Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes V-VI [CITA ESTOICA] [DIA 101]

Epicteto. Disertaciones Con Arriano – Libro III – Pasaje V

¿No sabes que tanto la enfermedad como la muerte deben sorprendernos haciendo algo? Al campesino lo sorprenden trabajando la tierra; al marinero, navegando. Tú, ¿qué quieres estar haciendo cuando te sorprenda? Porque ha de sorprenderte haciendo algo. Si puedes ser sorprendido haciendo algo mejor que esto, hazlo. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.5.5-6

Otro pasaje tratando un nuevo indiferente estoico, la enfermedad. Epicteto trata a la muerte y la enfermedad de la misma manera: Considerando que lo más relevante es estar ejerciendo la Virtud cuando un evento rechazado llega. Y la estructura de este pasaje tiene exactamente el mismo formato que el que comenté unos días atrás. Por eso en definitiva, habla un poco de que pese a que la enfermedad pueda resultar un impedimento para vivir, uno ha de seguir trabajando a través de la adversidad para seguir acometiendo su rol en su vida:

¡Ojalá que a mí me sorprendiera cuando no me estuviera ocupando más que de mi albedrío, para que me sorprenda impasible, libre de impedimentos, incoercible, libre. Quiero ser hallado ocupándome de eso, para que pueda decir a la divinidad: «¿Verdad que no transgredí tus mandatos? ¿Verdad que no usé para otra cosa los medios que me diste? ¿Verdad que tampoco obré de otro modo con las sensaciones, verdad que tampoco con las presunciones? ¿Verdad que nunca te hice reproches? ¿Verdad que nunca censuré tu gobierno? Enfermé cuando quisiste; los demás también, pero yo de buen grado. Empobrecí cuando tú lo quisiste, pero contento. No ocupé cargos porque tú no quisiste; nunca deseé una magistratura. ¿Verdad que nunca me viste más triste por ello? ¿Verdad que nunca dejé de acercarme a ti con el rostro luminoso, dispuesto a lo que mandaras, a lo que indicaras? ¿Ahora quieres que me vaya de la feria? Me voy y te doy todo mi agradecimiento porque me consideraste digno de participar en la feria contigo y de ver tus obras y de comprender tu gobierno». ¡Ojalá me sorprenda la muerte teniendo esto en el ánimo, escribiendo esto, leyendo esto!. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.5.7-11

Esto parece una plegaria o una oración de Epicteto: «Para que pueda decir a la divinidad […] Enfermé cuando quisiste; los demás también, pero yo de buen grado. Empobrecí cuando tú lo quisiste, pero contento. No ocupé cargos porque tú no quisiste; nunca deseé una magistratura.  

Cuando «tu quisiste» hace referencia al destino: Aceptar de buen grado las inclemencias de la vida pese a que sean rechazados indiferentes. Y a continuación, habla del agradecimiento ante la posibilidad de poder disfrutar de los preferidos: Tener la oportunidad de ir a la feria, tener la oportunidad de hacer lo que a uno le plazca cuando tenga la oportunidad.

Por eso en ambos casos, anhela ese estado de ánimo de manera perpetua: De agradecimiento cuando las cosas surjan conforme a nuestros preferidos y de aceptación cuando surjan conforme a nuestros rechazados, es la forma que Epicteto dice que sería la ideal con la que uno morir. En resumen, habiendo alcanzado la Eudaimonia o Ataraxia.

«Pues no veo en qué otra cosa se ocupan los filósofos». ¿Te parece que no es nada el no hacer nunca reproches a nadie, ni a la divinidad ni al hombre, el no censurar a nadie,  salir y entrar siempre con la misma cara? Esto era lo que sabía Sócrates y, sin embargo, nunca dijo saber algo o enseñarlo. Si alguien le pedía palabritas o enunciaditos le remitía a Protágoras, a Hipias. Y, desde luego, si alguien hubiera ido buscando verduras, lo habría remitido al hortelano. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.5.16-17

Esto en resumen es de lo que se ocupan los filósofos: Hacer un ejercicio supremo para alcanzar ese estado que comentaba anteriormente. Esto es un trabajo, que lleva más que una simple jornada laboral. De hecho es una meta en la vida. Quizá debería ser considerada por todos, la única meta en la vida a seguir. Para Sócrates, si alguien quería palabras, lo mandaba a un sofista como Protágoras, pero si quería hechos entonces le enseñaba el camino de la recta razón a traves del ejercicio. Creo que no se puede incidir más que Epicteto hace, en la importancia que tiene trabajar continuamente la Razón. Hablamos de un trabajo. No es una cuestión de echar 30 minutos al día. Hablamos de dedicar la mayor parte del día a ello.

La pregunta que uno ha de hacerse es realmente: ¿Es posible que esto deba ser el único objetivo en esta vida? ¿Alcanzar el estado derivado de ejercer la Recta Razón constantemente? ¿O quizá sea más relevante, ser un reconocido estudioso, un mejor amigo entre los amigos, un reconocido artista, un jefe de empresa, un padre ejemplar o algo basado en un indiferente?. (que evidentemente no sería indiferente para el que no anhelase). Aunque esto último no sea contrario, tampoco es del todo complementario aunque muchos así lo crean. Porque quizá el esfuerzo para alcanzar dichos objetivos, hacen que el tiempo para dedicarle a la Razón sea escaso. Por eso llega el momento que hay que elegir. Aunque muchas veces de hecho, la pregunta está en que elegir.

Epicteto. Disertaciones Con Arriano – Libro III – Pasaje VI

El que se afana es invencible. Y es que, en efecto, no lucha en donde no es más fuerte, sino en donde es máfuerte. Normal. Por tanto, ¿quieres el campo? Tómalo. ¿Los siervos? Tómalos. ¿El poder? Tómalo. ¿El cuerpecillo? Pero no harás que rechace mi deseo ni que vaya a caer en el objeto de mi aversión. Sólo entra en esta lucha: en la de lo que depende del albedrío. ¿Cómo, entonces, no va a ser invencible?. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.6.5-7

El que se esfuerza es invencible según Epicteto. Pero depende donde uno sitúe los esfuerzos. Muy en la línea del pasaje anterior, uno ha de esforzarse donde se es más fuerte. Y para el estoicismo uno es solo innatamente (según la naturaleza) fuerte en una sola cosa: En lo relacionado al albedrío, en lo que tiene que ver con la Razón. Uno puede esforzarse en los indiferentes, el poder, el dinero, el cuerpo. Eso esta bien, pero ese esfuerzo no va a hacer mejorar la Razón en nada. Es imposible cosechar la Razón a traves de situar el foco en los indiferentes, y esto debe ser motivo de reflexión.

Por ello, hay que saber donde luchar y donde uno debe decidir poner la mayor parte del esfuerzo. Al menos si acepta la materia estoica como válida y entiende la importancia de la Razón dentro del contexto

No es fácil animar a los jóvenes sin carácter, como no lo es coger queso con anzuelo. Sin embargo, los bien dotados, aunque los apartes, se aferran aún más a la doctrina. Por eso Rufo los apartaba la mayor parte de las veces utilizando este medio de prueba con los bien y los mal dotados. Pues decía que la piedra, aunque la tires hacia arriba, será atraída hacia abajo a su propio estado y así también el bien dotado, cuanto más se le desaira, tanto más se inclinará a su natural. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro III.6.9-10

Musonio Rufo, el profesor de Epicteto, que predicaba exactamente los mismos planteamientos que su discípulo a la hora de enseñar a los jóvenes consideraba una simple premisa: «La cabra tiende al monte. Entendiéndose la cabra con el impulso y el monte con el deseo. El verdadero ejercicio esta en dirigir la cabra a la Razón. Los bien dotados disponen de una predisposición a dirigirse hacia la Razón de manera más recta. Pero en cualquiera de los casos, hasta el mejor dotado, se inclinará hacia lo natural. Con ello y siguiendo el planteamiento anterior, pese a que los indiferentes estan bien, Epicteto no deja de repetir, que todo tiempo invertido en ellos, o la aproximación de manera inusitada, solo suele llevar al Vicio.

Es quizá por esto, que la mayoría, entre los que yo me incluyo, hemos percibido a Epicteto como a un verdadero Asceta. Porque promulga con un estilo de vida cercano a los indiferentes, pero tratándolos con cierto rigor. No apasionada y descomedidamente. Hay que tratar cada indiferente de manera individualizada, y colocándolo en la posición que corresponde. Una posición que nos permita trabajar a través de él. Que nos permita trabajar la disciplina del deseo. Por ello, es indispensable no disponer tanto tiempo a los indiferentes.

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