Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro II. Pasajes XIX-XX [CITA ESTOICA] [DIA 92]

Epicteto. Disertaciones Con Arriano – Libro II – Pasaje XIX

Si alguien me pregunta: tú, ¿a qué dos te atienes? Le respondo: no lo sé. Pero he recibido esta referencia: que Diodoro se atenía a tales; los del círculo de Pantoides, creo, y de Cleantes, a tales otras, y los del de Crisipo, a tales otras. —Y tú, ¿qué? —Tampoco he nacido para eso, para poner a prueba mi propia representación y comparar lo que se dice y formar mi propia doctrina respecto a este tema. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro II.19.5-6

Este pasaje trata sobre como interpretar los planteamientos y las lecturas de los filósofos. Hay que entender que la cantidad de información disponible en aquel entonces era importante (y que decir ahora, que es inconmensurable, aunque no sea específicamente Estoica y muchas dudas sobre la parte más ortodoxa que en aquel entonces si había disponibilidad). Empieza hablando sobre una cuestión filosofía acerca de la que muchos opinan, de diversas formas y con poca comunión, incluso entre los mismos Estoicos. Pero Epicteto deja claro que él no esta aquí para forzar su opinión al respecto como irrefutable. Epicteto es un filósofo estoico que al contrario de otros como Crisipo, apenas se mete a debatir sobre temas lógicos y silogismos complejos; solo rebate todo desde la práctica y el ejemplo personal. Si un filósofo no ejercita lo que profesa, entonces Epicteto lo señala y refuta sus palabras de manera inmediata

De lo existente, unas cosas son buenas, otras malas y otras indiferentes. Buenas son las virtudes y lo que participa de ellas; malas, las maldades y lo que participa de la maldad; indiferente, lo que está entre ambas: la riqueza, la salud, la vida, la muerte, el placer, el dolor. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro II.19.13

Vuelve a hacer otro inciso para recordar que es lo malo, lo bueno y lo indiferente. Es curioso porque como comentábamos días atrás Epicteto en realidad hace hincapié en que solo hay dos tipos de cosas (según su planteamiento basado en la dicotomía del control), lo que esta bajo nuestro control y lo que no. En cambio aquí se ciñe a los parámetros originales del estoicismo con esta subdivisión de las cosas en tres apartados.

¿Qué más da decir eso o que Diógenes en la Ética, o que Crisipo o que Cleantes? ¿Has puesto a prueba algo de ello y te has formado tu propia doctrina? Muestra cómo sueles arrostrar la tempestad. Acuérdate de esta distinción cuando la vela haga ruido y, al ponerte tú a gritar, algún desocupado se te ponga al lado y te diga: «Repíteme, por los dioses, lo que decías antes: ¿verdad que no es ninguna cosa mala el naufragar, verdad que no participa de la maldad?» ¿Verdad que tú cogerás un palo y le sacudirás con él? «¿ Qué nos importa a nosotros y a ti, hombre? ¡Nos estamos hundiendo y tú vienes con guasas!». – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro II.19.15-16

Y aquí hace referencia a lo que comentaba al principio: «Demuéstrame como te comportas ante la adversidad, y con eso sabremos la utilidad y el sentido de tus palabras». Epicteto se basa exclusivamente en la práctica para refutar a uno y a otro; dejando de un lado todo lo teórico y lo lógico, que aunque debe ser conocido y dominado, no es necesario ir verbalizándolo por doquier; como según él sugiere: «No he nacido para eso«. Bajo mi punto de vista es una manera bastante sutil de salir al paso en este tipo de contiendas filosóficas y no requiere mucho razonamiento para salir airoso sin tener que profundizar. Una postura que es muy destacable constantemente, a traves de todos sus textos

Observaos así a vosotros mismos en lo que hacéis , y hallaréis de qué secta sois. Hallaréis que la mayoría de nosotros somos epicúreos y unos pocos peripatéticos, y éstos, relajados . Porque, ¿en dónde sostenéis vosotros de hecho que la virtud es igual a todo lo demás o incluso superior? Mostradme un estoico, si tenéis alguno. ¿Dónde o cómo? Pero que digan las frasecitas estoicas, millares. ¿Y es que esos mismos dicen peor las epicúreas? Y las peripatéticas, ¿no se las saben igualmente de memoria? Entonces, ¿quién es estoico? Igual que llamamos estatua fidíaca a la modelada según el arte de Fidias, así también mostradme uno modelado según las doctrinas de que habla. Mostradme uno enfermo y contento, en peligro y contento, muriendo y contento , exiliado y contento, desprestigiado y contento. Mostrádmelo. Por los dioses, deseo ver un estoico. Pero no podéis mostrarme a nadie modelado así. Mostradme, al menos, uno que se esté modelando, uno con inclinación a ello. Hacedme el favor. ¡No privéis a un anciano [26] de ver un espectáculo que hasta ahora no vio!. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro II.19.20-25

Aquí entra en un tema complejo: Trata de comentar, que en realidad, las formas de vida que proponen los Epicúreos y los Peripatéticos son mas accesibles que la forma de vida que plantean los estoicos. Por ello llamarse a uno estoico es algo complejo, dado que poco o ninguno realmente es capaz de vivir perfectamente de acorde a la doctrina, dado que el listón que se propone es quizá, excesivamente alto.

Los ejemplos que pone Epicteto para ello son simples: «Mostradme uno enfermo y contento, en peligro y contento, muriendo y contento , exiliado y contento, desprestigiado y contento«. ¿Quién realmente ante la enfermedad, ante el peligro, ante la muerte, ante el exilio (dejando atrás familia y posesiones), o ante la burla y desprestigio, podría decir que se mantiene contento, que conserva la Paz Mental o Eudaimonia? Se supone que aquel que cumpliera esto, sería considerado verdadero estoico. Pero yo personalmente no conozco a nadie, que fuera realmente capaz de ello. Para esto se necesitan años, o décadas de entrenamiento; y quizá solo para tener un pequeño atisbo de este nivel de ejercicio de la Razón. En resumen, parece que Epicteto habla de la figura del sabio estoico.

Por ello, Epicteto dice que es más fácil ser Epicúreo, tendiendo hacia el deseo sin más, o Académico, que aunque aceptan la Virtud, y son muy honrosos y morales, admiten que ante determinadas circunstancias nefastas, perdidas de posesiones y demás adversidades, se permita ese sufrir condicional que llegue a perder temporalmente esa «Eudaimonia«. Aristóteles de hecho defendía ciertas emociones como correctas, como la Ira, porque ayudaban a desempeñar mejor en su justa medida. Hay que recordar que los Estoicos plantean que ninguna emoción surgida de un incorrecto asentimiento podría beneficiar de cara a la Eudaimonia en lo más mínimo

En el caso de los Epicúreos, se ejercitan en alcanzar placer principalmente desde el interior a base de ascetismo; y los seguidos, se ejercitan exclusivamente en el desarrollo de la sabiduría (quizá serían como los más Eruditos de la filosofía post-socrática). En cambio los Estoicos, son extremadamente severos en este aspecto y solo al alcanzar ese grado de Razón permanente, es cuando uno podría realmente considerarse estoico y separarse del resto de las categorías. Definitivamente esa postura tan extremista que a tanta gente echaría atrás en su momento (y sigue echando).

Es que ahora yo soy vuestro educador y vosotros ahora os educáis conmigo. Y yo tengo este proyecto: haceros libres de trabas, incoercibles, sin impedimentos, libres, venturosos, felices, con la vista puesta en la divinidad para todo, lo pequeño como lo grande; y vosotros estáis aquí para aprender y ejercitaros en ello. ¿Por qué, entonces, no lleváis a cabo la tarea, si también vosotros tenéis un proyecto como es debido y yo poseo para ese proyecto una preparación como es debido?. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro II.19.29-30

Y para concluir, aquí Epicteto define este es el «proyecto» que va buscando el discípulo estoico: Ejercitar la Razón para alcanzar esos ideales de la Virtud: la libertad en todos los niveles, ergo, Apatheia, Eudaimonia y Ataraxia

Epicteto. Disertaciones Con Arriano – Libro II – Pasaje XX

Así también Epicuro, cuando pretende refutar la sociabilidad natural de los seres humanos, se sirve de lo que quiere refutar. Pues, ¿qué dice? «No os engañéis, hombres, ni os distraigáis ni os disperséis: no hay sociabilidad natural de los seres humanos. Creedme. Los que dicen otra cosa os engañan y se equivocan en sus razonamientos» 97 . ¿Y a ti qué te importa? Deja que nos engañemos. ¿Acaso te librarás de un mal mayor si todos los demás creemos que tenemos una sociabilidad común y que hay que preservarla por todos los medios? ¡Pues mucho mejor y más seguro! Hombre, ¿por qué te preocupas por nosotros, por qué velas por nosotros, por qué enciendes el candil, por qué madrugas, por qué compones tales libros?. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro II.20.6-9

Otro de esos pasajes, en los que critica a otras filosofías como los Académicos y los Epicúreos, pero esta vez de manera frontal argumentando los planteamientos como absurdos. No voy a detenerme demasiado porque no me resulta particularmente relevante.

En el primer caso empieza atacando a los Epicúreos con un argumento muy simple: «Si dices que no te preocupas por nadie y que solo hay que mirarse el ombligo de uno, para alcanzar la paz mental o Eudaimonia como es posible que pierdas tu tiempo constantemente buscando más adeptos? ¿Es que acaso te preocupa la «salud mental» del resto?» Si al filósofo en cuestión de dicha corriente filosófica Epicúrea, le preocupa, entonces no vive de acorde a tus doctrinas; como comentaba en el pasaje anterior, como a Epicteto lo único que le importa es esto de vivir de acorde a lo que uno profesa, por ahí refuta que la doctrina es completamente fútil.

—Hombre, ¿qué haces? ¿Te refutas a ti mismo todos los días y no quieres abandonar esos fríos epiqueremas? Al comer, ¿ a dónde llevas la mano? ¿A la boca o al ojo ? Al lavarte, ¿dónde te metes? ¿Acaso llamas a la olla plato o a la cuchara asador? Si yo fuera esclavo de uno de ésos, aunque fuera menester que me desollara a diario, yo le atormentaría constantemente. —Muchacho, pon aceite en el baño. Yo cogería un poco de salmuera e iría y se la echaría por la cabeza. —¿ Y eso por qué? —Me dio la impresión de que era indiscernible del aceite, parecidísima, ¡por tu suerte! —Dame la tisana. Y le llenaría un plato de encurtidos y se los llevaría. —¿ No te he pedido la tisana? —Sí, señor. Esto es la tisana. —¿ No ves que son encurtidos? —¿ Por qué no tisana? —Toma y huele, toma y pruébalo. —¿ Por qué lo sabes, si los sentidos nos engañan?. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro II.20.28-30

Y para terminar, acaba atacando de la misma forma burlesca a los Académicos. Como profesan que hay que dudar de las impresiones, y que nunca uno esta seguro de lo que tiene delante, porque los sentidos no son fiables, basándose en ese paradigma de que lo que lo que vemos son solo representaciones «virtuales».

Epicteto entra en el argumento diciendo. que entonces, sin tener nunca garantía sobre nuestras impresiones podríamos cometer sencillamente cualquier error cuando accedemos a ciertas cosas. Pero demuestra que en cambio no lo hacemos: Si a uno le piden una cosa en concreta, uno trae esa cosa, porque suele resultar completamente discernible.

Aquí reafirma un concepto básico de la Epistemología estoica de porque esa duda se borra completamente cuando accedemos a las impresiones adecuadas. Esta es el planteamiento epistemológico que sostienen los Estoicos para crear conocimiento y que desecha por completo el planteamiento «dubitativo» constante que manejan los Académicos ante la realidad de la vida, y más adelante los Escépticos que siguen gran parte de las enseñanzas de la Escuela Platónica.

 

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