y que no vale nada. Y su consecución mira por qué medios llegaría: tendrás que usar esclavos y conseguir algo de vajilla de plata y, si es posible, mostrar la misma muchas veces donde se vea y procurar que no se note que es la misma, y vestimentas radiantes y las demás pompas y hacerte ver honrado por los notables e intentar cenar con ellos o, por lo menos, que parezca que lo haces. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.6.4

Este pasaje trata aplicando un ejemplo muy especifico a un tema de mayor interés: La motivación intrínseca que ofrece el Estoicismo para la vida diaria. El tema gira entorno a un discípulo que consulta a Epicteto, sobre como hacer para que la gente no se compadezca de él.

Pero considerando que este aspecto es algo foráneo a esta persona (dado que en completa medida, la opinión de los demás no depende de uno mismo), Epicteto plantea esto desde dos perspectivas:

  1. El hecho de que si se compadecieran por no mostrarse poderoso, sino pobre y don nadie.
  2. El hecho de que no se compadecieran de esta persona, por mostrarse como una persona rica y poderosa

En el segundo de los casos, que es de lo que trata este primer fragmento, Epicteto sugiere aquellas actividades y necesidades que uno requiere para poder mostrarse ante los demás con este “estatus”. En definitiva, toda una reverencia ante los indiferentes. Evidentemente, siendo un discípulo de Epicteto, y a estas alturas, habiendo dejado todo esto atrás, no tendría ningun sentido “claudicar” ante semejantes indiferentes, cuando ya tenemos claro a estas alturas, que son algo que debe pertenecer al segundo plano de la existencia

El primero —y también el inútil y el largo— intentar aquello mismo que Zeus no pudo hacer: convencer a todos los hombres de cuáles son los bienes y los males. ¿Verdad que eso no te ha sido dado? Sólo te ha sido dado el convencerte a ti mismo. Y aún no te has convencido. Así que ¿cómo me intentas ahora convencer a los demás?. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.6.6

El primero, es justamente algo que pasa por la naturaleza pura de la dicotomía del control. En gran medida, la primera también pasa por ahí, pero parece que Epicteto ha querido separarlo en dos, para ilustrar de una tacada, dos elementos del estoicismo con una sola explicación:

¿No has oído sobre eso que uno es el camino que lleva a ello: dejar lo que no depende del albedrío apartarse de ello y reconocerlo como ajeno? ¿A qué clase pertenece el que otro suponga algo de ti? A la de lo que no depende del albedrío. Por tanto, ¿nada tiene que ver contigo? Nada. ¿Crees estar convencido sobre los bienes y los males cuando aún estás recomido y turbado por eso?. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.6.9-10

La naturaleza de los indiferentes morales, y la dicotomía del control, tal y como resumen en este fragmento.

¿Así que por eso te afliges? ¿Y no es el afligido digno de compasión? Sí. Entonces, ¡que van a estar compadeciéndote sin merecerlo! En las mismas cosas en las que padeces por la compasión te haces a ti mismo digno de ser compadecido. ¿Y qué dice Antístenes? ¿Nunca lo oíste? «Ciro, es de reyes hacer buenas obras y oír malas palabras». –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.6.19

Me gusta esta referencia que hace a Antístenes, uno de los primeros fundadores del Cinismo como ya vimos en su ocasión, en gran medida expresa la filosofía del estoicismo, vista desde una perspectiva Cínica-Estoica, o una perspectiva “Epictetiana”: Es necesario hacer buenas obras, es decir cumplir el rol de uno, pero al mismo tiempo ser capaz de oir malas palabras (pese a esas buenas obras hechas), o lo que es lo mismo, aceptación de lo que sea externo a nosotros, sea bueno o malo (o más bien indiferente, dado que no contamos con control alguno sobre ello).

¿Cómo voy a tener opiniones correctas cuando no me conformo con ser quien soy, sino que estoy ansioso por aparentar?. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.6.24

Esto en gran medida, suele ser uno de los grandes impedimentos para desarrollar la Virtud de manera adecuada. El ansia por aparentar, no dejará de ser un vicio ahí enraizado en nuestros corazones, del cual, hacer el esfuerzo de desechar puede ser una hazaña épica. Pero la opinión correcta (dicho de otro modo, el correcto asentimiento), depende de ir eliminando todo tipo de vicios, y como no, empezar por los más arraigados, como podría ser el que aquí expone Epicteto al caso

La Virtud y el Sentido de la Vida según Epicteto

¿Qué hay más razonable que el que aquellos que se han esforzado por algo tengan más de aquello por lo que se esforzaron? Se han esforzado por los cargos: tú, por las opiniones. Y por la riqueza: tú por el uso de las representaciones. Mira si tienen más que tú de aquello por lo que tú te has esforzado y que ellos han descuidado: si sus asentimientos son más acordes a las medidas naturales, si sus deseos son menos frustrados que los tuyos, si van a parar menos a los objetos de su rechazo; si alcanzan mejor sus fines en el intento, en el propósito, en el impulso; si preservan lo que les corresponde como hombres, como hijos, como padres, y así sucesivamente en los demás tipos de relaciones. Y si aquéllos desempeñan cargos, ¿no quieres decirte tú la verdad a ti mismo, que tú no haces nada por eso y ellos todo y que sería lo más irracional que quien se preocupa de algo se lleve menos que el que no se ocupa?

No, sino «Puesto que yo me preocupo de las opiniones correctas, lo más racional es que yo desempeñe cargos». De lo que te preocupas, de las opiniones. Pero en lo que otros se han preocupado más que tú, hazles sitio a ellos. Como si por tener opiniones correctas merecieras, al disparar con arco, dar en la diana más que los arqueros o, al trabajar los metales, más que los herreros. Deja, pues, tu afán por las opiniones y dedícate a lo que quieres conseguir y, entonces, llora si no avanzas. Porque es para llorar. Pero ahora dices que estás en unas cosas y que te ocupas de otras; y bien dice el vulgo sobre eso que «Tarea con tarea no van bien». El uno, desde que se levanta al alba, busca a quién saludar cuando salga de casa, a quién decirle una palabra amable, a quién enviar un regalo, cómo agradar al bailarín; cómo agradar a uno portándose mal con otro. Cuando reza, reza por eso. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.6.25-31

Y ya nos dirigimos al final de este pasaje, donde se condensan las enseñanzas, que bajo mi punto de vista, resultan ser las más interesantes del mismo. A golpe de martillo, creo que Epicteto dejará en estos últimos párrafos, de manera bastante clara, cual es el sentido de la vida según su perspectiva estoica.

Si consideramos al sentido de la vida, cuales la motivación que nos hace, levantarnos cada mañana, y tomar aquellas decisiones más correctas; así como poder ver y analizar, en que tipo de actividades ponemos un mayor foco, aquí Epicteto va enumerando una serie de claves:

Ellos se han esforzado por sus cargos

  • Tu lo has hecho por tus opiniones (recuerdo e insisto, opiniones significa correcto asentimiento), la Disciplina del Asentimiento o de la Virtud

Ellos se han esforzado por su riqueza

  • Tu lo has hecho por el correcto uso de las representaciones, la Disciplina del Deseo o del Vicio

«Puesto que yo me preocupo de las opiniones correctas, lo más racional es que yo desempeñe cargos». De lo que te preocupas, de las opiniones. Pero en lo que otros se han preocupado más que tú, hazles sitio a ellos.

Si una persona, se preocupa y se dedica en cuerpo y alma, por ascender en la empresa, tener un puesto mejor pagado, tener un mejor trabajo, ser más reconocido en su materia, ¿Como una persona, iniciada en el estoicismo, puede competir contra eso?. Epicteto sugiere: “Hazle sitio a ellos que se dedican a ello, que esa es su motivación”. Déjales que sean el jefe, el director, déjales que ganen más que tu. A ti lo único que ha de interesarte y motivarte, es tener un correcto uso de las representaciones. Es el único punto donde debes preocuparte si no avanzas, sino progresas. De hecho, me sorprende lo claro que deja esto Epicteto cuando dice:

Dedícate a lo que quieres conseguir y, entonces, llora si no avanzas.

Más claro, el agua: No se refiere a “llora si no eres capaz de conseguir ese puesto ansiado”. Se refiere a “llora, si no avanzas en el correcto uso de las representaciones, y el esfuerzo en mejorar tus opiniones”. Llora si no avanzas, en la disciplina del deseo y del asentimiento. En nada más.

Pero tú, si de verdad no te has preocupado de ninguna otra cosa sino de un uso como se debe de las representaciones, al punto de levantarse al alba, piensa: ¿Qué me falta para la impasibilidad? ¿Qué para la imperturbabilidad? ¿Quién soy? ¿Verdad que no soy cuerpo, hacienda, fama? Ninguna de esas cosas, sino ¿qué? Soy un ser racional. Entonces, ¿cuáles son las reclamaciones?». Repasa lo que has hecho: ¿Qué norma transgredí de las de la serenidad? ¿Qué hice de poco amistoso, o de insociable, o de ingrato? ¿Qué no llevé a cabo de lo necesario para eso?

Habiendo esa diferencia en lo que se desea, en las obras,  en las plegarias, ¿quieres aún tener lo mismo que aquéllos en lo que ellos se han esforzado y tú no? ¿Y luego te sorprendes de que te compadezcan y te enfadas? Ellos no se enfadan si tú los compadeces. ¿Por qué? Porque ellos están convencidos de que consiguen los bienes y tú no estás convencido. Por eso tú no te conformas con lo tuyo sino que ansías lo de ellos, mientras que ellos se conforman con lo suyo y no ansían lo tuyo. Puesto que, si de verdad estuvieras convencido de que eres tú quien alcanza los bienes, mientras que ellos se engañan, ni siquiera te vendría a la cabeza qué dicen sobre ti. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.6.25-31

Y finalmente entro en un pasaje, que tengo literalmente puesto por escrito, en la pared de mi habitación. Es posiblemente uno de los pasajes para mi más destacables y necesarios, de todas las Disertaciones de Epicteto. ¿El motivo?

Aquí resume el sentido de la vida según el Estoicismo: Cuando uno se levanta por la mañana ha de pensar lo siguiente enumeradamente:

  1. ¿Qué me falta para la impasibilidad?
  2. ¿Qué para la imperturbabilidad?
  3. ¿Quién soy? ¿Verdad que no soy cuerpo, hacienda, fama? Soy un ser racional
  4.  ¿Qué norma transgredí de las de la serenidad?
  5. ¿Qué hice de poco amistoso, o de insociable, o de ingrato?
  6. ¿Qué no llevé a cabo de lo necesario para eso?

Son 6 preguntas, que uno debe hacerse cada mañana. Esto es la meditación estoica, pero al mismo tiempo son el corpus o leitmotiv del estoicismo (al menos visto desde la perspectiva de Epicteto).

Creo que son 6 preguntas, que toda persona iniciada en el Estoicismo debería tener en un cartel puesto delante de su cama, y consistir las 6 preguntas básicas que toda persona deba hacerse al levantarse por la mañana y responder a lo largo del día (y hacer un breve repaso al final del día para ver el correcto desempeño)

Es en lo único que uno ha de esforzarse en progresar; y algo por lo que merece la pena llorar, como comentaba Epicteto en el anterior fragmento, si no se consigue un progreso diario.

En definitiva, son la esencia del estoicismo, repito, el sentido de la vida, el Prokopton, el vivir de acorde a la Naturaleza, el camino hacia la Virtud, y en consecuencia, la ruta hacia la Eudaimonia.

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