Seneca. Epistolas Morales a Lucilio. Libro 1. III-IV [DIA 136]

Séneca. Epístolas Morales a Lucilio – Libro I – Epístola III

Después de la amistad, todo se debe creer; antes, todo debe deliberarse. Gentes hay que, invirtiendo el orden y en contra de los preceptos de Teofrasto, examinan después de amar, y cesan de amar cuando han examinado. Medita largamente si debes recibir en amistad a alguno, y cuando hayas resuelto hacerlo, recíbele con el corazón abierto, y habíale con tanta confianza como a ti mismo.  – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.3.2

Uno de los temas que suele salir más recurrentemente en entornos relativos al Estoicismo, suele ser el tratamiento de la relación entra las personas como indiferentes. En esta ocasión claramente podemos ver algunas diferencias entre el planteamiento de Séneca y Epicteto en cuanto al tratamiento específico de los amigos.

Si recordamos, pocas semanas atrás, en el último pasaje, del cuarto libro, Epicteto hablaba, sobre como una persona con principios estoicos, debía tratar aquellas cosas que comentaba con terceros. La cuestión aquí, es que en ambos casos parece tratar, que clase de relación “comunicativa” ha de llevar uno con sus amistades, que temas deben de quedar para uno, y cuales pueden ser trasmitidas de forma prudencial. Aquí parece que en ambos casos, el tema de la “amistad” se traduce como en una especie de vínculo informativo, más que en un vínculo afectuoso.

Dejando al margen en este caso el vínculo afectuoso, que si es cierto que Epicteto trata con más profundidad en el Pasaje 22 del Libro segundo aquí Seneca, de momento, solo da unas pinceladas, sobre la parte de carácter más informativa/divulgativa en cuanto a lo propio se refiere. Son dos polos opuestos para una misma moneda, que particularmente nunca deja de sorprenderme, dado que en teoría pretenden encuadrarse dentro de un contexto estoico en ambos casos (aunque en el fondo, ninguno hace mención específica, que esto estuviera en boca de estoicos antiguos, por lo que esta asunción suele ser errática).

Dicho de otra manera. Cuando alguien pregunta: ¿Que opinión les merece esta cuestión moral en relación a como tratar cierta información con familia y/o amigos desde una perspectiva estoica? Y la respuesta: “Según Séneca en la tercera Epístola a Lucilio, dice así…; es una objeción muy imprecisa en el fondo de cara a darle un significado estoico”. Más bien lo apropiado sería decir: “Séneca opinaba esto, pero no es necesariamente una opinión estoica, yo personalmente puedo opinar esto otro, porque en ambos casos son asunciones morales, no contenidas estrictamente en la base del estoicismo

Y siguiendo en la línea, esta cuestión me sirve para sacar a colación un error que bajo mi punto de vista, se ha venido usando para ilustrar el estoicismo como una forma moral de vida, cuando en el fondo, y como ya he repetido una ingente cantidad de veces; si nos centramos en los preceptos extraídos de la base filosófica del estoicismo, la filosofía en cuestión propone una base de moral vacía en el que el nivel de “sabiduría” (Sophia, Σoφíα) es totalmente dependiente del nivel de conocimiento presente de cada individuo (epistḗmē, ἐπιστήμη). Bajo mi punto de vista, es imprescindible sacar este tema regularmente, porque veo que la mayoría de las discusiones en línea, suelen discurrir sobre temas morales, lo que no tiene sentido alguno. Y como cualquier otro de las decenas de ejemplos que vamos a ver, es el caso de esta epístola.

En adelante veremos, como dos estoicos “renombrados”, tratan un mismo tema de una forma completamente diferente.

Inspira deseos de engañar el temor de ser engañado, y parece se concede el derecho de cometer falta a aquel que se supone capaz de cometerla. ¡Cómo! ¿He de contener mis palabras en presencia de mi amigo? ¿Por qué no he de considerarme solo cuando estoy con él?.  – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.3.3

Tratando específicamente la posición de ambas partes lo desgloso a continuación:

  • Por un lado Séneca plantea el tema de la divulgación de la información en la amistad de una manera completamente abierta. Es decir, si has elegido cuidadosamente a alguien como tu amigo, cuéntale todo como si te lo contaras a ti mismo. Has de tener máxima confianza en este sentido. Lo veo bien, porque si tenemos en cuenta el concepto de de Integridad dentro de la Virtud, debemos ser conscientes que en el fondo, ¿qué no podríamos contar a cualquiera, sobre nosotros mismos, si en el fondo no debería existir acción que no pudiera ser contada en el fondo? Pero claro, esto se aplica tanto a enemigos como a amigos como quien dice; si nadie puede utilizar nada en nuestra contra por el alto grado de integridad al que sometemos nuestras decisiones en el día, ¿no debemos ser transparentes en consecuencia? Pero creo que Séneca genera una contradicción aquí, porque realmente deja caer la necesidad de que solo deben ser contadas las cosas a un amigo que hayamos elegido cautelosamente, y a nadie más. Con lo cual en el fondo, tiene una doble moral. Nada que reprochar, dado que la moral en cualquiera de sus formas necesariamente siempre genera un doble estándar a largo plazo, tal y como ya comentaba en un caso práctico que comente un tiempo atrás.
  • En cambio Epicteto, es significativamente más solido en este aspecto. Para Epicteto no hay buen amigo o enemigo al cual se le deba contar todo necesariamente. Porque para Epicteto, al igual que para los antiguos estoicos, la Virtud es binaria: O se tiene o no se tiene. Y nadie la tiene en el fondo. Con lo cual, nuestro “vicio” está siempre ahí aunque trabajemos en alcanzar un mayor grado de Integridad en su reducción hasta su eliminación. Mientras tanto: ¿Quién en el fondo merece ser receptor de información proveniente del vicio mismo? Para Epicteto, nadie. Y para mi personalmente, esto tiene mucha más lógica que lo anterior.

Claramente se observa como Séneca plantea lo que todo el mundo quiere oir: “Se buen amigo de tus amigos y comparte tus confidencias“. Epicteto, por el contrario, mucho más en una postura “individualista” del Prokopton, dice lo que nadie quiere oir: “Guárdate tus historias, no requieras a un confidente para calmar tu imperturbabilidad, esclavo, solo tu tienes la llave para avanzar en tu vicio”. 

Séneca. Epístolas Morales a Lucilio – Libro I – Epístola IV

¿No crees que puede hacer la virtud lo que hace poderosa preocupación? No puede tener vida tranquila quien solamente piensa en prolongarla y cuenta entre sus bienes más grandes el número de cónsules que ha visto.  – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.4.4

En esta siguiente Epístola, Séneca trata el tema del temor a la muerte con una perspectiva estoica bastante encomiable. Como bien dije en la introducción a los pasajes, de Séneca se puede leer ese binomio constante de Moral-Estoica/Principios-Estoicos, de una manera prácticamente sistemática. Por eso realmente, ofreciendo este tipo de comentarios a los textos estoicos, a modo de meditación personal en esta página, parecerá que me encuentro muchas veces, en una especie de bipolaridad filosófica por mi parte. En cierto grado esto es correcto dado que estaré observando pasajes muy interesantes, y otros altamente confusos y de poco interés particular.

En este caso, este pasaje en cuestión es uno de los que merece la pena. Para empezar Séneca plantea el significado de la muerte con unas pocas pinceladas; unas líneas antes dice: “Nunca es grande el mal cuando es el último que debe llegar“. Dicho de otra forma: ¿Cómo podemos tachar de algo malo, algo que necesariamente va a pasar? No puede tener vida tranquila quien solamente piensa en prolongarla. Cuando alzamos como bienes (o males), lo que es indiferente, y peor aun, inevitable, y esto condiciona a la buena (o mala) vida, ¿cómo uno puede esperar vivir una vida tranquila?. Solo lo que proviene de la Virtud debería ser lo único condicionante, para configurar y pensar algo, como un bien o un mal: “Solo lo que proviene de la Virtud puede traer la preocupación

  • ¿Estoy  haciendo las cosas inapropiadamente? Si
  • ¿Depende de mi albedrío? Si
  • Entonces preocúpate, porque esto si es verdaderamente algo malo y puedes cambiarlo

Ningún bien aprovecha a quien lo posee, si no está decidido a perderlo cuando sea necesario. Ahora bien: nada puede perderse con menos sentimiento, que aquello que no puede desearse después de perdido. Debes endurecerte contra todas las desgracias que puedan sobrevenir, hasta contra las más grandes.  – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.4.6

Quizá esta frase es la que más me gusta de la epístola: Debes endurecerte contra todas las desgracias que puedan sobrevenir, hasta contra las más grandes. Un claro llamamiento a la práctica estoica. ¿Cómo? Teniendo las cosas claras y practicando la Askesis en consecuencia (tema que me gustaría volver a comentar con detalle próximamente, porque es algo que he estado revisando en estas últimas dos semanas). Ojo: la Áskēsis (ἄσκησις), es la raíz de “Ascesis-“, de la que viene el termino “ascetismo” (práctica de la Askesis). El ascetismo a veces suele confundirse con vivir en la pobreza, o en la miseria cuando en realidad, la práctica ascética no es ni más ni menos que la práctica de una autodisciplina férrea. Muchos nuevos seguidores del estoicismo, plantean que el ascetismo es algo exclusivamente propio de filosofías como el Cinismo y el Epicureanismo. En parte existe cierta razón porque en el fondo, lo importante no es tanto como se práctica, sino el porque se práctica. Y los cínicos/epicúreos, no lo practican por lo mismos motivos que los estoicos.

En los pasajes de Séneca, podremos ver esta práctica de manera mucho más desglosada que con el resto de los autores estoicos, lo que abre muchas cuestiones: ¿Realmente los estoicos recomendaban estas prácticas de manera tan explicita, o son propuestas de Séneca para hacer una adaptación más específica de esa propuesta genérica de “ascesis” estoica? Esto es un tema muy interesante que me gustaría ir desglosando a través del análisis procedimental que ire haciendo a estas epístolas en los próximos meses.

Porque te aseguro que marchas a la muerte desde el día en que naciste. Necesario es, pues, alimentar nuestro espíritu con otras consideraciones, si queremos llegar plácidamente a esa última hora cuyo miedo perturba todas las demás.  – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.4.9

En este caso si vemos claramente un elemento común entre Epicteto (como vimos en el pasaje 26 del tercer libro) y Séneca: La muerte es el miedo supremo que alimenta a todos los demás miedos que tenemos en la vida. Por esos muchos filósofos no estoicos, plantean que el hecho de perder esencialmente, el miedo a la muerte, simboliza perder el miedo a todo de manera directa: “Muerto el perro, se acabó la rabia“.

«La pobreza que está conforme con la ley de la naturaleza es grande opulencia.» ¿Sabes en qué consiste esta ley? En preservarnos del hambre, de la sed y del frío. Para evitar estas cosas no es necesario mostrarse asiduo a las puertas de los grandes, ni exponerse a su huraño desprecio o a su negligente urbanidad: no es necesario surcar los mares ni seguir los ejércitos.  – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.4.10

Y es que precisamente, en este fragmento, al igual que el pasaje III.26 mencionado anteriormente de las Disertaciones con Arriano de Epicteto, también saca a la luz el tema de la percepción de la pobreza como indiferente (rechazado en el caso de Séneca, indiferente cualquiera en el caso de Epicteto): La necesidad de entender que está conforme a la naturaleza más esencia (lo propio del Oikeion) a lo que resulta verdaderamente una acción apropiada o no apropiada: Que la motivación que nos lleva a hacer cosas, no este basada en un principio de indiferentes morales.

Esto que nos haga cuestionarnos: ¿Realmente muchas de las cosas que hacemos, nos llevan o están motivadas por una creciente Virtud, excelencia de carácter, vivir de acorde a la Recta Razón? ¿O realmente lo que en el fondo nos mueve es alcanzar un mayor bienestar, mejores y posesiones más opulentes, o un mayor grado de fama y reconocimiento?. Para terminar, recordemos: las palabras de Epicteto de nuevo:

¿Verdad que no soy cuerpo, hacienda, fama? Ninguna de esas cosas, sino ¿qué? Soy un ser racional. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.6.26

 

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