Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes XIV-XV [CITA ESTOICA] [DIA 106]

Epicteto. Disertaciones Con Arriano – Libro III – Pasaje XIV

Igual que los malos actores trágicos son incapaces de cantar los solos, sino que han de cantar con el coro, así también hay algunos incapaces de andar solos. Hombre, si eres alguien, anda solo y habla contigo mismo y no te escondas entre el coro. Préstate a la broma alguna vez, mira en torno tuyo, sacúdete para que sepas quién eres.- Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.14.1-3

Como comentaba en el día de ayer, cuando Epicteto habla de las relaciones sociales, hace el esfuerzo de tratar el tema con cierta distancia. Principalmente por los lazos de interdependencia que generalmente se establecen: Necesidad de ayuda y dependencia de terceros, poder, reconocimiento, etc… En este pasaje trata estos temas de manera puntual, y comienza aquí con lo primero y advirtiendo: Si te das cuenta que requieres de otro, para un momento y «sacúdete», en realidad no dependes de nadie, excepto de tí mismo

De las acciones , unas se llevan a cabo por su importancia; otras, por alguna circunstancia; otras, por economía; otras, por condescendencia; otras, a propósito. Dos cosas hay que arrancar de los hombres: la opinión arbitraria y la desconfianza. Una opinión arbitraria es creer que a uno no le falta nada; desconfianza, el suponer que no es posible ser feliz entre tantas vicisitudes. La opinión arbitraria la destruye la refutación y eso es lo primero que hace Sócrates. Y que no es cosa imposible, fíjate e investígalo —esta investigación no te perjudicará en nada— y casi que en eso consiste el filosofar, en investigar cómo es posible usar sin trabas el deseo y el rechazo.- Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.14.7-10

En el estoicismo, la importancia de las acciones está en realidad en la intencionalidad de las mismas, o en la motivación que las dirige dicho de otra forma. Esto es muy importante tenerlo en cuenta dado que generalmente estamos acostumbrados por causa de la cultura que nos envuelve, a darle un valor a las acciones por su utilidad o por su moral, y no por la intencionalidad como aquí comentó. Esto en esencia es una propiedad intrínseca de lo que se conoce como Ética de la Virtud. Como aquí comenta Epicteto, cuando uno ejecuta acciones en base a una serie de parámetros, importancia, economía, porque otro lo exige, etc… el albedrío queda completamente abnegado, dado que generalmente son motivos ajenos a la Virtud (principalmente desenvueltos dentro de otro tipo de ética como la deontológica que nada tiene que ver con el Estoicismo). Pero cuando uno toma como partida el propio albedrío, o poder de decisión basado en un correcto asentimiento (la Razón), entonces la acción es completamente incoercible, y la intencionalidad es la más «pura» que se puede encontrar en términos de filosofía estoica. En otras palabras hablamos de ese katorthoma que ya hemos venido comentando desde varios días atrás.

Por ende, las personas somos totalmente independientes unas de otras. Lo que ocurre a nuestro alrededor es totalmente ajeno a nosotros; pero lo que decidamos hacer si depende de nosotros, pero importa más la intención con lo que lo hagamos (no la expectativa, ojo), y como el resultado afecta en nuestro carácter. Y en definitiva, esa intención es la motivación de la que hablaba anteriormente.

El planteamiento estoico es significativamente diferente y difícil de gestionar en una sociedad. Si existieran máquinas que permitieran medir la intencionalidad de una persona, si una persona tuviera intención de matar a otra, debería llegar la «policía» estoica y arrestarle. Independientemente de si la matara o no. Por eso la utopía de vivir en una sociedad de estas características es complemente inverosímil. Es por ello que Marco Aurelio en sus Meditaciones suele repetir el hecho de: «Es necio pensar que las cosas tendrían que haber sido de otra manera». Por esa inverosimilitud de plantear que el resultado tiene algo que ver con la intencionalidad y que la intencionalidad pudiera estar gestionada más allá de la de uno mismo. Es de conformidad considerar este planteamiento como algo para regir exclusivamente nuestras propias vidas.

Epicteto. Disertaciones Con Arriano – Libro III – Pasaje XV

Así también tú: tan pronto atleta como gladiador, luego filósofo, luego orador, pero nada con toda tu alma, sino que, como el mono, todo lo que ves lo imitas y siempre te gusta una cosa tras otra, pero lo habitual te desagrada. Porque en nada te metiste con reflexión, ni tras haber repasado y haber puesto a prueba todo el asunto, sino al azar y con deseo poco ardiente.- Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.15.6-7

Un pasaje un tanto curioso por dos motivos: En primer lugar trata acerca del hecho de que uno ha de concienciarse sobre las facetas de un rol antes de decidir tomar partido en el mismo. Si uno quiere ser atleta, debe ser consciente de las dificultades y sacrificios que uno ha de tomar para poder llegar a competir en el alto nivel. Si uno quiere ser filósofo estoico, lo mismo ocurre, hay que ser consciente que la filosofía estoica no esta hecha para todo el mundo, y hay que pasar por ciertos puntos que son bastante desagradables y no aptos para todos los públicos

Quizá este pasaje sea uno de los pocos que deja claro que el Estoicismo no es una filosofía apta para todos los públicos y me gustaría profundizar sobre esto en un futuro, dado que tengo cierto convencimiento que gran parte de la comunidad estoica en la actualidad opina lo contrario; de hecho pienso que muchos creen que se podría hacer un mundo entero lleno de estoicos, si todo el mundo abrazara las doctrinas Éticas principalmente sin mucha profundidad en la práctica. Pero como Epicteto avisa constantemente, no es suficiente con realizar los trabajos más básicos, como llevar un diario de actividad, examinar impresiones y poco más, sino que luego hay una serie de prácticas, sobre todo relativas a la disciplina del deseo, que son bastante duras, y hay que tener estómago y fuerzas para poder llevarlas a cabo

En segundo lugar una cosa que me ha llamado la atención es esta parte que dice: Porque en nada te metiste con reflexión […] sino al azar y con deseo poco ardiente. Me pregunto como esto debe interpretarse. Epicteto sugiere que al introducirse uno en un rol, debe hacerlo con fuerte deseo. Al introducirse en el atletismo, uno debe tener fuerte deseo de prosperar, al igual que al meterse en la filosofía. Pero aquí saca el tema del deseo, que es justamente algo de lo que se trata como algo a dominar, precisamente en la disciplina del deseo. No se debe desear nada particularmente, pero por otro lado aquí Epicteto sugiere la necesidad de desear ardientemente trabajar a traves de un rol antes de introducirse. ¿Podría resultar esto una contradicción? Seguramente alguien podría interpretar que Epicteto quería decir otra cosa y tal, pero un poco como hizo Plutarco en su momento, a veces resulta interesante analizar esas pequeñas o grandes incongruencias que resultan de leer a los Estoicos (y a todas las filosofías en general que lo mismo les ocurre)

¿Crees que haciendo lo que haces puedes filosofar? ¿Crees que puedes comer igual, beber igual, enfadarte de esa manera, contrariarte de esa manera? Es preciso velar, esforzarse, vencer ciertos deseos, apartarte de tus familiares, ser despreciado por un muchachito, ser objeto de burla para los que te salgan al encuentro, ser menos en todo: en gobierno, en honras, en tribunales. Una vez que hayas estudiado bien esto, si te parece, acércate si quieres obtener a cambio impasibilidad, libertad, imperturbabilidad. Si no, no te acerques, no sea que actúes como los niños: ahora filósofo, luego recaudador de impuestos, luego orador, luego procurador del César. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.15.10-12

Finalmente, aquí habla precisamente de todos esos pequeños detalles que demuestran que una persona no esta preparada para introducirse verdaderamente en el rol que pretende, y es en este caso el de la filosofía estoica como un caso especifico. Epicteto plantea que es necesario en primera instancia tener en mente que las actividades que hacíamos regularmente es posible que vayan (y deban) ser relegadas en cierto punto. Es muy típico que al entrar en la filosofía, uno pretenda quedarse con lo que tiene, como lo tiene, y que de ahí surtan efecto los cambios que propone la Ética Estoica. Pero esto no funciona así: Es necesario una gran cantidad de sacrificio para empezar a cambiar los hábitos mentales que permiten acceder a ese estado de impasibilidad, libertad, e imperturbabilidad, o en esencia, de Eudaimonia que propone en última instancia la filosofía.

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