Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes IV [DIA 125]

Epicteto. Disertaciones Con Arriano – Libro IV – Pasaje IV

Recuerda que no sólo el ansia de poder y riqueza nos hace viles y subordinados a otras cosas, sino también el ansia de calma y ocio y viajes y letras. Sencillamente, sea lo que sea lo exterior, su aprecio nos subordina a otra cosa. ¿Qué diferencia hay entre desear ser senador y desear no serlo? ¿En qué difiere desear cargos o ausencia de cargos? ¿Qué diferencia hay entre decir «me va mal, no tengo qué hacer, sino que estoy atado a los libros como un muerto» y decir «me va mal, no tengo tiempo de leer»?. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.4.4

Por primera vez desde que inicié con la revisión de las Disertaciones, se puede observar  en un pasaje de Epicteto, como se trata la cuestión de los roles desde una perspectiva completamente diferente a la que nos venimos sintiendo acostumbrados. Y par mi personalmente me resulta especialmente interesante, ya que “casualmente” se alinea bastante, y bajo mi propia perspectiva da respuesta a todas esas contradicciones estoicas de las que he estado hablando con tanta intensidad en los últimos días.

La cuestión es que para Epicteto, uno no elige lo que quiere ser en la vida, sino que le viene asignado por “decisión Divina” (una cuestión de Providencia principalmente, de la que Epicteto es evidentemente, es un creyente aférrimo). Por ende el planteamiento de los roles giran fuertemente entorno a la relación entre ellos y el deseo (o más bien la concepción del rechazo que Epicteto sugiere regularmente).

Para Epicteto, uno no estudia el grado universitario de Economía y Finanzas, para convertirse en un gran Economista. Uno lo ha de estudiar por la simple cuestión que es el rol de estudiante que le toca vivir en esos momentos. Automáticamente debe surgir la pregunta: ¿Por qué elegí entonces Economía y no Filología Árabe? Esto contradice claramente las leyes básicas de la “preferencia vital”: “Yo tengo preferencia por los números que por las letras, porque se me dan mejor”. Este argumento es completamente indiferente desde la perspectiva “Epictetiana”: Solo el ansia del deseo nos hace viles y subordinados. Ese ansia, en resumen es el Vicio. Y todo el trabajo enfocado a dirigirse en contra de este mal (porque efectivamente este es el Mal Supremo y es algo a lo que si deberíamos dirigir nuestra moral), es lo que se consideraría parte de la Disciplina del Vicio o del Deseo.

Pero seguramente en este punto cualquiera que lea estas lineas podría estar pensando, que entonces, deberíamos ser empujados como una pelota a merced del destino: Que sin ese “deseo” que muchas veces se traduce como “sueño”, no tendríamos un “leitmotiv” que nos permita avanzar. Según plantearon varios filósofos e incluso terapeutas, a ese leitmotiv también podría llamársele, conjunto de valores (αξίας), sentido de la vida como propuso el Platonismo o el Aristotelísmo, o como propugnaba Viktor Frankl: la voluntad del sentido. ¿Como enfoca Epicteto esta necesidad de encontrar un sentido que nos mueva? Sigamos con el siguiente pasaje:

Si leyéramos con ese fin el Sobre el impulso, no para ver qué dice sobre el impulso, sino para experimentar impulsos no frustrados; el Sobre el deseo y el rechazo para no fracasar nunca en el deseo ni ir a parar al objeto de rechazo; el Sobre el deber para, teniendo presentes las relaciones, no hacer nada de modo irracional ni contrario a ellas; entonces no nos enfadaríamos al vernos obstaculizados para la lectura, sino que nos contentaríamos con presentar las obras correspondientes y no tendríamos en cuenta eso que estamos hasta ahora acostumbrados a tener en cuenta: «Hoy leí tantas líneas y escribí tantas otras», sino «Hoy me serví del impulso como mandan los filósofos, no me serví del deseo; del rechazo, sólo para lo que depende del albedrío; hoy no perdí la calma ante Fulano; no me confundió Mengano; ejercité la paciencia, la abstinencia, la cooperación». Y así estaríamos agradeciendo a la divinidad lo que hay que agradecerle. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.4.16-18

En primer lugar, inicia el debate, planteando una crítica a la lectura frente a la actividad práctica. No hace falta remontarse a los 2.000 años atrás en los que vivieron estos filósofos, para darse cuenta que esto se ha mantenido como una constante. Sin ir más lejos esta misma página de Estoi.co es un claro ejemplo de la crítica de Epicteto: Escribir, leer, entender, hacer silogismos, filosofar, pero si lo comparamos proporcionalmente a la práctica, todo se encuentra totalmente desmedido. Para Epicteto esta claro que uno debe dedicar como el 90% del día a la práctica y un 10% a la escritura a la lectura. Y esto siendo generoso con la segunda parte. Porque ni Musonio ni Epicteto escribieron una sola linea: Todo puede leerse a través de los textos de Estobeo y Arriano respectivamente.

A uno le asusta el no desempeñar magistratura; a ti, el desempeñarla. De ningún modo, hombre. Sino que igual que te burlas del que teme no desempeñarla, búrlate también de ti mismo. Porque no hay ninguna diferencia entre tener sed como quien tiene fiebre y ser hidrófobo como el rabioso. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.4.19-20

La cuestión, aquí no es tanto sobre que es lo más correcto o lo más bueno. Porque bajo mi punto de vista, para Epicteto no existe el “bien común” del que tanto se habla (y que generalmente suele ser uno de los sentidos de la vida para la mayoría). Como ya en su día consulté en el grupo de Facebook, de si existía la posibilidad de vivir sin hacer nada en particular, pero trabajando férreamente las Disciplina del Deseo y del Asentimiento en el día a día; claramente según leo en este fragmento Epicteto demuestra que es completamente viable: “Sino que igual que te burlas del que teme no desempeñarla, búrlate también de ti mismo

Para Epicteto, el Deber Moral no existe. Si bien el sustituto que más se parece es el rol, esto no es algo elegido, sino algo “predestinado” de alguna forma, como decía anteriormente. Pero creo que aun queda resolver esa inconveniencia para muchos de no querer dejarse llevar viviendo guiados por la corriente, sino por su propio ajuste de objetivos.

«Si así agrada a la divinidad, así sea»? ¿Te parece que si Sócrates hubiera deseado andar ocioso en el Liceo y la Academia y charlar a diario con los jóvenes, habría participado de buen grado en campaña tantas veces como participó? ¿No se habría lamentado y habría gemido: «Desdichado de mí, aquí estoy sin suerte, desgraciado, pudiendo tomar el sol en el Liceo»? ¿Era ésa tu tarea, tomar el sol? ¿No lo era el vivir plácidamente, el carecer de impedimentos, de trabas? ¿Y cómo seguiría siendo Sócrates si se lamentara por eso? ¿Cómo habría aún escrito peanes en la cárcel?
Sencillamente, acuérdate de que si estimas cualquier cosa fuera de tu propio albedrío, has echado a perder el albedrío. Fuera están no sólo el desempeñar cargos, sino también el no desempeñarlos; no sólo la ocupación, sino también el ocio. «¿Y ahora he de desenvolverme en semejante barullo?» ¿A qué llamas «barullo»? ¿Entre muchos hombres? ¿Y qué dificultad hay? Piensa que estás en Olimpia, considéralo una fiesta. También allí cada uno grita una cosa, cada uno hace una cosa, uno empuja a otro. También hay mucha gente en los baños. ¿Y quién de nosotros no se lo pasa bien con esa fiesta ni se marcha de ella apenado?. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.4.21-24

Y con esto sentencia esta pregunta que comentaba anteriormente: ¿Cual es el sentido de la vida? Vivir Virtuosamente. Por ello, la pregunta que se hacía Sócrates, y que se hace Epicteto durante todos sus discursos es una constante: “Antes de tomar esta decisión, por ejemplo si elegir entre ir a un sitio concurrido o tumbarme al sol y relajarme, ¿cual es la decisión más virtuosa?

Ese es el “modus operandi”, esa es la constante, ese es el leitmotiv que antes comentaba. Pero: ¿Que significa tomar la decisión más virtuosa?

Ahí es donde yo claramente he insistido con más ímpetu, con objeto de despejar esta duda con respecto a la solución que proponen la mayoría de los “eruditos” del estoicismo.

A la mayoría de la gente inmersa en el estoicismo (o en la filosofía helenística en general), cuando piensa en “tomar una decisión virtuosa” le surgen las siguientes preguntas:

  • ¿Es una decisión prudente?
  • ¿Es una decisión valiente?
  • ¿Es una decisión moderada?
  • ¿Es una decisión justa?

En resumen, enfocan esa decisión virtuosa haciendo una consulta introspectiva dirigida a la clásicas virtudes cardinales. Ni para Aristón ni para Epicteto, como ya comente varias veces, las virtudes cardinales debían considerarse en su filosofía como parte del entendimiento de la misma, porque generaban mucha confusión cuando uno se ponía a escarbar profundamente en ellas. El principal problema de las virtudes cardinales, como ya insistí decenas de veces, es que estan sujetas a interpretación. Y como se suele decir, por esta causa puede provocar un efecto: La parálisis por el análisis. O un paradigma que se estudia en psicoterapia también conocido como el Bloqueo psicológico en la toma de decisiones.

Los eruditos que no sufren ninguna dificultad psicológica de estas características, pueden fundirse alegremente en una verborrea dialéctica y hablar de miles de cuestiones que para ellos podrían resultar fáciles de digerir porque no sufren de ningun problema psicológico o trastorno en particular que les impida esta digestión. Pero si cualquier persona con voluntad de profundizar en la psique humana, y adentrarse en la complejidad de ciertos trastornos, podría darse cuenta a simple vista, que esta cuestión no es baladí para muchas personas.

Por ende, ¿Como simplificar la basura dialéctica que proponen la ideas como las Virtudes Cardinales y otro tipo de contradicciones en un “pan sin gluten verborreico” apto para cualquier persona, incluyendo a los “celíacos mentales”?

O lo que es lo mismo, ¿Cómo responder a la pregunta: Que significa tomar la decisión más virtuosa, de manera fácilmente entendible para cualquiera?

Epicteto tiene la respuesta: Aplicando la Disciplina del Deseo y del Asentimiento: Gestión de deseos y de rechazos (Deseo), de Impulsos y Juicios (Asentimiento). Eso es todo.

Y lo resume en la primera frase del Enquiridión:

“De lo existente, unas cosas depende de nosotros; otras no depende de nosotros. De nosotros depende el juicio, el impulso, el deseo, el rechazo, y, en una palabra, cuanto es asunto nuestro” – Epicteto, Enquiridión, Capítulo 1.

Que sencillo es todo cuando uno aplica de manera práctica esta primera frase que uno lee, cuando se inicia en el estoicismo. ¿De verdad merecía la pena escribir un total 125 artículos hasta la fecha, para llegar a esta conclusión? Es curioso porque todo este tiempo después, llevo a la misma conclusión que llegue el primer día.

Pero ahora vamos a enfocarlo desde otra perspectiva: Como comenta Epicteto en este fragmento, ya no es tanto una cuestión de desechar el deseo, sino también de aceptar el rechazo. Es una cuestión de obviar los juicios y los impulsos. Que en definitiva, dicho de otra manera, es dar prioridad al asentimiento. Dar prioridad a la Razón, a la Virtud. Así de simple.

NOTA: Aprovecho para comentar que posiblemente en los próximos días haga ya recapitulación de la práctica estoica, como hice en días anteriores, con objeto de retomar una nueva perspectiva basándome en estos nuevos parámetros.

Tú recuerda sólo los universales: ¿Qué es mío, qué no es mío? ¿Qué me ha sido dado? ¿Qué quiere la divinidad que haga yo ahora, qué no quiere? Hace un poco de tiempo quería que tú dispusieras de ocio, hablaras contigo mismo, que escribieras, leyeras, escucharas y te prepararas sobre esto; tuviste tiempo bastante para ello. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.4.29-30

Por tanto, ¿como movernos en la vida? ¿Hacia que dirección?

El primer paso consiste en aceptar, que la vida misma nos dispone un camino de manera automática. Como dice Epicteto, la divinidad nos dice que quiere que hagamos en cada momento. Nos dispone una tarea. Una tarea tan simple como habernos dado tiempo para leer todo esto, y para escuchar a Epicteto y otros filósofos para entender la filosofía. En cierto grado, la divinidad ya nos ha pretendido todo lo que hemos hecho hasta la fecha. Y ahora toca seguir moviéndose, guiados por la Virtud y gestionando el Vicio, las dos disciplinas fundamentales

Para poner un ejemplo: El otro día en un foro de estoicismo, leía que una persona comentaba que tenía intención de irse a vivir retirado en el campo en una comunidad más pequeña, porque le molestaba tener que estar lidiando con las masas en la ciudad, y con la multitud de personas que le resultaban poco relevantes e incluso insolentes a su alrededor. Y preguntaba que como debía enfocarse esto desde una perpectiva estoica.

Desde luego yo personalmente no podría responderle desde una perspectiva estoica estrictamente, dado que como vengo comentando, en la actualidad me encuentro completamente desalineado del concepto “estoico” en su posición más ortodoxa (es decir, la propuesta original de Zenón, Cleantes, Crisipo, Panecio…). Pero desde una perspectiva “Epictetiana”, esta claro que el sentido de esa decisión era solo uno: Permitirse a uno mantenerse en esa situación tan desagradable, porque simboliza una oportunidad única y divina de trabajar la Virtud y la gestión del Vicio: Millones de juicios constantes que debían ser disciplinados a traves del correcto asentimiento, exposición al barullo para la aceptación de que en si es una condición perfecta para la vida virtuosa, y la excelente oportunidad de tratar con insolentes, para aprender la importancia de gestionar el rechazo y aceptar cada circunstancia como parte de un regalo divino. ¿Que más se puede pedir de una situación tan provechosa, como mantenerse es esa posición tan indeleble? ¿Huir de ella e irse al campo, a una vida de Vicio, y sin oportunidades de desarrollar nuestro Prokopton, o camino hacia la Virtud?

Como decía el Himno a Zeus de Cleantes:

ἄγου δέ μ’ ὦ Ζεῦ καὶ σύ γ‘ ἡ πεπρωμένη

Condúceme Zeus hacia tu Destino.

Y esto nos lleva en definitiva a como lidiar con cada uno de los aspectos que se nos presentan, como el que he puesto en el ejemplo anterior

Entonces laméntate y gime como te mereces. ¿Qué castigo para el ignorante y desobediente a los divinos mandatos mayor que el de entristecerse, el de padecer, el de envidiar; sencillamente, el de ser desventurado y desdichado? ¿No quieres librarte de esto?
—¿Y cómo me libraré?
¿No has oído muchas veces que el deseo has de arrancarlo por completo, el rechazo dirigirlo sólo a lo que depende del albedrío, que has de desprenderte de todo, del cuerpo, de la hacienda, de la fama, de los libros, del alboroto, de los cargos, de la ausencia de cargos? Pues te inclines a donde te inclines, te haces esclavo, te subordinas, te sometes a impedimentos, a coacciones, todo tú en manos de otros. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.4.32-34

¿Como puede llegar un deportista a los juegos Olímpicos de manera Virtuosa? Se puede llegar de manera Virtuosa y de manera Viciosa, el objetivo o fin no justifica los medios según la perspectiva Estoica “Epicteniana”. Lo importante no es tanto llegar, sino como resuena el camino con nuestra alma. Si el hecho de ejercitarse resulta una oportunidad diaria para ejercitarse en la Virtud: Eliminación del deseo, aceptación del rechazo, y oportunidad para trabajar y dejar a un lado esos juicios e impulsos contrarios a la razón, entonces uno podría llegar a los juegos olímpicos o a donde el Destino le permita. El mejor ejemplo es aquel que comentamos en el grupo de Facebook en su día:

deporte estoicismo virtud
Representación Estoica de la actividad en el deporte (Click en la imagen para ampliar)

Algunas conclusiones parciales sobre la Filosofía Estoica de Epicteto

En resumen, no hay que inclinarse hacia ninguna parte en particular. Esto en definitiva rompe transversalmente con ese concepto de los “objetivos” y los “sueños” que muchos pretenden otorgar al estoicismo de sentido, pero que no tiene. En el momento que nos inclinamos hacia algo (es decir, cuando soñamos con alcanzar algo) automáticamente nos subordinamos y nos hacemos esclavos de esa inclinación: Pues te inclines a donde te inclines, te haces esclavo, te subordinas, te sometes a impedimentos, a coacciones, todo tú en manos de otros

En este punto, es posible que te estes planteando: ¡¿Cómo es posible que los estoicos piensen con este extremo grado de más absoluto conformismo?! ¡Así no piensan, todo esto es una falacia , estas claramente malinterpretando la filosofía!

Mi respuesta es que es posible que me este equivocando, pero de momento me voy remitiendo a mi interpretación de los textos, aun teniendo presente que puede ser errática.

Nunca hagáis alabanzas ni reproches por lo que puede ser bueno o malo, sino por las opiniones. Esto es lo particular de cada uno, lo que hace las acciones feas o hermosas. Acordándote de eso alégrate con lo presente y ama aquello de lo que es momento. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.4.44

La idea es muy simple: Todo es bueno o malo según la opinión que tengamos acerca de ello:

¿Es malo ser camarero en una cadena de hamburgueserías, en vez de haber elegido desarrollar nuestras capacidades de matemáticos sobresalientes en una institución de ayuda al progreso humano, cuando tuvimos la oportunidad incluso, de elegir lo segundo?.

Es posible que sea malo, según el concepto del Deber, o del Bien Común: pero no desde la perspectiva de Epicteto. Si elegimos ser camarero, es que lo mismo queríamos liberarnos del Deseo del sueño irracional de ser algo grande en el campo de las matemáticas. Del rechazo ante un trabajo con un alto componente de desprecio inculcado en nuestras mentes, y que para muchos simboliza tener que estar lidiando con acto de injusticia no divina, es decir, con malos tratos laborales. Del juicio y del impulso de pensar que el simple hecho de cumplir los designios del Destino, podría en realidad, ser algo malo.

¿Quiere decir esto que el Estoicismo te obliga a cavar tu propia tumba personal? ¿De ser una persona mediocre? ¿Una persona que no persigue sus sueños? ¿Que no alcanza lo máximo que puede conseguir en su vida?

Lo máximo que uno puede conseguir en su vida, es haber descartado el 100% de deseos, haber gestionado el 100% de sus rechazos, y el actuar siempre conforme a la recta razón, libre de impulsos y de juicios. ¿Responde esto a la pregunta? Es un enfoque completamente diferente al que estamos acostumbrados. Ahora yo mismo me hago esta pregunta: ¿De verdad quieres plantearte seguir la doctrina “Epictetiana“?

En caso afirmativo, me respondo:

Coge todo lo que has aprendido hasta la fecha sobre el esfuerzo y la auto-superación en términos de carrera profesional, de relaciones humanas y del bien común, hazlo una pelota y tíralo a la papelera más cercana.

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