Seneca. Epistolas Morales a Lucilio. Libro 1. V [DIA 137]

Séneca. Epístolas Morales a Lucilio – Libro I – Epístola V

Procuremos que nuestro exterior esté conforme con el pueblo y que el interior no se le parezca en nada. Que nuestra toga no sea espléndida ni sórdida. No tengamos platos de oro cincelado, pero no creamos que es prueba de temperancia privarnos de oro y plata en nuestra mesa. – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.5.2-3

En esta epístola, Séneca trata un tema muy parecido al que vimos con Epicteto unas semanas atrás: Sobre lo que es la verdadera filosofía y el hecho y necesidad de evitar las apariencias. Del mismo modo, el planteamiento es muy sencillo: Unas apariencias (la barba y una toga de filósofo, o lo equivalente) no convierten a alguien en filósofo, y parece ser que esto aunque resulte trivial, es necesario eventualmente, evidenciarlo. Hoy en día quizá semejantemente de manera alegórica, yo diría que lo más parecido son los nuevos gurus de la psicología y la auto-ayuda: Subir a un escenario predicando un estilo de vida y una forma de pensar no convierte al pensador en principio activo. Las cosas han cambiado en cuanto a la forma de las apariencias, pero no en cuanto al modo

Pero al mismo tiempo, como se ve en este fragmento, se trasmite otro mensaje, el cual me recuerda bastante al mensaje que trasmite Pepe Mujica, ex-presidente de Uruguay en sus discursos: “Es necesario vivir como vive el resto del pueblo para estando en la misma altura, poder entender el criterio”. Esto es una máxima de Seneca, que pese a que verbalmente no es compartida por el resto de los estoicos, si existe cierto grado se semejanza; especialmente por la idea de ascetismo que muchos profesaron. En el fondo la filosofía estoica, no profesa estrictamente por el ascetismo, puesto que en teoría, uno podría vivir plagado de riquezas al haber entendido que las riquezas son un indiferente y que su necesidad hacía ellas es completa. Pero en las profundidades de su consciencia interior, todo buen filósofo estoico sabe, que viviendo en estas condiciones, sin hacer renuncias voluntarias regulares, el poder de los indiferentes acaba atrapándonos a todos por el igual con el tiempo, cuando uno de los principios más básicos de la psicología humana se establece por doquier: La habituación.

Por eso la vida en abundancia de indiferentes en el fondo, y bajo mi punto de vista, es prácticamente imposible progresar en ninguno de los niveles, salvo para el sabio estoico, un estado inalcanzable en el fondo, para nosotros mortales.

Cierto es que intentamos vivir según la naturaleza, pero es contra naturaleza atormentar al propio cuerpo, complacerse en las inmundicias y alimentarse con viandas no solamente pobres, sino repugnantes y horribles. – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.5.4

Hay que entender que Séneca, especialmente en sus últimos años, que fue cuando compuso estas epístolas, no vivía precisamente en la pobreza, sino todo lo contrario. Era uno de esos pocos estoicos que intentó hacer un esfuerzo, para aplicar la práctica de sus principios, en su vida cotidiana, con gran abundancia de indiferentes por todas partes. Y obviamente, esto tarea fácil no pudo ser de ninguno de los modos.

Esto en el fondo es lo que le ocurre hoy en día al 99,99% de las personas que entran en la filosofía en la actualidad: Al contrario de un Cínico Diogenes de Sinope, que aceptaba alimentarse de viandas repugnantes como parte de su Askesis personal domando la Disciplina del Deseo; Séneca por el contrario, prefiere aferrarse al concepto del “preferido indiferente” como un clavo ardiendo, y alegar que para vivir de acorde a la naturaleza (o dicho de otra manera, vivir Virtuosamente), no es necesario pasar siempre, y de manera voluntaria, por el camino del dolor. Quizá lo incorporara como parte de su práctica. Pero también pudo ser parte de no desear profundamente, deshacerse de ciertas comodidades que le aportaban dichos indiferentes. De cualquier manera, no tengo la capacidad para entrar a valorar en profundidad el motivo, y toda valoración en el fondo, sería claramente una presunción.

Precisamente volviendo a citar a Pepe Mujica, que bajo mi punto de vista es un buen referente de las enseñanzas de Séneca en todos los niveles (para algunos discípulo de la escuela media del escolarca estoico griego Panecio, del que fueron discípulos a su vez, Posidonio y Cicerón). Si nos damos cuenta, Pepe Mujica, eligió el camino político, y está de acuerdo con la idea de que es bueno vivir como el pueblo, y también alguna vez, en alguno de sus mensajes público vino a decir que es bueno vivir ligero de equipaje y que en el dolor y el sufrimiento se aprende, pero que no es necesario inducir es dolor de manera voluntaria. Definitivamente, podría concluir que es, casi sin duda alguna, un aprendiz directo de las lecturas que nos facilitó Séneca.

Esto es lo que ocurre en la actualidad, en la mayoría de los casos. De hecho la mayoría de los libros no estoicos originales, se centran especialmente en las enseñanzas de Séneca y pinceladas de Marco Aurelio; y algunas solo tocan hueso en las ideas que ofreció Epicteto, cuando sacan a relucir su famosa Dicotomía del Control. Por lo demás, parece como si el resto de sus propuestas, no existiesen (sobre todo la parte más ascética de la filosofía). Hoy en día podría decir, que el Estoicismo Moderno ha renacido, como punto de reinicio de la escuela de Panecio, dejando en gran medida a un lado el resto de las propuestas que se ofrecieron entre los primeros estoicos (Antípatro de Tarso, Aristón de Quíos, Musonio Rufo, etc…). Y bajo mi punto de vista, creo que Panecio, pese a estar situado unos siglos después de Crisipo, fue el discípulo más directo del nuevo camino que este forjó, tras la muerte de Zenón, el cual, sigo pensando, que esta lleno de contradicciones.

De todas formas para no liarme más en esta hipótesis sobre la evolución y las ramas del estoicismo que vengo planteando en los últimos meses, voy a ultimar con la presente Epístola.

NOTA: Quiero volver a recordar que esto no es una análisis estricto de las Epístolas, sino una reflexión/meditación personal, acerca de la influencia de las mismas sobre mi. Cualquier comentario adicional sobre las mismas será bienvenido para su debate

La filosofía nos obliga a la frugalidad y no al sufrimiento, y como puede existir frugalidad con alguna delicadeza, me parece bien este término medio. – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.5.5

Dejando al margen un poco toda esa reflexión (que es complicado, dado que la vertiente estoica de Séneca abre la veda con facilidad), aquí vuelve a repetirse la misma sintonía: “Frugalidad con alguna delicadeza”, dicho de otra forma, atendamos a los preferidos cuando se precie; no tenemos que transitar necesariamente el camino del dolor constantemente.

Dependiendo la postura que queramos adquirir: Aprendizaje y habituación diligente o un camino más suave. Esto me recuerda mucho a las propuestas de ejercicios que se ofrecen en cualquier disciplina deportiva. Uno puede plantearse el ejercicio a nivel amateur o a nivel profesional. El corredor amateur, sale 3 días a correr a la semana un par de kilómetros al día progresando de una manera muy lenta, mientras que el profesional tiene un programa de entrenamiento holístico en el que correr se convierte en una rutina diaria con diferentes grados de trabajo y ejercicios complementarios.

Si es cierto, que un amateur, podría progresar al nivel profesional con la constancia, y que a veces empezar fuerte, no es sinónimo de progresión y sobre todo de mantenimiento. Pero como aquí estamos hablando de entrenar para la vida (no para un deporte o una profesión en concreto), la cuestión de como proceder es mucho más discutible, que lo que podría darse en otras disciplinas.

Bajo mi punto de vista personal, no veo que excusa podría existir en la vida de cualquier ser humano, para no proponerse ejercitarse en cuerpo y alma en este “deporte” de vivir. No creo que exista indiferente alguno, al que se le deba prestar más prioridad (sea trabajo, hijos, familia, amigos, o incluso, incapacidad corporal). Por eso, los términos medios y las delicadezas, que Séneca propone, me resultan insuficientes, en comparación a la propuesta mucho más estricta de Epicteto, de saber colocar al Cesar (la Virtud), donde le corresponde en nuestras vidas.

Grande es aquel que usa platos de barro de la misma manera que los de plata, pero no es más pequeño aquel que de la misma manera usa la plata que el barro. De ánimo enfermo es no saber soportar las riquezas. – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.5.6

Esto planteamiento, sin duda alguna, es la idea que más aprecio de Séneca, y precisamente es la que da lugar al concepto de la Antifragilidad, en correlación, a la Robustez que los planteamientos de Epicteto y los cínicos plantearon como forma de ver la vida desde una perspectiva más asceta. Aunque va en la misma línea que lo comentado anteriormente, extra del texto este concepto para darle su lugar de manera inequivoca.

Aunque es completamente cierto que ejercitándonos diariamente en el Ascetismo, rechazando toda serie de comodidades, placeres y elementos a los que podríamos sucumbir de manera irracional, nos volvemos más fuertes y excelentes de carácter gracias al principio de Habituación. Esta actividad aporta Robustez a nuestras vidas. Y no hay que olvidar que la robustez, también es una propiedad de la Antifragilidad. Pero la antifragilidad va más allá: No solo se trata de no romperse ante las inclemencias del tiempo, sino, mejorar incluso ante la adversidad. Y para ello hay que intentar ir un paso más alla.

Se me hace difícil entender, pero el ascetismo también es una forma de alejamiento, el cual podría llegar a convertirse en la “aversión”. Y ninguna aversión en el fondo, es buena del todo, porque se convierte en dogmática. Recuerdo que recientemente una película que vi, el Capitán Fantastic, hablaba sobre la forma de vida de un padre y sus hijos en medio del bosque, rechazando toda la costumbre común y social, más parecido a la propuesta Académica/Platónica (de una forma de vida, social, con compromiso, al contrario de la propuesta Epicúrea, en la que el matrimonio no se contempla), aun viviendo en un grupo muy reducido de personas que comparten la misma visión, porque posiblemente pocos o nadie, hubieran estado dispuesto a adentrarse con ellos, en esa forma asceta. Alguno podría confundir este estilo de vida, con el Epicúreo (alejado de la sociedad), pero en el fondo, esta unidad si aceptaba la vida en sociedad, el problema es que la sociedad no los aceptaba a ellos. (Posiblemente) de buen grado hubieran estado dispuestos a nuevos componentes en su “Platópolis“.

Pero lo más interesante de la película, es la narrativa del choque cultural y la dificultad de integración que tiene el personaje con las costumbres sociales, por el desagrado que tiene hacia ellas. Irremediablemente, no acepta las cosas tal y como son, que a final de cuentas es uno de los principios fundamentales de la Dicotomía del Control que marca una extrema diferencia entre la postura de Platón, Aristóteles y de los estoicos.

En este sentido, los placeres, son como son. Puedes rechazarlos o aceptarlos. Pero la incapacidad de no percibir como un bien, un placer, es igual de malo, que la incapacidad de percibir un mal en algo ajeno a nuestro control y que nos perturba o molesta. Ese entrenamiento también debe hacerse. Y como dice Séneca en este pequeño fragmento, la única manera, es eventualmente y si la oportunidad se presta, vivir entre riquezas, y esforzarse en no verse atrapado por ellas: “De ánimo enfermo es no saber soportar las riquezas

La práctica estoica se presenta como un camino complicado, sin duda alguna, que requiere moverse constantemente entre varias vertientes y variables, y estar constantemente, monitorizando lo único que de verdad importa en esta vida, la Virtud. Pero bajo mi punto de vista, y especialmente en esta sociedad en la que mayoría vivimos, creo mucho más conveniente empezar por la “vía negativa” (los rechazados indiferentes), y no aventurarse a intentar trabajar la “vía positiva” (los preferidos indiferentes) en primera instancia. Como dice el refrán: “Quién mucho abarca poco aprieta”, y dudo mucho que alguien viviendo en riqueza, y que sin haber hecho un intenso trabajo en el campo de la Askesis, pueda demostrar a medio plazo: “Estar enfermo y ser feliz”. Dicha persona, mostrará cierto grado de renuncia indiferencia ante sus riquezas, pero seguirá siendo totalmente vulnerable a la vía negativa.

Dicho de otro modo, y vuelvo a repetir, bajo mi punto de vista, la vía negativa es muchísimo más difícil de trabajar que la vía positiva y esto hay que tenerlo claro a la hora de priorizar, por donde debe comenzar el ejercicio estoico.

Las bestias huyen del peligro que tienen a la vista; cuando lo han evitado, quedan en reposo; pero a nosotros nos atormenta lo futuro y lo pasado. Muchas de nuestras buenas cualidades nos perjudican; la memoria nos reproduce el tormento del temor, y la previsión lo anticipa. Nadie se aflige solamente por el mal presente. – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.5.9

En el fondo, toda esta serie de análisis relativos al correcto asentimiento, al ejercicio de la Virtud, van encaminados a una línea: La correcta gestión del Vicio con objeto de minimizarlo, y/o hacerlo desaparecer eventualmente. Lo importante, al quitarle completamente el valor moral a todo aquello ajeno a nuestro control, lo que conseguimos, es disociarnos del pasado y del futuro: Dos variables que a su misma vez, son moralmente indiferentes, dado que estan asociadas a algo fuera de nuestro control. Porque según los preceptos estoicos, lo único que esta bajo nuestro control, vive en el presente.

Por eso, pese a que podamos dar lo mejor de nosotros mismos, en relación a ciertos indiferentes, podamos adquirirlos como bienes materiales, o podamos preservarlos, quereros, protegerlos y amarlos, todos estan atados al tiempo. Y el tiempo tiene la bondad y la maldad de destruirlos. Pero esa bondad y maldad, como valor moral, no nos pertenece a nosotros. No es nuestro bien y nuestro mal, o al menos no nos corresponde a nosotros decidir si son bienes o males. Porque como ya vimos mucho tiempo atrás, según la propuesta (meta-)física del estoicismo, el verdadero motivo de que algo ocurra, transciende más alla de lo que nuestros sentidos son capaces de percibir.

Y a veces parece que los animales son completamente conscientes de esto. Solo reaccionan en base a lo que se les presenta a nivel presente. Lo futuro y lo pasado les resulta completamente indiferente, al menos, a nivel moral (y recordemos que los animales, al igual que nosotros, también tienen memoria, pero no parece afectarles, salvo en el momento presente que les evoca esa reacción instintiva): Nunca veremos un perro aterrado, depresivo, porque tiene miedo a que lo mismo un día se cansen de él y lo abandonen. Pero nosotros, humanos, si tememos que lo mismo un día nos despidan del trabajo, no podamos pagar la hipoteca, y acabemos indigentes en la calle.

Creo que esto en el fondo, es lo que Séneca nos pretende trasmitir como conclusión en este último fragmento.

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