Epicteto. Disertaciones. Libro III. Pasajes XXIV [DIA 112]

Epicteto. Disertaciones Con Arriano – Libro III – Pasaje XXIV

«Pero me he apartado de Fulano y le duele». ¿Y por qué consideró lo ajeno como propio? ¿Por qué, cuando se alegraba al verte, no tenía en cuenta que eras mortal, que podías marcharte? Por tanto, está pagando la pena de su propia insensatez. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.24.4

En este pasaje, Epicteto trata específicamente sobre la gestión personal de los preferidos indiferentes. No es la primera vez que trata esto, pero aquí deja clara su visión, de una manera más extensiva de lo normal (más cercana al cinismo de lo normal) acerca de los indiferentes morales. En definitiva: Debe existir gran cautela, en cuanto al disfrute de ellos se refiere, conservando la precaución ante la afición desmedida a los mismos, dado que con el tiempo y la costumbre, podemos vernos atrapados por ellos; y ante su perdida, pueden causarnos un sufrimiento innecesario bajo las premisas que predica la filosofía estoica. En este caso, Epicteto recuerda una cosa: Cuando tratamos con indiferentes es necesario tener presente en todo momento un detalle: Se pueden ir en cualquier momento, si son objetos, nos los pueden robar, se pueden romper. Si son personas como en este caso, pueden morir o pueden abandonarnos. Esto en definitiva es la práctica diaria del recordatorio de Impermanencia. Siempre que tratemos con cualquier indiferente, parar por un momento y recitarse un pequeño mantra para recordar esa impermanencia: “Quiero mucho a esta persona, pero esta persona es mortal y se irá algun día”.

Nunca es posible que coincidan felicidad y deseo de lo ausente. Pues la felicidad debe apartarse de todo lo que apetece y parecerse a alguien saciado. No ha de estar unida a la sed ni al hambre. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.24.17

En el texto original, evidentemente no pone Felicidad sino Eudaimonia (εὐδαιμονία). Por tanto más que la felicidad,  aludiendo a la Eudaimonia, o ese estado de paz mental que se plantea desde la filosofía estoica, nunca podrá estar ligado a los indiferentes. Y desde luego, nunca a la necesidad o al deseo de algo que no tenemos. Digamos que la Eudaimonia solo corresponde a aquel que no tiene mayores aspiraciones a nivel de indiferentes, de las que ya posee en el presente. Alguno podría pensar que tras la inocente frase de “Me gustaría tener una casa con mas dormitorios porque ya no cabemos los que estamos”, se esconde un posible afán de superación, o mayor ambición, y podría considerarse algo positivo. Pero bajo la filosofía estoica, ante esa frase se esconde un mundo de sufrimiento y pesar, muy lejano a la felicidad o a esa Eudaimonia que aquí se presenta. Es importante ser capaz de examinar estas impresiones y pretensiones, dado que si no un tenemos control (en términos de monitorización) sobre nuestros pensamientos y sobre todo sobre el camino de motivación que ha de guiarnos (el camino hacia la Virtud, o el Prokopton), seguiremos viviendo en el mal (en el vicio, en el sufrimiento), innecesariamente.

—Pero mi madre se angustia si no me ve.
Pues ¿por qué no aprendió esas razones? Y no digo que no te haya de preocupar que se lamente, sino que no hay que querer lo ajeno a cualquier precio. La pena de otro es asunto ajeno; la mía, mío. Yo, por tanto, la mía la haré cesar por cualquier medio, pues depende de mí, mientras que la ajena lo intentaré en la medida de mis fuerzas, pero no por cualquier medio. Si no, me estaré enfrentando a la divinidad, me estaré encarando a Zeus, me estaré oponiendo a él en todo. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.24.22-23

Aquí Epicteto vuelve a recordar, que no tenemos control alguno sobre las emociones y pensamientos de terceros: “La pena de otro es asunto ajeno, la mía, mío“. Esto es algo que debemos tener en cuenta constantemente si queremos progresar. Según plantea Epicteto, podemos intentar ayudar a esa persona, en la medida de nuestras fuerzas, pero, ojo, y lo más importante: No por cualquier medio. Esto quizá es lo que marca la diferente, entre ayudar a otra persona sin alejarnos de la Virtud, o alejándonos deliberadamente. Por eso no es trivial aseverar que es virtuoso ayudar al que sufre. Por poner un ejemplo, no por dar propina a un mendigo, se es virtuoso. No por ayudar al desamparado, se es virtuoso. La Virtud es algo que va más allá de todo esto y tenemos que mirar en nuestro interior para realmente saber si se esta siguiendo: Si damos propina, quizá estemos siendo misericordiosos (es decir, clementes por la situación desfavorable frente a la nuestra, pero al mismo tiempo sentir pena ante su situación, lo que es vicioso). Hay que tener presente esto en todo momento cuando nos planteamos prestar nuestra ayuda, teniendo en cuenta que esta no sea por cualquier medio.

¿Quién dice que no? También es agradable una comida jugosa y una bella mujer. ¿Qué otra cosa dicen los que hacen del placer un fin?. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.24.37

La cuestión no es tanto en el resultado sino en la motivación que nos invita a alcanzar un resultado. Si la motivación está en alcanzar la Virtud, y el por el camino, encontramos algo de placer, es correcto. Pero si la motivación es alcanzar lo indiferente, entonces el carácter moral podría verse afectado (y se verá afectado necesariamente). Esto es a lo que se refiere Epicteto con hacer del placer un fin. Que la búsqueda del placer, la satisfacción del deseo, la necesidad de saciarse con lo que no tenemos, sea el objetivo en nuestro día a día, acaba dando como fruto, el vicio.

El asunto merece que vaya a su puerta: sea, iréTambién que se hable: sea, hablaré. Que también hay que besarle la mano y halagarle con alabanzas: ni hablar, eso es un talento. No es un beneficio para mí ni para la ciudad ni para mis amigos echarme a perder como buen ciudadano y amigo.
Pero parecerá que no tenías interés si no lo consigues.
¿Otra vez olvidaste para qué has venido? ¿No sabes que un hombre bueno y honrado no hace nada para parecer, sino para que esté bien hecho?
¿Y de qué le sirve obrar bien?
¿Y de qué le sirve al que escribe el nombre de«Dión» escribirlo como ha de ser? Para escribirlo.
Entonces, ¿no obtiene ninguna recompensa?
¿Buscas para el hombre bueno una recompensa mayor que la de hacer lo bueno y lo justo?. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.24.49-51

Una cuestión que me llama bastante la atención es el enfoque hacia la Virtud (como una consecuencia necesaria) que Epicteto da al progreso: La consecución de la libertad. De alguna forma es otro punto de vista desde la perspectiva cínica de la Virtud. Alcanzar el carácter del alma impasible, te da libertad según el Estoicismo de Epicteto. Alcanzar la libertad te da un carácter impasible, según el cinismo. Es una propiedad conmutativa, que caracteriza dos filosofías (y que ojo, no es un Estoicismo compartido por todos los estoicos el que profesa Epicteto). En este caso, la persona incoercible, sin limites, sin trabas, y libre, que aun así ejerce su rol, a través de la acción apropiada, actua de manera completamente estoica.

Pero esto tiene sus trampas: Si uno ha de ir a un cliente para vender su producto según dicta su profesión, ha de ir para ejercer su rol adecuadamente. Pero según plantea Epicteto, ciertas acciones asociadas a veces a este tipo de roles, como la adulación, la necesidad de que la venta deba producirse a cualquier costa, no es apropiado. He ahí la diferencia entre el simple hecho de hacer algo, y hacer algo adecuadamente. Como dice Epicteto: ¿Existe una recompensa mayor que la de hacer lo bueno y lo justo?. Pero bajo mi perspectiva, cuando hablamos de “lo bueno” y “lo justo” entramos necesariamente en el campo de la moral externa.

La cuestión es, que el que adula, el que regala y recompensa aun no siendo apropiado, es más probable que alcance su fin (por la pura dinámica entre las personas), todo al margen de si realmente sea apropiado según dicta esta filosofía. Por eso la verdadera pregunta que uno debe hacerse es: ¿Como esto afecta al carácter?. Epicteto no tiene en consideración en este caso, que quizá ese “besarle la mano”, no afecte al carácter del alma en absoluto dado que este sea simplemente un acto neutral, completamente desprovisto de moral. Que simplemente sea algo como simple reverencia fútil. Pero el lo considera como “echarse a perder como buen ciudadano y amigo“.

Se evidencia constantemente, el conservadurismo de Epicteto cargado de moral externa. Esa doble moral que oculta Epicteto, y he comentado varias veces: De alguna forma, siempre plantea las cosas intentando partir desde un estado de honor muy cercano al del cínico. En definitiva es rol de concienciar al público, pero que poco o nada podría tener que ver, con satisfacer cualquier otro rol de manera adecuada. Por causa de esa doble moral que no ejercita de manera consciente, los textos de Epicteto se aplicaron posteriormente en ciertas religiones como dogmas morales. Su afición por ciertas prácticas virtuosas “conservadoras”, como la contención, la magnanimidad, el honor, etc… generan la duda en la firmeza del planteamiento en general.

En definitiva: Parece que para Epicteto, rebajarse a adular a alguien, es de esclavo, al margen que esa adulación forme parte de una estrategia de venta, como una buena ejecución del rol que nos atañe (el de vendedor en este caso), pero en cambio librarse de todo y vivir en un gran nivel de ascetismo, no es de esclavo sino de ser divino. Como dije y sigo repitiendo, aquí se ven claras las contradicciones estoicas.

¿O Sócrates no quería a sus hijos? Pero los quería como libre, como quien recuerda que, en primer lugar, hay que ser amigo de la divinidad. Por eso no transgredió nada de lo que convenía a un hombre bueno ni al defenderse ni al proponer su propia pena ni tampoco antes, al participar en el consejo o en campaña. A nosotros, sin embargo, nos sobran toda clase de pretextos para ser innobles: unos por un hijo, otros por su madre, otros por los hermanos. Pero no conviene ser desdichado por culpa de nadie, sino ser dichoso gracias a todos y, especialmente, gracias a la divinidad, que para eso nos dispuso. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.24.61-63

Aquí saca el tema brevemente, de los pretextos para ser innobles. Lo que yo llamaba hace bastante tiempo, la disciplina de la excusa. Al contrario de lo que yo interpreté de la primera lectura rápida, en la que pensaba que Epicteto iba suavizando su opinión ante los indiferentes de principio a fin, esto pasa de manera totalmente contraria. Conforme uno va leyendo va dandose cuenta de que va volviéndose más rígido y más cercano al cinismo con sus palabras. La ingente necesidad de no anteponer absolutamente nada a la Virtud. Desquitarse de toda excusa para no ejercer apropiadamente.

Por eso decía: «Desde que Antístenes me hizo libre ya no he vuelto a ser esclavo». ¿Cómo le hizo libre? Escucha qué dice: «Me enseñó lo que es mío y lo que no es mío: la hacienda no es mía; los parientes, los de casa, los amigos, la fama, los lugares habituales, los pasatiempos, todo eso es ajeno. Entonces, ¿qué es lo tuyo? El recto uso de las representaciones. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.24.67-69

Y de aquí, en la línea del cínico que comentaba, saca las palabras de Diogenes de Sinope. Palabras que dejan claro que simbolizan los indiferentes para él, al igual que lo son para un cínico. Y el recto uso de las representaciones: Una frase que ya nos debería resultar bastante familiar entre ambas filosofías. ¿No resulta acaso muy sorprendente que de yo personalmente habiendo sacado bastantes diferencias entre ambas filosofías de pronto se acercan tanto? ¿No da la sensación que por ciertos momentos parece como si Epicteto, de una manera más gentil que sus antepasados (como fue el caso de Aristón de Quíos), nos va llevando hacia la doctrina cínica y ante los “peligros” que supone vivir rodeado y necesitados de indiferentes?

Este “giro” en los acontecimientos, es lo que en cierto grado, parece como que me fuerza de vez en cuando, a dar un paso atrás en el entendimiento del Estoicismo. Todo de pronto, resulta truncado, porque donde veía un claro entendimiento y diferenciación entre la palabra “rol”, “acción adecuada”, “indiferentes” y la relación entre todo ello, parece que vuelve todo a fusionarse para recomponerse como una sola: El estricto rechazo hacia lo indiferente.

¿Cuál es, entonces, el ejercicio adecuado? En primer lugar, el más elevado y principal y, en pocas palabras, como de entrada, cuando tomes cariño a algono a nada inalienable, sino a algo del tipo de una olla un vaso de cristal que, cuando se rompa, te acuerdes no te alteres. También así en esto: cuando beses a un hijito tuyo o a un hermano o a un amigo, nunca dejes ir del todo tu fantasía ni permitas que tu efusión vaya hasta donde ella quiera, sino tira de ella, conténla, como los que están en pie a espaldas de los que celebran el triunfo y les recuerdan que son humanos. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.24.84-85

De aquí en adelante empieza explicando todos los ejercicios relativos a la Disciplina del Deseo: sobre todo la Visualización Negativa, y el Recordatorio de Impermanencia. En este caso, es el recordatorio del impermanencia y la correcta examinación de impresiones: No dejes que tu “felicididad en cuanto al indiferente” se refiere vaya lejos. Si ganas un partido de fútbol no te alegres en demasía, no dejes que la felicidad del momento te lleve a falsas representaciones (en cierto grado no dejes que se cree un condicionamiento operante, que asocie el “ganar” con “es algo bueno”). Es así de simple. Epicteto, dos milenios antes del nacimiento de la psicología moderna, advierte ante los condicionamientos, y la necesidad de estar constantemente pendiente de las representaciones.

Así también, si añoras a tu hijo o a tu amigo cuando no te son dados, sabe que es como si desearas un higo en invierno. Lo que el invierno es para el higo, eso es cualquier circunstancia del universo para lo que en ella se nos arrebata. Y, por lo demás, en el momento en que disfrutes con algo, propónte las representaciones contrarias. ¿Qué mal hay en que, mientras besas a tu hijo, digas susurrando «mañana morirás»? Y lo mismo con el amigo«mañana te marcharás, o tú o yo, y ya no nos veremos». – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.24.87-88

Y por otro lado, ahora saca de forma clara y por primera vez desde que empece a tratar estas Disertaciones, la Visualización Negativa: Pensar que algo malo acabará pasando previo a que pase. Piensa cuando beses a tu hijo: “Quizá mañana este muerto, por eso solo puedo disponer del presente”.

De mal agüero es la cobardía, de mal agüero es la falta de nobleza, el duelo, la pena, la desvergüenza; esas palabras son de mal agüero. Y, sin embargo, ni siquiera ésas hay que temer decirlas para salvaguarda de los asuntos. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.24.90

Es curioso como en el pasado, tenían el mismo miedo por este tipo de presunciones: Pensar de manera negativa puede invitar a que lo que pienso verdaderamente pase. En la actualidad incluso, películas como “El Secreto” de Rhonda Byrne han minado para muchas personas esa incertidumbre de solo querer pensar y divagar en lo positivo, porque hacer lo contrario solo dirige hacia el mal. De hecho si tenéis (y no recomiendo) la oportunidad de ver esta basura divulgativa, os daréis cuenta que en cierto momento, explica que si haceís una visualización negativa, eso que visualizamos es como si estuviéramos invocándolo, y acabará pasando. ¿No resulta contradictorio, que por un lado los estoicos visualizarán para prevenirse del futuro y habituarse en consecuencia? ¿Que psicologos como Viktor Frankl, plantearan la Intención Paradójica justamente para reforzar esto? ¿Y que en contrapartida una serie de supersticiosos pongan la perspectiva opuesta ante tal perspectiva?. Todo esto empareja muy bien en la línea con aquel artículo que escribí en su día acerca del pensamiento positivo y la problemática que esto conlleva.

Así, en efecto, dirás también: «Sabía que era mortal», «sabía que podía marcharme», «sabía que me podían desterrar», «sabía que me podían enviar a la cárcel». Luego, si te vuelves a ti mismo y buscas el lugar del que viene lo sucedido, rápidamente te darás cuenta de que «Viene de lo que no depende  del albedrío, de lo que no es cosa mía. Entonces, ¿qué tiene que ver conmigo?». – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.24.106

Sin entrar mucho en detalle este fragmento me ha gustado particularmente dado que va poniendo una serie de ejemplos más explícitos de lo que es la Visualización Negativa.

Cuando te muerda la representación (que eso no está en tu mano), hazle frente con la razón, lucha contra ella, no dejes que cobre fuerzas ni que pase a lo siguiente imaginándose lo que quiera y como quiera. Si estás en Gíaros, no te imagines los pasatiempos de Roma y las diversiones que tenía quien pasaba la vida allí y las que tendría al volver, sino manténte allí como debe vivir quien pasa la vida en Gíaros: valientemente en Gíaros. Y si estás en Roma, no te imagines los pasatiempos de Atenas, sino ocúpate sólo de los de allí.
Y luego, a todas las demás diversiones opón ésta, la que [110] procede de comprender que obedeces a la divinidad; que llevas a cabo no de palabra, sino de hecho lo propio del hombre honrado y bueno. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.24.108-110

Esto es quizá de los más difícil que se encuentra en la práctica estoica del todo: “Cuando aparezcan pensamientos intrusivos, lucha contra ellos, no dejes que cobren fuerzas”. ¿Como? A través del trabajo consciente. Esforzarse en seguir haciendo lo que uno esta haciendo allá donde lo esta haciendo. Si por ejemplo, estamos trabajando y nos viene el pensamiento: “Esto es una basura de trabajo, me gustaría estar en un trabajo mejor” y este pensamiento nos impide trabajar de manera adecuada, lo correcto es hacerse consciente de la situación y esforzarse en ejecutar el trabajo al margen de esos pensamientos intrusivos que nos “atacan”. Evidentemente es algo extremadamente difícil y algo de lo que me doy cuenta es que el Estoicismo no ofrece ninguna herramienta especifica para trabaja este estado consciente más allá de unos consejos muy sutiles sobre como dirigir el pensamiento.

Parece como si el estoicismo, entendiera que la voluntariedad de las personas esta ahí y es inmutable. Es decir, que podemos ejercer todos por igual, un grado alto de la razón. Pero personalmente, no solo creo, sino que tengo claro y contando con muchísima experiencia tratando con personas con diferentes trastornos mentales, que esto no es del todo cierto. Esto es una falacia que presume el estoicismo, y que trato de readaptar en gran medida si es que de verdad se pudiese (porque lo mismo, de aquí a unos meses, como ya dije, acabe dando un carpetazo a esta filosofía, por ineficaz). También es cierto que el estoicismo no está, a priori y en seco, indicado para el tratamiento de ningún tipo de trastorno. Quizá sea por esta posible “ineficacia” que sugiero. Es en ello donde en gran medida también ando indagando.

Si tienes siempre eso entre manos y lo practicas en ti mismo y lo tienes a mano, nunca necesitarás quien te consuele, quien te dé fuerzas. Y es que lo vergonzoso no es no tener qué comer, sino el no tener argumentos bastantes contra el temor, contra la tristeza. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.24.115-116

Y para terminar, aquí Epicteto acaba en la misma linea que la anterior: Dando por sentado que tenemos un control ancho de nuestra consciencia. Y lo vergonzoso que es pensar erráticamente. Como si en algunos casos un pensamiento errático no pudiera darse de otra manera.

Nota al Pie: Meditación y Experiencias de la semana

Después de otro buen parón desde la última entrada por un cúmulo de circunstancias, sigo en un estado de duda de la verdadera utilidad del estoicismo y la efectividad de su práctica (al margen de lo comentado en el pasaje de hoy). Después de seguir leyendo en profundidad todos los pasajes de las Disertaciones con Arriano, al menos desde la perspectiva de Epicteto como Estoico, la sensación que me queda es que el Estoicismo propone una forma de vida de continuo esfuerzo y sufrimiento. Una vida difícil constante, para prepararse ante una mayor adversidad. Un estado mental ausente de relax. Ausente de ocio, ausente de placer de ningún tipo. En parte, una ausencia de placer intencional y motivacional, como plantea Epicteto, pero que en realidad también propone la evasión del mismo, para evadir el condicionamiento asociado, por tanto, aunque no se dice directamente, el planteamiento “oficial” es una ausencia de placer lo más integral posible. Quizá si desde que uno es pequeño, viene instruido en esta materia, resulte más fácil adquirir esta forma de ver la vida, pero ya entrado uno en edad, es bastante complejo “re-circuitar” sus circuitos neuronales sobre como concebir el día a día evadiendo algo que a lo que hemos sido tan expuestos en nuestras vidas como es el placer.

Y quizá este detalle, es lo más marca la diferencia realmente: El día a día. Porque un acto de estoicismo puntual (que se ven a millares en películas y actos de Internet), puede estar muy bien. Pero rebosar estoicismo en el día a día, es extremadamente difícil. Desde la simple decisión, de preferir tomar un par de horas de examinación intensiva, en vez de dedicar un par de horas a ver una película de nuestro agrado, es ya una decisión estoica en si. El Estoicismo más duro (tal como propone Epicteto), profesa dejar a un lado realmente el ocio. Porque el ocio no es otra cosa en realidad, que un formato de placer. El ocio no es sentarse en silencio a meditar. ¿Quien realmente prefiere sentarse en una habitación tranquila durante una o dos horas al día, en vez de relajarse viendo algo en internet, leyendo un libro interesante, o viendo una película cuando se le presenta la oportunidad?. Habrá gente, pero no al menos dentro del modelo “occidental” en el que estamos acostumbrados.

Séneca si le daba otra perspectiva al Ocio, mas asequible, y que más ha gustado a muchos “estoicos” por igual. Además pone de ejemplo a Catón el Joven, el cual era un asiduo bebedor de vino y se pegaba sus ocios bebiendo en compañía y evadiéndose significativamente del momento. Quizá no fuera una vía de escape o quizá si. Pero en cualquiera de los casos, por culpa de Séneca se ha convertido en un ejemplo destacable de lo que es el estoicismo aplicado.

Luego esta la vía de escape que comentaba. Después de una serie de eventos estresantes, como los que me vienen sucediendo en los últimos días. Lo primero que me viene a la mente, es desconectar. Primero que según el estoicismo, la desconexión no es una opción. Y lo segundo, que evidentemente, la desconexión siempre se da, a través del placer (hedone) que ya sabemos que es un tipo de vicio. Los vicios en general (desde la ludopatía, el alcohol, son una forma de método placentero de desconexión para personas en un estado mental bastante adverso). Las personas corrientes desconectamos con métodos menos dañinos, pero no dejan de ser métodos basados en el placer.

Superar todos estos escalones, me está resultando excesivamente complejo. Y sobre todo cuando estoy atado a las circunstancias.

A esto le sumo, el tema de una práctica errática, con poca intencionalidad, y mucha desgana. Hoy he vuelto a ponerme las pilas, pero no de manera sobresaliente. En estos momentos veo un futuro incierto, en cuanto a mi práctica y mi continuidad dentro de esta filosofía de vida. Entre las preguntas que me han venido surgiendo hay algunas del tipo: ¿De verdad me interesa seguir insistiendo en alcanzar esto como un modo de vida? ¿Compensa el cambio, de estar preparado ante toda adversidad, frente a tener que prescindir de mis estados de ausencia eventuales? ¿Merece la pena este sobre-esfuerzo y desgaste mental diarios al que hace apenas 1 año atrás no estaba acostumbrado?

Muchas cuestiones abiertas a día de hoy, a las que me esta costando trabajo sobreponerme. Cuando algo más de 1 año atrás, empecé con esto, decidí tener un alto grado de fe en todos los niveles. Pero esta fe ya esta empezando a verse significativamente mermada. Ni siquiera los eventos que me suceden en el día a día son lo que lo resienten. Es esta duda profunda y existencial que me viene acuciando desde bastante semanas atrás desde el “subconsciente”. Queda abierto todo esto. Veremos si consigo mantener la asiduidad en la escritura en esta página durante al menos unas semanas como días atrás. Como mínimo, me gustaría ya finiquitar el comentario de las Disertaciones de Epicteto con Arriano y dar un pase a lo siguiente. Sin vaticinar nada y centrándome en el presente, ya veré como procederé con el paso de los días.

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