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Estoicismo – Meditaciones Estoicas 20 siglos después.

disciplina de la acción

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes I Parte 3 [DIA 116]

Como ya venía comentando el último día unas semanas atrás, para Epicteto toda la libertad del alma pasa a través de la Disciplina del Deseo. Y al mismo tiempo forma parte de un deber como parte de la disciplina de la acción. Es quizá esta una de las grandes razones por la que he tardado tanto tiempo en escribir de vuelta y en al que sigo sumido en la actualidad: La relación existente y disyuntiva entre ambas disciplinas: La del deseo y la de la acción.

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes XXII [CITA ESTOICA] [DIA 110]

Como ya comenté cierto tiempo atrás existe una especie de relación de «amor» y «odio» entre el cinismo, la comunidad estoica y más concretamente algunos estoicos ortodoxos en particular. De hecho este fue el motivo por el cual dieron a Aristón de Quíos a un lado en su momento. Pero en cambio Epicteto mantiene una postura bastante curiosa, y para mi personalmente, increíblemente reveladora. En esta primera parte, el planteamiento de Epicteto es muy sencillo: Mientras que un Cínico viva de acorde a su naturaleza, puede hacer lo que quiera. El problema es que el cinismo está asociado generalmente a la parresia y a esa forma libertaria, de vivir de manera soez de cara al público, siempre revindicando algo. Hacer esto esta bien, pero la pregunta está realmente en si dicha reivindicación se encuentra conforme dentro del concepto de vivir de acorde a la naturaleza o no (al menos desde la perspectiva estoica). En cierto grado, al igual que hicieron los antiguos estoicos, de crear una variación del estoicismo ortodoxo e introduciendo una serie de componentes relativos a la Escuela Peripatética; Epicteto hizo lo propio con el cinismo: Una especie de eclecticismo entre el Estoicismo y el Cinismo, que me parece completamente extraordinario y veremos a continuación.

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes XIX-XX [CITA ESTOICA] [DIA 108]

La primera diferencia entre el particular y el filósofo: el uno dice: «¡Ay mi pobre muchachito, mi pobre hermano; ay, mi pobre padre!», mientras que el otro, si en algún caso se ve obligado a decir «¡ay!», tras esperar un poco añade «¡pobre de mí!». Y es que nada ajeno al albedrío puede poner impedimentos o perjudicar al albedrío, si no es él a sí mismo. Por tanto, si también nosotros nos inclináramos a esto, de modo que, cuando andamos por malos caminos, nos culpáramos a nosotros mismos y recordáramos que nada es responsable de la alteración y de la agitación sino la opinión, os juro por todos los dioses que progresaríamos.

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes XVI-XVIII [CITA ESTOICA] [DIA 107]

Porque la opinión es fuerte, la opinión es invencible en todo. Hasta que cuajen en vosotros esos bonitos conceptos y os hagáis con cierta fuerza, para seguridad, os aconsejo que condescendáis con los particulares con precaución . Si no, cada día se fundirá como cera al sol lo que anotáis en la escuela . Así que llevaos los conceptos a alguna parte lejos del sol mientras sean blandos como la cera. Por eso los filósofos aconsejan también apartarse de la patria. Porque los antiguos hábitos distraen y no permiten que tenga principio otro hábito y no soportamos que los que nos salen al encuentro nos digan: «Mira, Fulano filosofa, el que es tal y cual». Así también los médicos envían a otras tierras y otros aires a los que padecen una larga enfermedad; y hacen bien

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes XII-XIII [CITA ESTOICA] [DIA 105]

No es conveniente para el ejercicio todo lo difícil y peligroso, sino esforzarse por todo lo que hace avanzar hacia el fin propuesto. ¿Y en qué consiste esforzarse por el fin propuesto? En movernos sin trabas en el deseo y en el rechazo. Y eso, ¿en qué consiste? En no frustrarnos en el deseo ni ir a caer en el objeto de rechazo. A esto ha de tender el ejercicio. Ya que tener un deseo infalible y un rechazo libre de eventualidades no es posible sin un ejercicio abundante y continuo, sabe que si les permites desviarse por fuera hacia lo que no depende del albedrío no tendrás ni un deseo que logre su fin ni un rechazo libre de eventualidades. Y puesto que la costumbre nos precede con firmeza, acostumbrados a usar del deseo y del rechazo sólo en ello, es preciso oponer a esta costumbre la costumbre contraria, y en donde haya grandes deslices de las representaciones, allí oponer el ejercicio.

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes VII [CITA ESTOICA] [DIA 102]

Son superiores los bienes de lo mejor o los de lo peor? —Los de lo mejor. —Los bienes del alma, ¿cómo son? ¿Dependientes o independientes del albedrío? —Dependientes del albedrío. —Entonces, ¿depende del albedrío el placer del alma? Respondió que sí. —Y éste , ¿para qué nace? ¿Quizá para sí mismo? ¡Pero eso es impensable! Pues ha de suponerse cierta esencia principal del bien con la cual, al alcanzarla, nos deleitaremos el alma. También en esto estuvo de acuerdo. —¿ En qué, pues, nos deleitaremos respecto a este placer del alma? Pues si es en los bienes, hallada está la esencia del bien; pues no es posible que una cosa sea el bien y otra aquello con lo que nos gozamos razonablemente ni que no siendo bueno lo primordial sea buena la consecuencia

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes II [CITA ESTOICA] [DIA 99]

En este pasaje me resulta de los más destacables de las Disertaciones de Epicteto con Arriano, dado que por primera vez, Epicteto se dirige a sus tres disciplinas de manera directa; la disciplina del asentimiento, la disciplina del deseo y la disciplina de la acción. Y las explica de manera muy sólida y detallada.

Primero define la Disciplina del Deseo como lo relativo a los Deseos y lo rechazado (indiferente); por otro lado a la disciplina de la acción, que en gran medida se refiere a la forma con la que dirigimos nuestra vida y tomamos decisiones, especialmente en relacionado a las expectativas innecesarias. Y finalmente la disciplina del asentimiento que es esa disciplina, que en gran medida todo lo rige, como en el caso de la prudencia con las virtudes cardinales.

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro II. Pasajes XXIV-XXVI [CITA ESTOICA] [DIA 97]

Y este es el último pasaje del Libro II. En este pasaje habla de manera muy escueta también como el anterior,acerca de la incongruencia y lo erróneo según el estoicismo. Pero hemos de tener claro que el Vicio no se encuentra en el desconocimiento, sino en el error de asentimiento con conocimiento adquirido. Esto es importante y algo que generalmente confunde bastante a la hora de determinar que es una acción apropiada de la que no es. Lo que para una persona sea vicioso puede que para otro no lo sea: Ya que es importante destacar que el vicio depende exclusivamente de como un indiferente afecta al Alma o al carácter.

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro II. Pasajes XVI [CITA ESTOICA] [DIA 89]

Hoy voy a reducir un poco la marcha para tratar en exclusiva, uno de esos pasajes de Epicteto que para mi personalmente me resultan especialmente destacable por su contenido, y son de ese tipo que merece la pena leerlos sino una vez por semana, una vez al mes al menos. Me gustaría configurar en un futuro una lista de de todos esos pasajes que para mi son destacables, al menos para uso propio con objeto de tener un sitio al que dirigirme, y poder leerlos regularmente y ayudar en esa práctica del recordatorio de refuerzo.

El pasaje de hoy trata principalmente sobre la práctica y la teoría, y la necesidad de esta primera, para el progreso o el Prokopton, siendo la segunda un símbolo poco apreciado por Epicteto en particular

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