Seneca. Epistolas Morales Lucilio. Libro 2. XVI-XVII [DIA 145]

Sé, querido Lucilio, que estás convencido de que no es posible vivir felizmente, ni siquiera de manera tolerable, sin el estudio de la sabiduría; que la sabiduría perfecta hace dichosa la vida, y que hasta se dulcifica mucho en cuanto se empieza este estudio. – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro II.16.1

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Seneca. Epistolas Morales a Lucilio. Libro 2. XIV-XV [DIA 144]

Obremos, pues, como sabiendo que no debemos vivir para el cuerpo, pero que no podemos vivir sin él. Cuando se le ama demasiado, nos agita el temor, nos agobian los cuidados y estamos expuestos a mil disgustos. El que adora a su cuerpo, no aprecia lo honesto como debe. Convengo en que se le ha de cuidar, pero a condición de abandonarle al fuego, cuando así lo pidan la razón, la dignidad y la fe. – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro II.14.2

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Seneca. Epistolas Morales a Lucilio. Libro 1. X-XI [DIA 141]

Dícese que Crates, que era discípulo de Estilpón, de quien acabo de hablar, habiendo encontrado un joven que paseaba aisladamente, le preguntó qué hacía tan solo. «Hablo conmigo mismo,» le contestó; a lo que replicó Crates: «Cuida mucho de no encontrarte en mala compañía.». – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.10.1

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes VIII [DIA 129]

«Ése se baña deprisa». ¿Es que hace mal? Desde luego que no. Sino, ¿qué? Que se baña deprisa. «Entonces, ¿está todo bien?» De ningún modo, sino que lo que procede de opiniones correctas, bien, y lo que de malas, mal. Pero tú, hasta que te enteres de la opinión por la que alguien hace cada cosa, ni alabes la acción ni la censures. Un parecer no se juzga fácilmente por lo exterior. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.8.1-3

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes IV [DIA 125]

Recuerda que no sólo el ansia de poder y riqueza nos hace viles y subordinados a otras cosas, sino también el ansia de calma y ocio y viajes y letras. Sencillamente, sea lo que sea lo exterior, su aprecio nos subordina a otra cosa. ¿Qué diferencia hay entre desear ser senador y desear no serlo? ¿En qué difiere desear cargos o ausencia de cargos? ¿Qué diferencia hay entre decir «me va mal, no tengo qué hacer, sino que estoy atado a los libros como un muerto» y decir «me va mal, no tengo tiempo de leer»?. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.4.4

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Vicio Unico: Refactorizando los Vicios Cardinales [DIA 122]

Cuando empecé a leer los primeros textos estoicos originales, por alguna razón que todavía no tengo muy clara, llegué a la conclusión que solo existía una única Virtud: La Recta Razón. Este pensamiento posiblemente venga de haber leído alguno de los tratados de Aristón, o aún más posiblemente de las sugerencias de Epicteto en sus Discursos. El caso es que como veremos en la meditación del día, incluso Zenón también tuvo en sus orígenes este planteamiento. Pero si hay algo que se mantiene firme durante toda la filosofía es una cosa: Existe una subdivisión del Vicio en 4 apartados: el Dolor, el Afecto, el Deseo y el Miedo. Por eso hoy me gustaría sugerir un nuevo planteamiento fruto de la reflexión: ¿Podría plantearse al igual que en el caso de la Virtud, un Vicio Único?

Y no es solo por una cuestión de refactorizar el planteamiento original, también existe un motivo del que me gustaría introducir hoy para adentrarme en un futuro con más detalle.

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Contradicciones Estoicas: Dilema filosófico Parte I [DIA 117]

Hace ya tres semanas que no escribo nada en esta página y existe una razón bastante importante que hoy he tomado la decisión de explicar a fondo, pese a que todavía no tengo pleno convencimiento sobre la materia: El enorme dilema que encontré en la actualidad por causa de una serie de contradicciones estoicas que observado desde el inicio de mi andadura.

Más en detalle existen tres contradicciones estoicas que quiero tratar de manera individual y en el futuro poder seguir ampliando, incluso quizá resolviendo, o sirviendo como base de una posible alternativa al estoicismo incluso que no tenga que ser necesariamente esta filosofía en particular como alguna de las propuestas realizadas por los Estoicos Modernos. Es importante destacar que existe un alto grado de posibilidad errática en mis palabras y es por ello que quiero aprovechar esta introducción como aviso dado que eventualmente sigo trabajando y leyendo diariamente para despejar todas las dudas que me han venido surgiendo.

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes I Parte 2 [DIA 115]

En esta primera parte, Epicteto vuelve a recordar que ni los que buscan el poder, las riquezas, ni ningun preferido indiferente, y menos quien lo posee, será realmente libre. Esto se alinea bastante, con el popular dicho de que realmente el dinero no “compra” la libertad. Suele decirse que la justicia solo favorece a los ricos. Pero siempre hablamos de lo que en su día comente que se denominaba, “justicia positiva” o justicia artificial creada por los hombres para convivir en sociedad. Pero esta justicia ya he comentado varias veces, que poco o nada tiene que ver realmente con la Virtud cardinal de la justicia (la razón de la adecuada distribución) y mucho menos con la libertad tal como la propone Epicteto.

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Epicteto. Disertaciones. Libro III. Pasajes XXV-XXVI [DIA 113]

Siguiendo en la línea del último día, este pasaje me resulta muy interesante, puesto que hace un análisis breve, de justamente un tema que me venía resintiendo en los últimos días: La dificultad de mantenerse a algo cuando la adversidad es grande y los resultados son pequeños. Epicteto hace constantemente referencia a la necesidad de generar un hábito como podemos leer aquí. En gran medida la filosofía de Epicteto pasa por un proceso alto de habituación. Y evidentemente el hábito se adquiere a través de la repetición.

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Epicteto. Disertaciones. Libro III. Pasajes XXIV [DIA 112]

En este pasaje, Epicteto trata específicamente sobre la gestión personal de los preferidos indiferentes. No es la primera vez que trata esto, pero aquí deja clara su visión, de una manera más extensiva de lo normal (más cercana al cinismo de lo normal) acerca de los indiferentes morales. En definitiva: Debe existir gran cautela, en cuanto al disfrute de ellos se refiere, conservando la precaución ante la afición desmedida a los mismos, dado que con el tiempo y la costumbre, podemos vernos atrapados por ellos; y ante su perdida, pueden causarnos un sufrimiento innecesario bajo las premisas que predica la filosofía estoica. En este caso, Epicteto recuerda una cosa: Cuando tratamos con indiferentes es necesario tener presente en todo momento un detalle: Se pueden ir en cualquier momento, si son objetos, nos los pueden robar, se pueden romper. Si son personas como en este caso, pueden morir o pueden abandonarnos. Esto en definitiva es la práctica diaria del recordatorio de Impermanencia. Siempre que tratemos con cualquier indiferente, parar por un momento y recitarse un pequeño mantra para recordar esa impermanencia: “Quiero mucho a esta persona, pero esta persona es mortal y se irá algun día”.

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