Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro II. Pasajes I-II [CITA ESTOICA] [DIA 82]

Epicteto. Disertaciones Con Arriano – Libro II – Pasaje  I

Quizá parece a algunos paradójica esta afirmación de los filósofos, pero examinemos de todos modos en la medida de nuestras fuerzas si es cierto que hay que hacerlo todo valiente y precavidamente a la vez. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro II.1.1

En este primer pasaje del segundo Libro, Epicteto va a introducir dos aspectos que se tratan mucho en las Éticas Nicomáqueas, la prudencia y el coraje. Y a su misma vez, la templanza. A veces parece que estos términos pueden ir reñidos, especialmente lo prudente y lo valiente; y en este pasaje, Epicteto trata de razonar los motivos de porque no existe contradicción en las mismas visto desde la perspectiva Estoica. Tomás de Aquino sugería, que el coraje sin prudencia era audacia. Pero hay que recordar que para los Estoicos todo es una cuestión de albedrío, de Razón y de correcto asentimiento según profesa su Virtud.

Pues si el mal reside en el mal albedrío, sólo en ello merece ser usada la precaución. Y si lo que no depende del albedrío y no depende de nosotros no nos importa, en eso ha de usarse la valentía. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro II.1.6

Se introduce el hecho de que la precaución ha de usarse ante el mal albedrío. ¿Cual era el mal albedrío? El incorrecto uso de las representaciones, que deriva en el vicio. Esto en esencia es la prudencia. La prudencia solo tiene que ver con la razón. Actuar motivados por una pre-cognición, sobre una presunción, sin información suficiente, siempre va a afectar de alguna forma a nuestro carácter. Esto se da, por el hecho de que esa actuación surgirá espontáneamente de manera viciosa. Es por ello que la prudencia simboliza, actuar pero no de acorde a la presunción, sino de acorde a la lógica; o en su defecto simplemente no actuar movidos en esa dirección y continuar con lo que veníamos haciendo.

Pero por otro lado, surgirán situaciones que no vengan de una pre-cognición, sino de una impresión adecuada, que llevará a un correcto asentimiento donde la prudencia no tenga cabida. Pero puede que esas situaciones no sean preferidas. Actuar ante ellas de manera virtuosa, si significa actuar de manera valiente. Actuar de manera valiente es actuar independientemente de las circunstancias que no dependen de nosotros, y no caer presos de un juicio de valor.

Pues si uno pone la precaución donde hay albedrío y obras del albedrío, al punto, junto con el querer precaverse y para ello tendrá a su disposición el rechazo. Pero si la usa donde las cosas no dependen de nosotros ni de nuestro albedrío , al experimentar rechazo de lo que depende de otros, por fuerza sentirá temor, agitación, inquietud. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro II.1.12

Pero si lo hacemos al revés, es decir, poner precaución donde no hay albedrío, entonces nos predispondremos al rechazo como forma de pasión; y en gran medida, al experimentar un rechazo, nos entrará la turbación en el alma. A continuación pone un ejemplo:

Convendría, por tanto, oponer a la muerte la valentía, y al miedo a la muerte la precaución. Pero, en realidad, sucede lo contrario: a la muerte oponemos la huida y a nuestra opinión sobre ella, el desdén, el desprecio y la indiferencia. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro II.1.14

Ante la muerte, un indiferente, no sujeto al albedrío, poner precaución ante ella, simboliza rechazar forzosamente acciones en la vida, con objetivo de evitarla. Cuanto más rechazo ante este indiferente, más limitación. Evidentemente esto no encaja en el concepto de la razón. Si recordamos de días pasados, al expandir nuestro círculo de pertenencia (Oikeiosis), nos vamos dando cuenta que nuestro locus de control, se expande hasta el punto, en el que aceptamos que todo lo que esta fuera de nosotros no es posible ser controlado, por el simple hecho que existe una simpatía cósmica, la cual no podemos llegar a alcanzar a comprender pero tiene un significado positivo y bello para nosotros.

Por ello anteponer nuestra vida ante la razón, (y ser contrario a la muerte), es decir, precavernos innecesariamente ante ello, supondrá no actuar libremente. Al no actuar libremente nuestro albedrío quedaría coaccionado, y por consiguiente no podríamos ejecutar acciones adecuadas estoicas (katothoma) para conformar correctamente nuestro co-destino. Esto eliminaría en cualquiera de los casos, poder alcanzar cualquier grado de Eudaimonia posible

¿Cuál es el fruto de estas doctrinas? El que ha de ser el más hermoso y conveniente para los verdaderamente instruidos: imperturbabilidad, ausencia de miedo, libertad. Pues en esto no hemos de hacer caso al vulgo, que dice que «sólo a los libres se les ha de permitir la instrucción», sino más bien a los filósofos, que dicen que «sólo los instruidos son libres». – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro II.1.21-22

La libertad, según el estoicismo, se alcanza cuando uno vive ausente de imperturbabilidad. Pero no una imperturbabilidad asociada a los eventos externos, sino a los internos. Para hallar ese punto, es necesario progresar a traves del Prokopton, y pese a que existe parte práctica, también se requiere gran parte del conocimiento. En la época clásica, «el vulgo» sugería que solo los «libres» (los no esclavos) tenían permiso de instrucción, pero Epicteto, como esclavo que fue, invita a pensar, que es en realidad al contrario: Solo los instruidos serán realmente libres.

¿Queréis vivir asustados, tristes, inquietos? —De ningún modo. —Porque nadie asustado, triste ni inquieto es libre, sino que el que se aparta de las tristezas, los miedos y las inquietudes, ése , por el mismo camino, se aparta también de ser esclavo. Entonces, ¿cómo vamos a seguir confiando en vosotros, queridísimos legisladores? ¿Verdad que no permitimos que sean instruidos más que los libres? Pues los filósofos dicen: «No permitimos que sean libres más que los instruidos», esto es, que la divinidad no lo permite. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro II.1.24-25

En la misma línea que lo anterior comentado, nadie que vive mal (viciosamente, falto de razón) es libre. Porque no es una cuestión de vivir como uno desea o solo como uno prefiere, sino vivir exclusivamente de acorde a la razón. Y para vivir de acorde a la razón, es necesario aplicar la Lógica y la ausencia de pasión.

— No más que imperturbable. Porque tú, que puedes hacer dar la vuelta a otros, ¿no tienes ningún dueño? ¿Ni el dinero, ni una muchacha, ni un muchacho, ni el tirano, ni un amigo del tirano? Entonces, ¿por qué tiemblas al ir a dar en una de esas circunstancias?. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro II.1.24-25

La cuestión es que no solo alejándose de los indiferentes, se alcanza la libertad. También es necesario convivir alrededor de los mismos. Uno puede vivir una vida ascética, vivir sin familia, ni amigos ni nada que asocie al afecto, y tampoco sin responsabilidades acordes a terceros, que surja de desarrollar una magistratura o un oficio.  Pero en esa falta de elementos circunstanciales, ¿como realmente se puede probar nuestra razón ante los mismos? Es necesario probar la razón ante todo, tanto lo popularmente asociado a bueno, como lo popularmente asociado a malo, y ver, a través de una correcta y apropiada instrucción, que en ninguno de los casos, realmente se debe juzgar lo bueno ni malo en los indiferentes.

Y así aquella paradoja ya no parecerá imposible ni paradoja, porque al mismo tiempo hay que confiar y precaverse: en lo que no depende del albedrío, confiar, y en lo que depende del albedrío, precaverse. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro II.1.40

Y aquí concluye como inició el pasaje: Hablando de la paradoja del coraje y la precaución. Ante lo que no depende del albedrío hay que confiar, que lo que surja, que lo que ocurre, es por un bien mayor, movido por el Logos Universal.  Pero en cambio, ante lo que si depende del albedrío (elegir), es mejor precaverse y actuar con prudencia y templanza. Es decir, no hay que amilanarse ante las adversidades externas, pero si hay que robustecerse (o volverse antifrágil) ante las adversidades internas.

Es curioso porque en este pasaje, Epicteto trata casi íntegramente, estas supuestas «Virtudes Cardinales» que tan populares son en los libros de Estoicismo Moderno, pero lo enfoca de manera clara y adecuada conforme a la Virtud Estoica. Concluyo que este pasaje es muy buen ideario, para poner un ejemplo cuando surge este tipo de «discusión filosófica al respecto».

Epicteto. Disertaciones Con Arriano – Libro II – Pasaje  II

Si quieres ser respetuoso y honrado, ¿quién no te lo va a permitir? Si quieres no verte obstaculizado ni forzado, ¿quién te forzará a desear lo que no te parece deseable, quién a rechazar lo que no se te muestra rechazable? ¿Y qué? Te amenazará con algo que se considere temible, pero ¿cómo puede conseguir que lo experimentes con rechazo? Por tanto, mientras esté en tu mano el desear y el rechazar, ¿de qué te preocupas? Para ti eso ha de ser el exordio, eso la exposición, eso la prueba, eso la victoria, eso el epílogo, eso la aprobación . – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro II.2.4-7

En este caso, se trata el tema de algunas propiedades naturales del propio Albedrío; el respeto, la honra, el deseo, son cosas que estan dentro de nuestra propia capacidad de decisión. ¿Quien puede forzarnos a ello o en contra de ello, sino somos nosotros mismos a traves de nuestras propias representaciones? El deseo, lo preferido, y lo rechazado, está dentro de nuestro propia capacidad de elección (Prohairesis), por ello está en nuestra mano obrar en consecuencia. ¿De que más hemos de preocuparnos, sino es de gestionar esto lo único que realmente esta a nuestro alcance? ¿No es acaso, la mejor gestión de esto lo único que realmente nos llegaría a aportar verdadera libertad?

Como mi Heráclito, que tenía un asuntillo sobre un campito en Rodas y tras haber mostrado a los jueces que hablaba con justicia, al llegar al final del discurso dijo: «Pero ni os suplicaré ni me importa lo que vayáis a fallar: más sois vosotros los juzgados que yo». Y así echó a perder el asunto. ¿Qué necesidad había? Simplemente, no pidas y no añadas el «y no estoy pidiendo». A menos que sea una ocasión oportuna para irritar a los jueces, como en el caso de Sócrates. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro II.17-18

Epicteto constantemente recuerda, que realmente las demostraciones de valor y Virtud son completamente innecesarias. Uno ha de callar y guardar la opinión «virtuosa», dada la innecesariedad de hacer y decir virtuosamente. La Virtud se muestra por si sola, y sino se observa por terceros, entonces es que no era el momento para el resto y esto es independiente para uno mismo. ¿Que razón de ser tiene la acción de ser razonable, y decir «y estoy siendo razonable»?. Una cuestión de vanidad

Pero si te quedas con la boca abierta por lo exterior, será forzoso que ruedes arriba y abajo según la voluntad del amo. ¿Que quién es el amo? El que tiene poder sobre alguna de las cosas por las que te afanas o que rechazas. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro II.17-18

Si aceptas los indiferentes como valiosos, entonces estarás admitiendo valor en lo externo, y por ende transcionalmente, por pura lógica, acabarás dándote cuenta que tu libertad y albedrío quedará automáticamente desplazada a tu exterior: Es decir aquellas personas que tienen el poder sobre lo externo, tendrán poder sobre ti.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Debe realizar el rompecabezas siguiente. Simplemente coloque las fichas con el raton en su sitio, no hace falta que encaje perfecto y al terminar pulsa en el botón para Confirmar