Seneca. Epistolas Morales a Lucilio. Libro 1. I-II [DIA 135]

Persuádete de que te escribo cosas ciertas: nos arrebatan parte del tiempo, nos lo sustraen o la dejamos perder. La peor de todas estas pérdidas es la que ocurre por negligencia propia; y, si atentamente lo consideras, verás que se emplea considerable parte de la vida en obrar mal, mayor aún en no hacer nada, y toda en hacer lo contrario de lo que se debía.  – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.1.1

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OpenStoic: Nuevo Proyecto de Documentacion [DIA 134]

Muchos habrán podido comprobar que en los últimos días, he venido usando algunas imágenes, con un enlace peculiar en una de las esquinas, haciendo referencia a una nueva página de estoicismo: OpenStoic. En el día de hoy quiero aclarar que significa esto y cual va a ser la motivación llevada adelante en estas últimas semanas para dar a luz a este nuevo proyecto que me servirá particularmente de apoyo para las meditaciones futuras de esta página y simultáneamente, como fuente de documentación pública sobre la filosofía estoica.

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes XII-XIII [DIA 133]

Cuando relajes un momento la atención, no te pienses que la recuperarás cuando quieras, sino ten a mano que, por el error de hoy, por fuerza tus asuntos irán peor en lo demás. Pues, en primer lugar, nace la peor de todas las costumbres, la de no poner atención; luego, la de diferir la atención. Sabe que constantemente estás retrasando para otro y otro momento la serenidad, la compostura, el estar y vivir conforme a naturaleza. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.12.1-2

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Divina Providencia Estoica: ¿Necesidad o Recurso? [DIA 132]

Hoy ha sido un día curioso, en cuanto al tratamiento con los grupos de filosofía estoica se refiere: Después de todo este tiempo, me han expulsado del grupo anglosajón de Estoicismo Tradicional, un grupo que personalmente veía como interesante, porque aportaba una visión religiosa del Estoicismo, especialmente relacionada a la Divina Providencia Estoica, y a lo que evidentemente me atraía un grado de desconcierto diario. Quizá este desconcierto era el que me motivaba día a día a seguir escarbando en esa supuesta religiosidad estoica, en la que no encontraba ni un sustento, que en el fondo diera validez a su reivindicación.

La cuestión es que este evento, me ha dado una oportunidad para salirme un poco de la rutina del análisis de fragmentos estoicos, y en la meditación de hoy, poder reflexionar un poco sobre aquellos conceptos que aun no me quedan claros del todo, acerca de la “teología del estoicismo”; y porque en el fondo creo que ni siquiera los creyentes fervientes tienen una base solida para fundamentarlos.

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes XI [DIA 131]

Dudan algunos sobre si en la naturaleza del hombre está contenida la sociabilidad. Sin embargo, no me parece que éstos mismos duden de que, desde luego, la limpieza sí está contenida y de que si en algo se aparta de los animales es precisamente en esto. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.11.1

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes IX-X [DIA 130]

Cuando veas a otro con un cargo, opón que tú tienes el no necesitar un cargo. Cuando veas a otro con riquezas mira qué tienes en lugar de eso. Pues si no tienes nada en su lugar, eres un desdichado. Y si tienes el no tener necesidad de riqueza, date cuenta de que tienes más y mucho más valioso. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.9.1-2

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes VIII [DIA 129]

«Ése se baña deprisa». ¿Es que hace mal? Desde luego que no. Sino, ¿qué? Que se baña deprisa. «Entonces, ¿está todo bien?» De ningún modo, sino que lo que procede de opiniones correctas, bien, y lo que de malas, mal. Pero tú, hasta que te enteres de la opinión por la que alguien hace cada cosa, ni alabes la acción ni la censures. Un parecer no se juzga fácilmente por lo exterior. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.8.1-3

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes VII [DIA 128]

—¿Qué hace temible al tirano?
—La guardia personal —responde— y sus espadas y el que vigila su cámara y los que rechazan a los que quieren entrar. […]
Por tanto, si se le acerca uno que no quiere ni morir ni vivir a todo trance, sino como le venga dado, ¿qué le impide acercarse sin temor? Nada. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.7.1,4

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes VI [DIA 127]

—Entonces, ¿estás preparado para convencer al vulgo de que, en efecto, ninguna de esas cosas es un mal, sino que es posible ser feliz pobre, sin cargos y sin honores, o para mostrarte a ellos rico y poderoso? Porque, de esos dos caminos, el segundo es propio de un fanfarrón, insignificante y que no vale nada. Y su consecución mira por qué medios llegaría: tendrás que usar esclavos y conseguir algo de vajilla de plata y, si es posible, mostrar la misma muchas veces donde se vea y procurar que no se note que es la misma, y vestimentas radiantes y las demás pompas y hacerte ver honrado por los notables e intentar cenar con ellos o, por lo menos, que parezca que lo haces. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.6.4

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes V [DIA 126]

El hombre bueno y honrado ni disputa él mismo con nadie ni, en la medida de sus fuerzas, se lo permite a otro. Para nosotros es ejemplo también de esto, como de las demás cosas, la vida de Sócrates, que no sólo rehuyó la disputa en todas las situaciones, sino que además no permitía a los otros disputar. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.5.1-2

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