Seneca. Epistolas Morales a Lucilio. Libro 1. VIII-IX [DIA 140]

Enseño a los demás el camino recto, que he conocido demasiado tarde y después de haberme fatigado errando de un lado para otro. Clamo a voces: «Evitad todo lo que agrada al vulgo, todo lo que concede la casualidad, y considerad sospechosos todos los dones de la fortuna. – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.8.3

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes VII [DIA 128]

—¿Qué hace temible al tirano?
—La guardia personal —responde— y sus espadas y el que vigila su cámara y los que rechazan a los que quieren entrar. […]
Por tanto, si se le acerca uno que no quiere ni morir ni vivir a todo trance, sino como le venga dado, ¿qué le impide acercarse sin temor? Nada. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.7.1,4

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes VI [DIA 127]

—Entonces, ¿estás preparado para convencer al vulgo de que, en efecto, ninguna de esas cosas es un mal, sino que es posible ser feliz pobre, sin cargos y sin honores, o para mostrarte a ellos rico y poderoso? Porque, de esos dos caminos, el segundo es propio de un fanfarrón, insignificante y que no vale nada. Y su consecución mira por qué medios llegaría: tendrás que usar esclavos y conseguir algo de vajilla de plata y, si es posible, mostrar la misma muchas veces donde se vea y procurar que no se note que es la misma, y vestimentas radiantes y las demás pompas y hacerte ver honrado por los notables e intentar cenar con ellos o, por lo menos, que parezca que lo haces. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.6.4

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes I Parte 1 [DIA 114]

Libre es el que vive como quiere, al que no se puede forzar ni poner impedimentos ni violentar, sin obstáculos en sus impulsos ni fallos en sus deseos ni tropiezos en sus rechazos. Entonces, ¿quién quiere vivir en el error? Nadie. ¿Quién quiere vivir engañado, dejándose arrastrar, siendo injusto, incontinente, quejumbroso, vil? Nadie. Por tanto, ningún malvado vive como quiere. Ni tampoco, por consiguiente, es libre. Pero, ¿quién quiere vivir entristecido, temeroso, envidioso, compadeciendo, deseando y fallando en el deseo, rechazando y yendo a caer en ello? Ni uno. ¿Tenemos algún malvado sin tristezas, sin temores, libre de eventualidades, libre de frustraciones? Ninguno. Por tanto, tampoco tenemos a ninguno libre.

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Epicteto. Disertaciones. Libro III. Pasajes XXV-XXVI [DIA 113]

Siguiendo en la línea del último día, este pasaje me resulta muy interesante, puesto que hace un análisis breve, de justamente un tema que me venía resintiendo en los últimos días: La dificultad de mantenerse a algo cuando la adversidad es grande y los resultados son pequeños. Epicteto hace constantemente referencia a la necesidad de generar un hábito como podemos leer aquí. En gran medida la filosofía de Epicteto pasa por un proceso alto de habituación. Y evidentemente el hábito se adquiere a través de la repetición.

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Epicteto. Disertaciones. Libro III. Pasajes XXIV [DIA 112]

En este pasaje, Epicteto trata específicamente sobre la gestión personal de los preferidos indiferentes. No es la primera vez que trata esto, pero aquí deja clara su visión, de una manera más extensiva de lo normal (más cercana al cinismo de lo normal) acerca de los indiferentes morales. En definitiva: Debe existir gran cautela, en cuanto al disfrute de ellos se refiere, conservando la precaución ante la afición desmedida a los mismos, dado que con el tiempo y la costumbre, podemos vernos atrapados por ellos; y ante su perdida, pueden causarnos un sufrimiento innecesario bajo las premisas que predica la filosofía estoica. En este caso, Epicteto recuerda una cosa: Cuando tratamos con indiferentes es necesario tener presente en todo momento un detalle: Se pueden ir en cualquier momento, si son objetos, nos los pueden robar, se pueden romper. Si son personas como en este caso, pueden morir o pueden abandonarnos. Esto en definitiva es la práctica diaria del recordatorio de Impermanencia. Siempre que tratemos con cualquier indiferente, parar por un momento y recitarse un pequeño mantra para recordar esa impermanencia: “Quiero mucho a esta persona, pero esta persona es mortal y se irá algun día”.

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes XXII [CITA ESTOICA] [DIA 110]

Como ya comenté cierto tiempo atrás existe una especie de relación de “amor” y “odio” entre el cinismo, la comunidad estoica y más concretamente algunos estoicos ortodoxos en particular. De hecho este fue el motivo por el cual dieron a Aristón de Quíos a un lado en su momento. Pero en cambio Epicteto mantiene una postura bastante curiosa, y para mi personalmente, increíblemente reveladora. En esta primera parte, el planteamiento de Epicteto es muy sencillo: Mientras que un Cínico viva de acorde a su naturaleza, puede hacer lo que quiera. El problema es que el cinismo está asociado generalmente a la parresia y a esa forma libertaria, de vivir de manera soez de cara al público, siempre revindicando algo. Hacer esto esta bien, pero la pregunta está realmente en si dicha reivindicación se encuentra conforme dentro del concepto de vivir de acorde a la naturaleza o no (al menos desde la perspectiva estoica). En cierto grado, al igual que hicieron los antiguos estoicos, de crear una variación del estoicismo ortodoxo e introduciendo una serie de componentes relativos a la Escuela Peripatética; Epicteto hizo lo propio con el cinismo: Una especie de eclecticismo entre el Estoicismo y el Cinismo, que me parece completamente extraordinario y veremos a continuación.

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes XIV-XV [CITA ESTOICA] [DIA 106]

Como comentaba en el día de ayer, cuando Epicteto habla de las relaciones sociales, hace el esfuerzo de tratar el tema con cierta distancia. Principalmente por los lazos de interdependencia que generalmente se establecen: Necesidad de ayuda y dependencia de terceros, poder, reconocimiento, etc… En este pasaje trata estos temas de manera puntual, y comienza aquí con lo primero y advirtiendo: Si te das cuenta que requieres de otro, para un momento y “sacúdete”, en realidad no dependes de nadie, excepto de tí mismo

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes VIII-IX [CITA ESTOICA] [DIA 103]

Igual que nos ejercitamos en las cuestiones sofísticas, así también deberíamos ejercitarnos todos los días en las representaciones. También ellas nos plantean cuestiones. «Murió el hijo de Fulano». Responde : «Ajeno al albedrío: no es un mal». «A Fulano le ha desheredado su padre». ¿Qué te parece? «Ajeno al albedrío: no es un mal». «El César le ha condenado». «Ajeno al albedrío: no es un mal». «Por esto se entristeció». «Depende del albedrío: es un mal». «Lo sobrellevó noblemente». «Depende del albedrío: es un bien». Y si nos acostumbramos a ello, progresaremos. Pues nunca asentiremos sino a aquello de lo que nace una representación comprensiva. «Se ha muerto su hijo». ¿Qué ha pasado? Que ha muerto su hijo. ¿Nada más? Nada. «Se ha hundido la nave». ¿Qué ha pasado? Que se ha hundido la nave. «Le han metido en la cárcel». ¿Qué ha pasado? Que le han metido en la cárcel . Lo de «le van mal las cosas», cada uno lo añade de su cosecha

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes VII [CITA ESTOICA] [DIA 102]

Son superiores los bienes de lo mejor o los de lo peor? —Los de lo mejor. —Los bienes del alma, ¿cómo son? ¿Dependientes o independientes del albedrío? —Dependientes del albedrío. —Entonces, ¿depende del albedrío el placer del alma? Respondió que sí. —Y éste , ¿para qué nace? ¿Quizá para sí mismo? ¡Pero eso es impensable! Pues ha de suponerse cierta esencia principal del bien con la cual, al alcanzarla, nos deleitaremos el alma. También en esto estuvo de acuerdo. —¿ En qué, pues, nos deleitaremos respecto a este placer del alma? Pues si es en los bienes, hallada está la esencia del bien; pues no es posible que una cosa sea el bien y otra aquello con lo que nos gozamos razonablemente ni que no siendo bueno lo primordial sea buena la consecuencia

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