Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes I Parte 1 [DIA 114]

Epicteto. Disertaciones Con Arriano – Libro IV – Pasaje I

Libre es el que vive como quiere, al que no se puede forzar ni poner impedimentos ni violentar, sin obstáculos en sus impulsos ni fallos en sus deseos ni tropiezos en sus rechazos. Entonces, ¿quién quiere vivir en el error? Nadie. ¿Quién quiere vivir engañado, dejándose arrastrar, siendo injusto, incontinente, quejumbroso, vil? Nadie. Por tanto, ningún malvado vive como quiere. Ni tampoco, por consiguiente, es libre. Pero, ¿quién quiere vivir entristecido, temeroso, envidioso, compadeciendo, deseando y fallando en el deseo, rechazando y yendo a caer en ello? Ni uno. ¿Tenemos algún malvado sin tristezas, sin temores, libre de eventualidades, libre de frustraciones? Ninguno. Por tanto, tampoco tenemos a ninguno libre. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.1.1-5

Entrando en el último tomo de las Disertaciones (de entre los 4 tomos que disponemos, porque al parecer existe un quinto libro perdido al que hace mención Aulo Gelio como vimos tiempo atrás), este pasaje es el más largo de todas las disertaciones, con casi 200 fragmentos, por eso he decidido dividirlo en varias partes, y así poder aligerar un poco la carga de escritura y centrarme más dado lo significativo e interesante que me resulta este pasaje por su temática

En concreto trata sobre el concepto de la libertad exclusivamente, un tema que no está detallado en el estoicismo en general, pero si  resulta un tema de especial interés para un Epicteto; que como vengo sugiriendo algunos días atrás, parece haberse inclinado de manera relativamente ecléctica hacia un estoicismo con unos toques cínicos, en los que justamente este tema de la libertad (eleutheria) como así se titula en el pasaje, es crucial, ya que en esencia simboliza la esencia de la Virtud Cínica como comente en su momento.

Mira cómo nos servimos del concepto de libertad en el caso de los animales. Crían leones domesticados los alimentan y algunos los llevan consigo. ¿Y quién dirá de ese león que es libre? ¿No será que cuanto mácómodamente viva, más esclavizado?. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.1.24

Aunque no sea una regla de oro, Epicteto siempre sugiere que cuanto más cómodo uno viva, más esclavizado se está. El nivel de comodidad (confort) es directamente proporcional con el nivel de esclavitud. En cierto grado esto se relaciona bastante con el concepto de vivir en la «zona de confort». En definitiva esta zona es la que nos «atrapa» en gran medida y de la que hay que estar constantemente en «acción» para de manera preventiva expandir nuestro «umbral del dolor». En esencia ese umbral del dolor psicológico, tiene mucho que ver con dos aspectos: El más evidente, el del incorrecto asentimiento, más desde una perspectiva cognitiva.

Y el menos evidente, y paradójico, el del deseo, mucho más conductual, y ambos asociados a respectivas disciplinas del asentimiento y deseo.  Pero incluso el asentimiento, se elabora desde una perspectiva conductual, ya que en gran medida se ejecuta a través de la acción y del ejercicio voluntario: Realizando esas actividades cotidianas a lo largo del día, y al mismo tiempo, monitorizando los juicios, las razones y las decisiones que tomamos y al final del día, en la meditación estoica, razonando que se puede mejorar.

Ésa es la causa de todos los males para los hombres: el no ser capaces de aplicar las presunciones generales a lo particular. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.1.24

O dicho de otra forma: La constante necesidad de juzgar externamente y no pararse en lo que ya hay dentro de nuestro control: Nuestra capacidad de asentir. En definitiva el juicio sobre lo externo, decir que es algo malo o bueno siendo externo a nosotros. La moral externa, frente a la moral vacía que predica el estoicismo y tantísimas veces ya he repetido (y seguiré repitiendo, hasta ser capaz de digerirla plenamente, mínimo). Esto en gran medida es una de las principales fuentes de restricción del libre albedrío: la mala aplicación de la presunción general restringe nuestra capacidad de decision.

—Ven aquí en medio y dinos: ¿cuándo dormías menos inquieto, ahora o antes de ser amigo del César? Al punto oyes:
—Deja, por los dioses, de burlarte de mi suerte. No sabes lo que paso, desdichado de mí. Apenas ha venido el sueño cuando alguien viene a decirme: «Ya se ha despertado»; «ya sale». Y luego, las inquietudes, las preocupaciones. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.1.47

Aquí ocurre otra paradoja muy curiosa, que todos conocemos, pero que generalmente pocos desean aceptar del todo: Existen dos umbrales de «vicio» para todo indiferente que se pueda medir (dado que  todos los indiferentes se pueden medir según plantea la doctrina Estoica). Un umbral por lo bajo, y un umbral por lo alto. Ambos umbrales son complejos de localizar porque generalmente son valores subjetivos en función de cada persona particular (aunque para la persona en particular son objetivos).

Por poner un ejemplo: Ante el indiferente de la riqueza/pobreza, hablamos de un valor monetario como forma de medición. Pongamos para el ejemplo, unos ingresos mensuales en la familia. Si se vive por debajo de un umbral, supongamos, el salario mínimo por decir algo que todos conocemos (al margen de que para muchos este umbral por lo bajo no sea correcto, simplemente pongo esto a modo de ejemplo), entonces se vive en lo que consideramos «pobreza». Podríamos juzgar que se vive «mal» de manera incorrecta (porque al ser un indiferente no puede ser tratado como un mal propiamente). Lo más correcto sería decir que se vive de manera no preferida, o rechazada, pero moralmente indiferente. Cambiar esta situación para vivir «mejor» jamás debería ser un motivador en si, según el estoicismo:

«Quiero buscar un trabajo que me pague mejor para salir de la pobreza«, sería un mal asentimiento. Porque decir «para salir de la pobreza» es una motivación no virtuosa.

¿Por qué? Porque justamente tomar como motivación la fracción monetaria llevará en contrapartida con el tiempo al otro umbral: El umbral superior. Ahora ante la pregunta: ¿Cual sería el umbral superior? El umbral que atrae otro tipo de esclavitud. En este caso Epicteto pone el ejemplo de vivir «atado» al Cesar. En la antigüedad, sería el equivalente a «ser amigo del Presidente». Si «gozamos» del favor del Presidente de la compañía, del gobierno, del club de ocio, etc…, quizá gocemos de muchos privilegios: Acceso a sitios especiales, mayores retribuciones económicas, etc… Pero a la vez, para preservar este «estatus» perdemos una serie de «libertades»: No podemos expresarnos públicamente de acorde a nuestro «albedrío», no podemos hacer determinadas acciones que popularmente podrían considerarse inadecuadas, en definitiva, todo aquello que se veía dentro del concepto de Desvergüenza Cínica, y que en gran medida, es lo que aportaba el máximo grado de libertad al hombre. No es tanto poder hacer lo que uno quiera, sino deber hacer lo que uno ha de hacer conforme a su albedrío (virtuoso).

¿Pero acaso el estoicismo concuerda con una filosofía basada en la libertad integral? Hay que recordar que Epicteto, trata el Cinismo, como un Rol. Un rol muy especial porque es un rol «divino» como comentaba unos pasajes atrás. No necesariamente se requiere de máxima libertad, si nuestro rol no así lo exige. Pero según Epicteto si se requiere libertad de albedrío. De no tomar decisiones en base a lo que nos exijan terceras personas. Si estamos encarcelados y nos obligan a bailar o nos matarán, y nuestro albedrío se inclina a no bailar, no debemos hacerlo. Está claro que estaremos atentando contra nuestra supervivencia, pero ya sabemos que para el ser estoico, la muerte es un indiferente moral, es irrelevante siempre y cuando el albedrío está por encima de ella. Para Epicteto (y para estoico que se precie), es fundamental, conservar por encima de todo, el libre albedrío interior. Hacer lo que decidamos hacer y no hacer lo que no decidamos hacer, conociendo las restricciones que nos atañen.

Por tanto y un poco en conclusión de este fragmento, el umbral superior en contrapartida al inferior, es el umbral de las restricciones. Y por ende se establece como igualmente rechazado como el inferior. Los estoicos más «matemáticos» desean calcular esto con muchos matices para así dar con una formula perfecta para hallar estos umbrales. Algunos dicen que este umbral está por encima de 3 veces el salario mínimo. Como dije, esto es objetivo para cada persona pero es subjetivo para el mundo en general. Es importante conocer estos límites. Bajo mi punto de vista es fácil de calcular: Cuando aquello que hagamos nos impida priorizar en la ejecución de las tres disciplinas el suficiente tiempo. Si requerimos unas 3 horas al día y nuestros quehaceres y trabajo diario nos impiden ejecutar esas 3 horas, entonces debemos recortar por algun lado, y nunca recortar por el tiempo que se requiere para ejecutar las disciplinas (especialmente la del deseo, que es la que generalmente se suele dar de lado por su extensiva dificultad).

Y también se puede conocer este umbral, cuando veamos que algo no podemos hacer (y queramos hacer) porque esto nos afectaría internamente. Si por ejemplo, para ganar más dinero debemos ser forzosamente más desleales, entonces ya hemos alcanzado ese umbral (o al menos ese umbral por ese camino en cuestión). Si por ejemplo, nos dicen en la empresa que nos ascienden pero dicho ascenso supone ocultar información, y dentro de nuestro razonamiento ocultar información no es adecuado; entonces dicho ascenso no es para nosotros, al margen de que esto conlleve mucho más dinero para nuestras arcas. Para Epicteto, priorizar el albedrío a cualquier otro indiferente en el mundo es lo exclusivamente fundamental.

En los próximos días seguiré introduciéndome y deteniéndome con un poco más detalle de lo normal, en este pasaje, dado que supone quizá uno de los últimos golpes de efecto dentro de las Disertaciones transmitiendo esa filosofía Estoica tan particular de Epicteto, que tan estrechamente se relaciona al Cinismo y a las virtudes que la rodean.

Nota al Pie: Meditación y Experiencias de la semana

Como puede verse, han seguido pasando varios días (desde hace 11 días que no escribía), tal y como me ocurrió justo anteriormente. Como comenté ya hace algunas semanas atrás, no iba a volver a escribir sino ejecutaba todas las otras prácticas con prioridad y suficiente intensidad. Y es evidente que no las estoy ejecutando.

Ahora, tal y como predije, me empiezo a encontrar en un punto de inflexión: Aunque si es cierto, que todas las enseñanzas Estoicas, resuenan en mi interior, no resuenan lo suficiente como para que sean un motor para un cambio de vida. Me parece un trabajo altamente costoso y arduo, y sobre todo, como comentaba en las lineas anteriores, la Disciplina del Deseo se me esta haciendo un mundo cuesta arriba. Han aflorado en mi ciertas «restricciones» (esclavitudes) pasadas por diversos motivos muy variados, y el trabajo en el que estoy intentando enfocar ahora mismo, es justamente en superar esa zona de confort en la que me encuentro sumido en la actualidad, sin mucho éxito.

Tengo un gran cantidad de cosas por hacer, y solo tengo muchas excusas para no hacerlas. Cuando hablo de cosas por hacer, hablo en relación a la práctica estoica: Una renuncia voluntaria mucho más intensa, y entender aquello que esta privándome de libertad en grandísima medida, para actuar en consecuencia. Está claro que la práctica básica diaria estoica, no está mal, pero me da la sensación que sigue faltando algo en la ecuación. Quizá esa sensación de que «falta algo», me viene ocurriendo desde mucho tiempo atrás. Ahora me planteo, si quizá esa sensación sea el error en si. Cuando inicio una nueva renuncia voluntaria intensa, apenas soy capaz de sostenerla durante dos o tres días seguidos. Y cuando paralizo la renuncia, se forma una reacción en cadena: No solo dejo de hacer la renuncia, sino que a su vez, me desmotivo y dejo de hacer las largas sesiones de mindfulness, las visualizaciones negativas, y por consecuencia, dejo de escribir aquí tal y como me prometí a mi mismo.

¿La solución? Esta claro que es una cuestión exclusivamente de albedrío. Una falta de albedrío que se inicia desde primera hora de la mañana: Desde el momento del despertar y elegir entre dormir una hora más o menos e ir posponiendo a lo largo del día los quehaceres «estoicos», anteponiendo los quehaceres diarios. Esto es lo menor de todos los males (falta de albedrío). Generalmente moverme guiado por las decisiones del subconsciente en vez de las decisiones conscientes:

Dejar de hacer algo porque el subconsciente me dicta: «No hagas esto que te puede hacer sentir mal», independientemente de que conscientemente sepa que es la acción adecuada. ¿Y como es posible que algo adecuado pueda hacernos sentir mal, si teóricamente, lo adecuado nos dirige a la Eudaimonia o paz mental? Justamente por el efecto de una maestría «práctica» poco elaborada: Mientras que no alineemos un correcto asentimiento, con una verdadera creencia de que lo que esta fuera de nuestro interior esta fuera de nuestro control, existirá una divergencia interna que nos asaltará la duda, la incongruente incertidumbre y en consecuencia el malestar emocional.

Una pescadilla que se muerde la cola, infinita. Y este es uno de los motivos de porque, la Física Estoica, la aceptación del determinismo, y de entender que las cosas que ocurren en nuestro exterior no podían ocurrir de otra forma, y más importante todavía: el porque aquello que ocurrió o que ocurrirá no podría ocurrir de otra manera, es lo que a medio-largo plazo, pienso que haría asentar las bases psicológicas del estoicismo. En cierto grado, una forma de pensar, o un sistema de creencias más transcendental.

Al margen de esto, llevo ya unos días queriendo hacer un resumen de estado actual para poner las cosas en orden. Espero que de esta semana no pase. Seguiré trabajando un poco los Discursos de Epicteto, pero a estas alturas tengo que ya proponerme un enfoque más radical, o incluso, una retirada del escenario estoico. Con estas palabras, creo que ya queda bastante latente por mi parte, que no es tan fácil esto como preveía.

5 comentarios en “Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes I Parte 1 [DIA 114]

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  • el 16 mayo, 2017 a las 18:21
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    Una valiente observación, espero que constructiva. Ser estoico no es un deber, no se puede observar el mundo con estoicismo a la fuerza. Se es estóico por necesidad, por supervivencia, …de forma natural. Creo que pierdes el tiempo obligándome a ser estóico, mejor sumèrgete en la crisis de tu vida, sufre hasta perder el sentido de la vida….. Y entonces el conocimiento estóico será innato en ti, y lo simplificarás todo, y será fácil.
    Te leo siempre, y me siento muy identificada con tu inquietud.
    Un saludo

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    • el 17 mayo, 2017 a las 00:31
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      En cierto grado, yo empecé pensando en esa linea que tu comentas: sumergirse en la crisis hasta perder el sentido. Pero el planteamiento desde la perspectiva de Epicteto, es un enfoque gradual: Ir realizando exposiciones graduales a aquellos deseos a los que debemos renunciar a nivel de voluntad. Todavía no soy consciente acerca de los pros y contras de cada método. ¿Por qué Epicteto sugería hacerlo así, en vez de manera «implosiva» que comentas? Supongo que la vía implosiva es la vía mas simplificadora, y está claro que el camino más corto entre dos puntos, es la línea recta.

      Pero también de manera intuitiva, sería lógico penar que Epicteto divagara en su momento, sobre esto también. ¿Por que prefirió no elegir este camino directo de manera preferente y optó por recomendar el camino gradual? Esas razones son en gran medida, parte del estudio que ando indagando. Soy consciente que el camino gradual tiene muchas semillas de la excusa, quizá es por esto que solía verlo tan complejo. ¿Pero sería posible conciliar de alguna forma los dos caminos? ¿O es necesario forzosamente acabar tirando por el camino del medio?

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  • el 17 mayo, 2017 a las 01:46
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    Creo que gobernarse a sí mismo es una labor que dura toda la vida, pero me refería a lo fácil que resultan las cosas que se han comprendido. Yo personalmente, conocí a Epícteto gracias a una gran crisis existencial, y la necesidad de sobrevivir a esa crisis me llevó, de un modo natural, a la consciencia del poder de la voluntad. Creo que no habría asimilado algunos conceptos si no me hubiera encontrado en ese estado de «alerta». Como otra dimensión, las crisis conllevan un estado de fácil comprensión, de consciencia. Creo que en la comodidad, la consciencia queda adormecida. Y creo que quizá por eso, no te sientes motivado ultimamente, y te resulta pesada la actitud estóica. En la adversidad te resultaría gratificante y liberadora.

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