Seneca. Epistolas Morales a Lucilio. Libro 1. V [DIA 137]

Procuremos que nuestro exterior esté conforme con el pueblo y que el interior no se le parezca en nada. Que nuestra toga no sea espléndida ni sórdida. No tengamos platos de oro cincelado, pero no creamos que es prueba de temperancia privarnos de oro y plata en nuestra mesa. – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.5.2-3

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes IX-X [DIA 130]

Cuando veas a otro con un cargo, opón que tú tienes el no necesitar un cargo. Cuando veas a otro con riquezas mira qué tienes en lugar de eso. Pues si no tienes nada en su lugar, eres un desdichado. Y si tienes el no tener necesidad de riqueza, date cuenta de que tienes más y mucho más valioso. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.9.1-2

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Vicio Unico: Refactorizando los Vicios Cardinales [DIA 122]

Cuando empecé a leer los primeros textos estoicos originales, por alguna razón que todavía no tengo muy clara, llegué a la conclusión que solo existía una única Virtud: La Recta Razón. Este pensamiento posiblemente venga de haber leído alguno de los tratados de Aristón, o aún más posiblemente de las sugerencias de Epicteto en sus Discursos. El caso es que como veremos en la meditación del día, incluso Zenón también tuvo en sus orígenes este planteamiento. Pero si hay algo que se mantiene firme durante toda la filosofía es una cosa: Existe una subdivisión del Vicio en 4 apartados: el Dolor, el Afecto, el Deseo y el Miedo. Por eso hoy me gustaría sugerir un nuevo planteamiento fruto de la reflexión: ¿Podría plantearse al igual que en el caso de la Virtud, un Vicio Único?

Y no es solo por una cuestión de refactorizar el planteamiento original, también existe un motivo del que me gustaría introducir hoy para adentrarme en un futuro con más detalle.

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Epicteto. Disertaciones. Libro III. Pasajes XXIV [DIA 112]

En este pasaje, Epicteto trata específicamente sobre la gestión personal de los preferidos indiferentes. No es la primera vez que trata esto, pero aquí deja clara su visión, de una manera más extensiva de lo normal (más cercana al cinismo de lo normal) acerca de los indiferentes morales. En definitiva: Debe existir gran cautela, en cuanto al disfrute de ellos se refiere, conservando la precaución ante la afición desmedida a los mismos, dado que con el tiempo y la costumbre, podemos vernos atrapados por ellos; y ante su perdida, pueden causarnos un sufrimiento innecesario bajo las premisas que predica la filosofía estoica. En este caso, Epicteto recuerda una cosa: Cuando tratamos con indiferentes es necesario tener presente en todo momento un detalle: Se pueden ir en cualquier momento, si son objetos, nos los pueden robar, se pueden romper. Si son personas como en este caso, pueden morir o pueden abandonarnos. Esto en definitiva es la práctica diaria del recordatorio de Impermanencia. Siempre que tratemos con cualquier indiferente, parar por un momento y recitarse un pequeño mantra para recordar esa impermanencia: “Quiero mucho a esta persona, pero esta persona es mortal y se irá algun día”.

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes VII [CITA ESTOICA] [DIA 102]

Son superiores los bienes de lo mejor o los de lo peor? —Los de lo mejor. —Los bienes del alma, ¿cómo son? ¿Dependientes o independientes del albedrío? —Dependientes del albedrío. —Entonces, ¿depende del albedrío el placer del alma? Respondió que sí. —Y éste , ¿para qué nace? ¿Quizá para sí mismo? ¡Pero eso es impensable! Pues ha de suponerse cierta esencia principal del bien con la cual, al alcanzarla, nos deleitaremos el alma. También en esto estuvo de acuerdo. —¿ En qué, pues, nos deleitaremos respecto a este placer del alma? Pues si es en los bienes, hallada está la esencia del bien; pues no es posible que una cosa sea el bien y otra aquello con lo que nos gozamos razonablemente ni que no siendo bueno lo primordial sea buena la consecuencia

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