Moralidad Estoica y su principio de conservacion humana [DIA 58]

Ya vengo desde hace bastante tiempo hablando de ese concepto de Preferidos y Rechazados Indiferentes que me trae de cabeza. Un concepto que quizá para algunos fuera trivial desde el primer momento, pero para muchos otros, como es mi caso, puede conllevar ciertas dificultades para ser concebido de manera integral. Para poder entenderlo más sistemáticamente, es necesario primero conocer un término; La conservación de la especie humana como base de la Moralidad Estoica

La cita Estoica del día

Si se desvía tu prójimo, enséñale amigablemente y hazle ver su negligencia. Pero si eres incapaz de reducirlo, échate a ti mismo la culpa, o ni a ti mismo te culpes. – Marco Aurelio, Meditaciones, Libro X.4

Esta cita es significativa conociendo la situación familiar de Marco Aurelio, con respecto a su hijo Comodo. Sin hacer mucha interpretación hoy he decidido coger el libro con comentarios de Martin Hammond, para ver que opinaba acerca de esta cita. Dice así: “La responsabilidad de educar moralmente a los que lo necesitan, y cita otra parte del texto:

Nada más infeliz que el hombre que lo inquiere todo girando de aquí para allá, que escruta, como dice el poeta, «las profundidades de la tierra», que indaga por conjeturas lo que acontece en el alma ajena, sin acabar de entender que le bastaría sólo aplicarse al dios que habita en su interior y venerarle como es debido. Este culto consiste en conservarse puro de pasiones; de temeridad y de disgusto por aquello que procede de los dioses y de los hombres. Porque lo que viene de los dioses es digno de respeto, por ser obra de sí virtuosa; y lo que viene de los hombres nos es caro a causa del parentesco, si bien a veces no deja de ser, en cierto sentido, objeto de compasión, por su ignorancia del bien y del mal, ceguera no menor que la que nos impide poder discernir lo blanco de lo negro. – Marco Aurelio, Meditaciones, Libro II.13

Si bien, ancha relación tiene con el planteamiento original, Martin Hammond, destaca el hecho de la llamada “ceguera moral” (en cuanto a moralidad estoica se refiere evidentemente). Habla de un estado involuntario, en el que se debe exaltar una responsabilidad, y en la que los “moralmente videntes” deben hacer lo que este en sus manos, para educar a los menos afortunados y así alcanzar una visión más clara. Pone para finalizar y ampliar comprensión, un ejemplo seguido del extracto:

Lo nono, que la mansedumbre es invencible si fuere franca, sin sonrisa burlona, sin hipocresía. Porque, ¿qué te podrá hacer el hombre más violento, si continuares testimoniándole tu benevolencia y si, dada la ocasión, lo amonestares con dulzura, lo instruyeres holgadamente en aquel preciso momento en que intente dañarte?: «No, hijo mío; para otro fin hemos nacido. No me acarreas a mí mal alguno: es a ti mismo a quien dañas, hijo mío». Y hazle ver con delicadeza y de un modo general que ni las abejas suelen proceder así, ni otra especie de animales por naturaleza sociables. Conviene asimismo obrar así sin ironía, sin improperio, sino afectuosamente y sin amargura en el corazón, ni menos como un maestro reprende en pública escuela, ni de forma que suscites la admiración en los circundantes; antes bien, dirígete a él solo, por más que otros se hallen presentes. – Marco Aurelio, Meditaciones, Libro XI.18.9

Experiencias del Día

¿Es deseable señalar cuando otra persona no ejecuta bien algo, poniéndonos en su lugar de como debería ser? Esto es uno de los principios que el estoicismo no predica. Pero se vuelve muy paradójico si hablamos de algo que encontrásemos específicamente en el ámbito del estoicismo; es decir, si en un grupo de discusión estoica, una persona no ejecuta sus acciones de manera estoica. En cierto grado mi experiencia de hoy se centra en este aspecto. Recordamos, al principio del Libro II de las Meditaciones de Marco Aurelio decía así:

Obras, pues, como adversarios los unos de los otros es ir contra la naturaleza: y es tratar a alguien de adversario el hecho de indignarse o apartarse de él.

Creo que esta frase es inspiradora pero puede tener trampa. Invita a pensar que no debemos alejarnos de nadie. Que no es estoico desdeñar a nadie. Ni siquiera a un “Troll” como suele decirse en la jerga digital, o incluso a una persona insolente, o dolosa que tiende a menospreciar o incluso a insultar a la comunidad. Así dice Marco Aurelio:

La condición del pecador mismo es tal que no deja de ser mi pariente, participante, no de mi misma sangre o prosapia, pero sí de una misma inteligencia y de una partícula de la divinidad.

En cierto, grado, si una persona entrara aquí en esta página, con un comportamiento altamente hostil ante el estoicismo y sus participantes. ¿Debería restringirle el acceso? Si tengo una persona en mi día a día que me resulta insultante, entremetido, o insolente , ¿debería esquivarlo y darle a un lado para evitar mi sufrimiento en su presencia? ¿O es una persona que simboliza una oportunidad para ejercer la Virtud? Hoy la meditación del día va encaminada en esa linea en gran medida. La Virtud no es ir haciendo el bien por el mundo y cantando al son de los pajarillos. La Virtud es algo mucho más simple y compleja al mismo tiempo: El correcto asentimiento.

Temática del Día: La importancia del principio de conservación humano para entender la Moralidad Estoica

Entender la moral, sea cual sea, hablemos de moralidad estoica o moral cristiana, o simplemente la moral de cualquier persona fundada en cualquiera que sean los principios, es tan simple como entender una cosa: Que esta bien y que esta mal. La moral esencialmente, es simplemente un juicio. Y como hemos comentado ya varias veces, el juicio viene del mismo sitio: La capacidad rectora, o la capacidad de Asentimiento. Es por eso que realmente lo que nos diferencia a los Seres Humanos del resto de los animales es precisamente eso: La moralidad. Los estoicos parten de la base que los seres vivos no son morales, porque no distinguen del bien y del mal, solo se rigen en base a sus impresiones y a sus impulsos.

Hace ya varios días introduje de manera muy superflua un nuevo concepto: El Supremo Bien. ¿A que hace referencia esto en cuestión?

Para los seres humanos gracias a la facultad rectora somos capaces de distinguir esto, el bien y el mal. La moralidad en cualquiera de sus formas. Esto es lo que nos diferencia y por consiguiente es a lo que podríamos denominar: “Aquello que está de acorde a la naturaleza del ser humano”.

Supervivencia y Conservación Humana y su relación con la Moralidad Estoica

Pero aunque en realidad, seamos conscientes que la moral, en este caso la moralidad estoica de la que hablaremos en adelante, es lo que nos diferencia como humanos; tenemos claro que la moralidad no sirve para sobrevivir. O al menos para que sobreviva el cuerpo.

Si echamos la mente atrás y recordamos el primer párrafo del Enquiridión de Epicteto que decía así y comente justamente el primer día:

Hay ciertas cosas que dependen de nosotros y otras que no. Dependen de nosotros la opinión, las inclinaciones, el deseo, la aversión y, en definitiva, todo lo que son nuestros propios actos. No dependen de nosotros el cuerpo, las riquezas, la reputación, los cargos y, en definitiva, todo lo que no son nuestros propios actos. – Epicteto, Enquiridión, I

Debo destacar justamente ese elemento: El cuerpo. Ese cuerpo al no depender de nosotros, al menos desde la perspectiva entendida del estoicismo, no podría en ninguno de los casos poder simbolizar en si un rasgo propio de la moralidad estoica.

Pero esto contraría fuertemente nuestra creencia y sobre todo nuestra lógica más básica. ¿No estamos aquí acaso para sobrevivir? ¿Para sobrevivir como unidad y sobrevivir como especie a toda costa?. Este es uno de los grandes dilemas que se plantean psicólogos y filósofos durante largos años, con argumentos de apoyo como de estar en contra.

Oikeiosis, auto-conservación humana y base de la Moralidad Estoica

Justamente de aquí surgía ese termino: La Oikeiosis, que en cierto grado como ya vimos hace tiempo, simboliza la pertenencia o la familiaridad. En primera instancia ya comentábamos, que la primera pertenencia o familiaridad que uno dispone, nace fruto del exclusivo conocimiento de nosotros mismos: Reconocer nuestros propios instintos y nuestras propias necesidades desde el mismo nacimiento. De ahí reconocer nuestra necesidad de alimentarnos y por ello automáticamente crear una primera moral muy básica: Comer es bueno, pasar hambre es malo. Y así todas las ramificaciones propias de nuestros primeros instintos frutos de nuestro auto-reconocimiento y con el fin de la auto-conservación; tales como el cobijo, y en consecuencia las inclemencias del tiempo, la defensa ante los depredadores, etc…. Es lo que llamábamos en el origen de la Epistemología, “koinai ennoiai” o nociones comunes.

Es fácil decir, que un león en nuestra presencia es algo malo, porque nos puede atacar y acabar con nuestra vida. Eso forma parte de la moral, al igual que pensar que la lluvia es algo malo sin cobijo porque puede mojarnos y debilitarnos. La cantidad de “conocimiento” que podemos llegar a adquirir en base a nuestras impresiones e impulsos es tal, y del mismo nivel, que un animal cualquiera incluso también podría llegar a concebir.

Pero nuestro conocimiento no para de crecer ahí. Nosotros disponemos así mismo de la capacidad inferencial de aprender y en consecuencia, crear moral; sin haber vivido algo, por relación de otros elementos, sacar conclusiones. Es posible que nunca hayamos visto el peligro de un tigre, pero dada la semejanza del animal a un león, que si podríamos haber visto, es fácil entrever que cataloguemos al tigre como malo en términos de peligrosidad. Como seres humanos nuestra auto-conservación, y en consecuencia creación de moralidad prácticamente no tiene límites. Hasta el punto de ir por la calle andando y encontrarnos a una persona cualquiera y desconocida de frente, y decir que es mala o buena, basada en un millón de inferencias previas.

Aquí podemos empezar a entender levemente la grave implicación del juicio en nuestra auto-conservación.

Para el ser humano. ¿Es suficiente con sobrevivir? La Moralidad Estoica nos dirige hacia nuevos planteamientos

Los niveles que puede llegar a alcanzar la moral humana, como comentaba, no tienen limites. Y es por ello que una moral simplista no tiene cabida en nuestros cerebros aunque nos empeñemos en ello. Porque es imposible disponer de una moral con estas características; por naturaleza humana, estamos destinados a desarrollar inferencialmente una moral altamente compleja en base a nuestra moralidad pasada y conforme vayamos asentando una base epistemológica significativa.

Es por ello que la moralidad estoica trata justamente de eso; de replantear nuestra base epistemológica (base de conocimiento), de cara a que nuestra moral futura sea guiada hacia uno u otro camino

Esta es la razón, por la que la mayoría de las personas optan dirigir sus vidas, por algo mucho más moralmente importante; que el simple hecho de que sus vidas queden amenazadas y expuestas. Es por ello que las personas luchan por ejemplo, por una libertad de expresión, a expensas de su muerte, solo para no verse como esclavos. Pero igualmente, también es cierto que ese componente y base epistemológíca fundamental del “koinai ennoiai” siempre esta ahí, y es la misma razón por la cual, es posible no hacer nada más allá de ella en absoluto. Nada que atente contra nosotros, si esto podría afectar a nuestra auto-conservación. Pero hay que entender que sea cual sea la posición que adopte la moral; sea de completa auto-preservación como un conejo, o altamente dirigida hacia aspectos que nada tienen que ver con la auto-conservación; el resultado nos dará un estado mental en relación a los sucesos que vayan sucediendo en nuestras vidas.

Por ejemplo; no es lo mismo que uno, en su afán de auto-preservarse a toda costa, sienta la vida de uno continuamente amenazada, que por el contrario, en su máxima indiferencia ante la auto-preservación, no sea capaz de sentir amenaza ninguna. Esta diferencia puede simbolizar algo tan simple como alcanzar un estado de paz cercano o distante. Un estado de alerta infrecuente, o constante. He aquí donde se deposita la filosofía y la moralidad estoica. Dice así Epicteto encompasando esta temática:

Y luego, cuando tuvo que defenderse para vivir, ¿verdad que no se comportó como quien tiene hijos, ni como quien tiene mujer, sino como quien está solo? Y cuando tuvo que beber el veneno, ¿qué? ¿cómo se comportó? Pudiendo salvarse, cuando Critón le dijo: «Vete, por tus hijos», ¿qué respondió? ¿Lo consideró una suerte? ¿De qué? Sino que mantuvo la compostura y no miró lo otro ni lo tuvo en cuenta. Pues no quería —dijo—salvar el cuerpecillo, sino aquello que con la justicia crece y se mantiene a salvo y con la injusticia disminuye y se estropea. No se salva de manera vergonzosa Sócrates, el que no votó cuando lo mandaban los atenienses, el que despreció a los tiranos, el que tantas cosas dijo sobre la virtud y la honradez. Ése no puede salvarse de manera vergonzosa, sino que se salva muriendo, no huyendo. También el buen actor, callando cuando debe, sale mejor parado que recitando inoportunamente. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.1.162-165

En este caso, Epicteto deja claro algo; para el ser humano no es suficiente con sobrevivir. De hecho la supervivencia pese a estar implícito en nuestro conocimiento original, dado el grosor del conocimiento que nuestro cerebro acaba asimilando a lo largo de los años; debe pasar a un rol muy secundario. Como Socrates sugería: “Vivir bajo un sistema consistente de principio acaba siendo mucho más importante que vivir sea cual sea el precio“.

Los Indiferentes: La paradoja de la Moralidad Estoica

En este punto llegamos a un tema complicado y curiosamente, uno de los primeros que tratamos los días iniciales al comienzo de esta página. Cuando hablábamos de la muerte estoica, estaba claro que si alguien llevaba a tomar la determinación de acabar con su vida, o bien con la de otra persona, conforme o no a la Virtud; estaríamos apelando a algo más que una mera supervivencia. Es el caso de Catón El joven, que se suicidó para no vivir en un imperio subyugado a Julio Cesar, Séneca y Sócrates, que se suicidaron por orden superior como una forma honorífica y voluntariosa de acabar sus últimos días; y también, como Diogenes Laercio suscita, que tanto Zenón como Cleantes, dos de los primeros estoicos, acabaron en el mismo final.

¿Es posible que alcanzar tal grado de moralidad estoica, trivialice significativamente la vida y acerque sustantivamente el suicidio?

Esta claro, que desde la perspectiva estoica, el cuerpo y por ende la vida son indiferentes. He aquí por tanto el verdadero núcleo de la moralidad estoica, y por consiguiente, el suicidio es tan trivial como la vida misma. Porque hay algo por encima: La Virtud. Aunque si sea cierto, que el suicidio en la actualidad es todo, menos virtuoso en los países occidentales.

En los próximos días quiero volver a dar una nueva perspectiva sobre este tema, con nuevas implicaciones y nuevas formas de aglutinar todos estos conceptos vistos a lo largo de las ultimas semanas; aprovechando todos esos conceptos como la importancia de la auto-conservación, la Física Estoica y el determinismo, la Lógica y Epistemología y sobre todo, la Ética que es donde todo acaba confluyendo; eminentemente la parte más real y práctica de toda esta historia.

En cierto grado al final, el objetivo es entender por qué realmente merece la pena ejecutar todas esas prácticas que comentaba el primer día. ¿Cual es la razón de ser de tanto esfuerzo? ¿Cual es la razón de ser de adherirse a tanto sufrimiento?

Parece que finalmente, tras dos meses guiándonos a través de toda la teoría todo parece confluir en uno de los puntos de origen. Aunque siguen algunas puertas abiertas, creo que el camino ya está forjado;, y solo queda seguir andando hacia adelante para desvelar todos los entresijos que conforman la realidad de la Ética y la moralidad estoica.

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