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Estoicismo – Meditaciones Estoicas 20 siglos después.

Cinismo

AforismosMeditacionesSeneca

Seneca. Epistolas Morales a Lucilio. Libro 2. XIII [DIA 143]

El atleta que no ha sido vencido todavía no puede llevar grandes bríos al combate; estos bríos solamente son propios de aquel que ha derramado su sangre y a quien han roto los dientes; que arrojado al suelo, ha sostenido a su enemigo sobre su cuerpo, y que sin desfallecer se levantó más valeroso que antes y volvió a la lucha lleno de esperanza. – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro II.13.2

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AforismosMeditacionesSeneca

Seneca. Epistolas Morales a Lucilio. Libro 1. VI-VII [DIA 138]

Si se me ofreciese la sabiduría a condición de tenerla oculta y no comunicarla a nadie, la rechazaría. – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.6.4

Empiezo esta Epístola con un fragmento que podría no tener relación alguna con la temática de la misma, pero que si surte efecto como un epílogo. En este sentido, y de manera muy semejante a como vimos unos días atrás, con una epístola parecida, relativa a la confianza con los amigos, para Séneca queda patente que su relación es claramente diferente al resto de los Estoicos, y en gran medida lo establece casi como un bien. Cuando revisábamos todas la Disertaciones con Arriano de Epicteto, se pudo observar como de manera diferente, Epicteto advertía, que aunque esté bien estar rodeado de buena compañía (y en Marco Aurelio también se ve esto), y que de hecho, debemos confiar en la misma; no debemos asumir ni priorizar nunca esto por encima de la Virtud: Por el contrario, en este pasaje veremos que Séneca casi dice exactamente lo contrario (aunque evidentemente esto esta abierto a interpretación, y seguramente otra persona que lo leyese sacaría una conclusión totalmente opuesta). En unas Epístolas, más adelante, Séneca matizará esto un poco, aunque seguirá dándole ese cariz especial, que ningún otro estoico hace de manera semejante.

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AforismosMeditacionesSeneca

Seneca. Epistolas Morales a Lucilio. Libro 1. III-IV [DIA 136]

Después de la amistad, todo se debe creer; antes, todo debe deliberarse. Gentes hay que, invirtiendo el orden y en contra de los preceptos de Teofrasto, examinan después de amar, y cesan de amar cuando han examinado. Medita largamente si debes recibir en amistad a alguno, y cuando hayas resuelto hacerlo, recíbele con el corazón abierto, y habíale con tanta confianza como a ti mismo.  – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.3.2

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AforismosDisertaciones – Libro IVEpictetoMeditaciones

Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes VIII [DIA 129]

«Ése se baña deprisa». ¿Es que hace mal? Desde luego que no. Sino, ¿qué? Que se baña deprisa. «Entonces, ¿está todo bien?» De ningún modo, sino que lo que procede de opiniones correctas, bien, y lo que de malas, mal. Pero tú, hasta que te enteres de la opinión por la que alguien hace cada cosa, ni alabes la acción ni la censures. Un parecer no se juzga fácilmente por lo exterior. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.8.1-3

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AforismosDisertaciones – Libro IVEpictetoMeditaciones

Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes VI [DIA 127]

—Entonces, ¿estás preparado para convencer al vulgo de que, en efecto, ninguna de esas cosas es un mal, sino que es posible ser feliz pobre, sin cargos y sin honores, o para mostrarte a ellos rico y poderoso? Porque, de esos dos caminos, el segundo es propio de un fanfarrón, insignificante y que no vale nada. Y su consecución mira por qué medios llegaría: tendrás que usar esclavos y conseguir algo de vajilla de plata y, si es posible, mostrar la misma muchas veces donde se vea y procurar que no se note que es la misma, y vestimentas radiantes y las demás pompas y hacerte ver honrado por los notables e intentar cenar con ellos o, por lo menos, que parezca que lo haces. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.6.4

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AforismosDisertaciones – Libro IVEpictetoMeditaciones

Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes I Parte 3 [DIA 116]

Como ya venía comentando el último día unas semanas atrás, para Epicteto toda la libertad del alma pasa a través de la Disciplina del Deseo. Y al mismo tiempo forma parte de un deber como parte de la disciplina de la acción. Es quizá esta una de las grandes razones por la que he tardado tanto tiempo en escribir de vuelta y en al que sigo sumido en la actualidad: La relación existente y disyuntiva entre ambas disciplinas: La del deseo y la de la acción.

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