Epicteto. Disertaciones. Libro III. Pasajes XXV-XXVI [DIA 113]

Epicteto. Disertaciones Con Arriano – Libro III – Pasaje XXV

«Me vence la imagen de un hermoso muchacho. ¿Y qué? ¿No me venció hace poco? Me entran ganas de criticar a alguien. ¿No critiqué hace poco?» Nos hablas como si hubieras salido impune, como si uno le contestara al médico cuando le prohíbe bañarse: «¿Es que no me bañé hace poco?» Si el médico pudiera responderle diría: «Ea, ¿y qué te pasó al bañarte? ¿No tedio fiebre? ¿No tuviste dolor de cabeza?». Y tú, al criticar hace poco a alguien, ¿no actuaste como un malvado? ¿Ni como un charlatán? ¿No alimentaste tu hábito dándole como alimento sus propias obras? . – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.25.4-7

Siguiendo en la línea del último día, este pasaje me resulta muy interesante, puesto que hace un análisis breve, de justamente un tema que me venía resintiendo en los últimos días: La dificultad de mantenerse a algo cuando la adversidad es grande y los resultados son pequeños. Epicteto hace constantemente referencia a la necesidad de generar un hábito como podemos leer aquí. En gran medida la filosofía de Epicteto pasa por un proceso alto de habituación. Y evidentemente el hábito se adquiere a través de la repetición.

El concepto ofrece un paralelismo semejante al que ocurre con la metamorfosis al adentrarse en el Estoicismo: Al principio se circula bien, pero lastimosamente, como un gusano, intentando sobrevivir y avanzar de la mejor manera posible pero errando constantemente. Aprendiendo mucho, pero no resplandeciendo demasiado, un camino errático y poco «productivo». La mayoría de la gente se queda para siempre en esta fase. Pero si seguimos avanzando vamos a continuación con la siguiente fase: La transformación a crisálida; en el que parece que todo es peor incluso que la situación original: viviendo entre dos aguas; por un lado vemos como la forma de vida que llevábamos anteriormente, en un mundo de «hedonismo» o más bien «narcisismo», las cosas no iban mal del todo y teníamos nuestros momentos de placer y de vicio que no «hacían daño a nadie» como comúnmente se suele decir, y nuestros pequeños momentos de «sufrimiento» que vistos con perspectiva, tampoco eran un gran drama.

Este es el peor momento, dado que todo visto en el pasado, parece mejor. No recordamos el intenso pesar y sufrimiento de ir siempre detrás de los indiferentes, del sufrimiento de perderlos. Las diversas angustias causadas por los mismos, desde el miedo a la muerte, la enfermedad, las perdidas de diferente indole. El querer algo y no poder disponerlo, etc… Esto parece insignificante con el pesar presente: Renuncias voluntarias duras, molestas, que generan grandes cantidades de sufrimiento y que parecen no llevar a ningun sitio, de no atisbar ni un pequeño gramo de esa querida «Eudaimonia» o paz mental.

Y según plantea la filosofía estoica (y la cínica), esto acaba pasando algún día: Justo en el momento en el que el habito se establece y quedan atrás los sufrimientos para pasar al nuevo estado de «paz mental». Es cuando la crisálida se rompe y salen las alas y ya no hay duda que lo presente es superior (de acorde a la Naturaleza) que lo pasado. Es curioso porque para todos los animales, vivir de acorde a su naturaleza, es duro de una forma u otra. Para el ser humano, vivir de acorde a la Razón no podría ser de otra manera: Un camino duro, un progreso hacia esa virtud, el Prokopton

Sería necesario —creo— que al recordar los golpes, como los esclavos, nos alejáramos de los mismos errores. Pero no es igual: allí, en efecto, el dolor produce la memoria, mientras que en los errores, ¿qué dolor hay, qué castigo? ¿Cuándo te acostumbraste a rehuir el obrar mal? . – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.25.9-10

Esta es justamente la dificultad que entraña el Prokopton, y como comentaba anteriormente, es generalmente muy difícil de percibir. Aquí en el ejemplo del condicionamiento operante puro y duro (los golpes que se le daban a los esclavos para que «aprendiesen»), parece que en el Estoicismo, no se establece de la misma forma. El principal problema que observamos, es que las emociones juegan un papel paradójico en la psique. De alguna forma, volviendo a poner otro paralelismo, el progreso a la Virtud se podría derivar equivalentemente a dar golpes al esclavo como símbolo de premio, y dar regalos como símbolo de castigo. Un mundo al revés.

Es justamente como comentaba el día anterior, y en base a la Intención Paradójica de Viktor Frankl, la Razón se establece como una forma de habituación a lo que despreciamos, y una forma de contención ante lo que apreciamos. ¿Nos gustan los dulces? Hay que abstenerse de comer dulce durante largas temporadas. ¿Tememos el frío? Hay que vivir con menor abrigo y pasar ingentes cantidades de frío, ¿Nos molesta alguien en el trabajo? Tenemos que tender a estar rodeados de esta persona más tiempo para aguantar (y entender) la raíz de dicha molestia, etc… Hacer esto, es una forma de premiar a la Razón, evitarlo, una forma de castigo; todo según propone el Estoicismo de Epicteto (y el Cinismo). Todo esto es lo que se contempla, como repite Epicteto muchas veces a lo largo de todas sus Disertaciones, dentro de la disciplina más dura con diferencia: La disciplina del Deseo.

Realmente el Estoicismo más «ortodoxo», establece como suficiente, la capacidad de examinar impresiones y actuar de acorde a dicha examinación sin tener que pasar por esos momentos tan duros. Este es el estado más puro de la Razón. Pero la experiencia no dice lo mismo: Sin un fuerte entrenamiento en el Deseo, parece como si la examinación a través de la Razón no obedeciera ordenes. Esta es la paradoja de la Akrasia (no actuar de acorde a la Razón), que si bien, no se contempla específicamente en el Estoicismo, personajes como Epicteto dejan clara su influencia de manera indirecta.

Epicteto. Disertaciones Con Arriano – Libro III – Pasaje XXVI

¿No te da vergüenza ser más cobarde e innoble que los esclavos fugitivos? ¿Cómo abandonan aquéllos a sus amos al huir? ¿En qué campos confían, en qué sirvientes? ¿Verdad que tras sustraer un poco, justo para los primeros días, luego ya andan de un lado a otro por tierra y por mar apañándose un recurso después de otro para alimentarse? ¿Y qué esclavo fugitivo ha muerto de hambre hasta la fecha? Pero tú tiemblas, no sea que te falte lo necesario, y pasas las noches en vela. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.26.1-2

El último pasaje del tercer libro, habla sobre el miedo a otro nuevo indiferente: La pobreza. Otro de los más significativos rechazados indiferentes que hay que afrontar con gran grado de coraje. En primera instancia, Epicteto razona, sobre la irracionalidad del miedo a la pobreza: De como «nadie» ha muerto por su causa (y aunque alguien hubiera muerto, también sería indiferente, pero esto es tema aparte)

Pues entonces, laméntate y gime y come con miedo, no sea que mañana no tengas alimento; tiembla por los esclavitos, no vayan a robar algo, a huir, a morir. Tú vive así y no lo dejes nunca porque te acercaste a la filosofía sólo de nombre y pusiste en vergüenza sus preceptos cuanto pudiste, mostrándolos como inútiles y perjudiciales para quienes los reciben. Nunca deseaste el equilibrio, la imperturbabilidad, la impasibilidad. Nunca adulaste a nadie por esto, pero a muchos por sus silogismos. Nunca pusiste a prueba tú en ti mismo ninguna de estas representaciones. «¿Puedo soportarlo o no puedo?. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.26.12-13

El resultado de este miedo (como de cualquier miedo) siempre es el mismo: la preocupación por que un «supuesto mal» suceda (recordando que no es ni malo ni bueno, es indiferente moralmente hablando), y con ello, al evaluar un mal de manera equívoca (recodando la moral vacía del estoicismo), este asentimiento erróneo, provoca por consecuencia, la correspondiente ración de sufrimiento. Para Epicteto es una vergüenza que alguien predique con la doctrina estoica, y al mismo tiempo siga evaluando de manera positiva o negativa los indiferentes. Se entiende como algo totalmente contradictorio con la filosofía, y mucho se esfuerza en criticar la necesidad de dar ese paso e introducirse de lleno en una mentalidad de Moral Vacia al completo

Y, luego, te aterra el hambre, según parece. Pero a ti no es que te aterre el hambre, sino que temes no tener un cocinero, no tener otro que haga la compra, otro que te calce, otro que te vista, otros que te den masaje, otros que te acompañen para que te den masaje aquí y allá en el baño, después de desnudarte y ponerte estirado como un crucificado. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.26.21-22

En definitiva, aparentemente lo que de verdad nos da miedo no son las últimas consecuencias, sino al contrario, las consecuencias parciales: Los indiferentes que perderíamos en el proceso: Nuestras pertenencias en general, que supuestamente nos hacen la vida tan fácil, pero a la misma vez, la necesidad de poseérlas y el pensamiento de vernos desprovisto de ellas, nos aterran y nos esclavizan. Es por ello que Epicteto insiste tanto en que los indiferentes son un arma de doble filo: Se pueden poseer, y de hecho se deben poseer, pero hay que conocerlos uno por uno bien. Hasta tal punto hay que tener un dominio sobre ellos, que vernos con o sin ellos no debe causar diferencia en nuestro carácter moral, en nuestro estado interior, en la imperturbabilidad de nuestra alma.

Eso te aterra, el no poder llevar una vida de enfermo; así que aprende la de los sanos, cómo viven los esclavos, cómo los obreros, cómo los genuinos filósofos,cómo vivió Sócrates y éste, con su mujer e hijos,cómo Diógenes, cómo Cleantes, asistiendo a la escuela aguador al tiempo. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.26.23

Para Epicteto, la esclavitud, es un estado de enfermedad. Y no se refiere a la esclavitud en los trabajos, sino la esclavitud de nuestro propio albedrío. De no poder ser realmente libres a nivel «espiritual». Como otro dato curioso, aquí se observa una extrema diferencia entre la visión del Estoicismo ante la humanidad, y la visión de otras filosofías como la Escuela Peripatética. El estoicismo premia la elevación del alma, de la Razón, semejante al cinismo, a través del esfuerzo. En cambio la escuela peripatética, premia la elevación del saber, del conocimiento, es por ello que existe una Virtud cardinal  primaria, y fundamental, que es el Saber que contrario a lo que piensa la mayoría de las personas que se introducen en el estoicismo: No es una virtud estoica. Para Aristóteles, la Virtud solo estaba al alcance de la élite, de aquellos que no estuvieran forzados a tener que realizar diaria y constantemente, trabajos manuales. En el estoicismo, cualquiera puede alcanzar la Virtud. Es por ello que ese saber, aunque conocido como la cumbre de las Virtudes, no es tan relevante, como la mayoría de la gente piensa en el estoicismo.

Estos detalles hacen forzosamente, una extrema diferencia entre el Peripatetismo, y el Estoicismo. Muchos a lo largo de la historia del estoicismo, buscaron referencias eclécticas para establecer lazos entre ambas filosofías. Epicteto en cambio, como hemos venido viendo en los últimos pasajes, ha sido capaz de establecer de manera ecléctica y muy firmemente, un lazo estrecho entre el cinismo y el estoicismo, dando de lado a los Académicos, a los Peripatéticos y a los Epicúreos, y que al menos, para mi personalmente me resulta mucho más convincente. Creo que para Epicteto, un referente se encontraría más en un perfil como Catón el Viejo, que en el referente de Séneca, Catón el Joven, los cuales, pese a que tenían un alto grado de integridad su pensamiento era relativamente diferente: El Viejo mucho más conservador, mientras que el Joven, aun no excesivamente «progresista», tampoco tenía particularmente el «pack completo» de modo de vida comedido y contenido, como su antecesor.

Pues eso es lo único que hace a los libres, a los que no tienen trabas, lo que hace levantar el cuello a los humillados, lo que hace mirar directamente a los ojos de los ricos y los tiranos. Y ése era el regalo del filósofo. ¿Y tú no saldrás con confianza, sino temblando por tu ropita y tus vajillitas de plata? ¡Desgraciado! ¿Así has perdido el tiempo hasta ahora?. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.26.35-36

Epicteto vuelve hacer referencia a esa libertad, la libertad que si recordamos es justamente la Virtud del Cínico. Hablamos de la pobreza, que en resumen, puede ser una representación de la vida asceta llevada al extremo. Vivir en la pobreza, es vivir la vida asceta. No temer a la pobreza, se alcanza a través del ascetismo. Por ende queda claro, que la Renuncia Voluntaria, la Exposición a este miedo se lleva a cabo a través del ascetismo. Pero para terminar Epicteto parece darse cuenta de algo que muchos ya se han ido dando cuenta a través de la historia: la pobreza en realidad, encubre un miedo mayor, el Miedo a la muerte:

¿Cuál otro sino la muerte? ¿No te das cuenta de que lo capital de todos los males para el hombre y de la falta de nobleza y de la cobardía no es la muerte, sino mábien el miedo a la muerte? En eso, pues, ejercítateme, que a eso tiendan todos los discursos, los ejercicios, las lecturas, y sabrás que sólo así se liberan los hombres. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.26.38-39

Enfermar, sin recursos, en la pobreza, sin un médico que pagarse, en un sitio paupérrimo o poco agradable, sin ayuda (recordemos el miedo a la soledad), en definitiva, el termino de la enfermedad, es la muerte. Por eso, Epicteto deja claro, que en realidad, el problema no esta en la pobreza, ni en la muerte en si. Sino en el miedo a la pobreza, y transitivamente, el miedo a la «mala» muerte. Si pudiéramos tomar una pastilla que eliminase definitivamente el miedo a la muerte se desvanecerían todos los miedos automáticamente. Por eso, dice: «ejercítame, que a eso tiendan todos los discursos«. Es otra forma de decir, «dame esa pastilla».

Como reflexión final, en la medida de lo personal, creo que si la lógica para llegar a esta conclusión sobre la muerte es muy fuerte, creo que esto no es razón suficiente para entender como se desenvuelven el resto de los miedos que rodean a la psique humana. Creo que este planteamiento es excesivamente simplista. De alguna forma en el estoicismo, y otras muchas filosofías, «la pastilla mágica» recae en ese concepto. Es posible que no todos vayan a estar equivocados y yo deba estar en lo cierto. Pero en la medida de lo personal, me inclino mucho más a la perspectiva práctica y más «holística» del entrenamiento práctico en las disciplinas, que al simple conocimiento de entender la importancia de disociarse del miedo a la muerte.

Existe una alta probabilidad de que pueda estar equivocado, el tiempo lo dirá: He leído que muchos piensan, por ejemplo, que la visualización negativa debería estar centrada exclusivamente al tema de nuestra propia muerte. No hacia pequeñas situaciones negativas futiles. Sino, exclusivamente a observar el momento de nuestra muerte desde diferentes perspectivas. Algo bastante interesante, sobre lo cual todavía no tengo respuesta convincente. Quizá lo más importante es tener esto presente, saberlo, y no dejarlo demasiado lejos.  Veremos como se siguen desenvolviendo los acontecimientos alrededor del aprendizaje de esta filosofía.

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