Seneca. Epistolas Morales a Lucilio. Libro 1. V [DIA 137]

Procuremos que nuestro exterior esté conforme con el pueblo y que el interior no se le parezca en nada. Que nuestra toga no sea espléndida ni sórdida. No tengamos platos de oro cincelado, pero no creamos que es prueba de temperancia privarnos de oro y plata en nuestra mesa. – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.5.2-3

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Seneca. Epistolas Morales a Lucilio. Libro 1. III-IV [DIA 136]

Después de la amistad, todo se debe creer; antes, todo debe deliberarse. Gentes hay que, invirtiendo el orden y en contra de los preceptos de Teofrasto, examinan después de amar, y cesan de amar cuando han examinado. Medita largamente si debes recibir en amistad a alguno, y cuando hayas resuelto hacerlo, recíbele con el corazón abierto, y habíale con tanta confianza como a ti mismo.  – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.3.2

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes XI [DIA 131]

Dudan algunos sobre si en la naturaleza del hombre está contenida la sociabilidad. Sin embargo, no me parece que éstos mismos duden de que, desde luego, la limpieza sí está contenida y de que si en algo se aparta de los animales es precisamente en esto. – Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.11.1

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes VII [DIA 128]

—¿Qué hace temible al tirano?
—La guardia personal —responde— y sus espadas y el que vigila su cámara y los que rechazan a los que quieren entrar. […]
Por tanto, si se le acerca uno que no quiere ni morir ni vivir a todo trance, sino como le venga dado, ¿qué le impide acercarse sin temor? Nada. –  Epicteto, Disertaciones con Arriano, Libro IV.7.1,4

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Caso Practico de Estoicismo Parte 2 [DIA 120]

Volviendo a la serie de tres casos prácticos que inicie en el día de ayer, hoy quiero presentar otro caso práctico, con nuevas propuestas dentro de la filosofía; dado que en este caso, se introducen ciertos dilemas morales y adversidades, quiero ver como estos pueden ser tratados basándonos en los principios básicos que esta filosofía nos ha propuesto; todo pese a que en algunos momentos, se me haya figurado este tema de la Ética Exhortativa, como uno de los talones de Aquiles según se presenta la filosofía que trasmitían los promotores originales.

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes I Parte 2 [DIA 115]

En esta primera parte, Epicteto vuelve a recordar que ni los que buscan el poder, las riquezas, ni ningun preferido indiferente, y menos quien lo posee, será realmente libre. Esto se alinea bastante, con el popular dicho de que realmente el dinero no “compra” la libertad. Suele decirse que la justicia solo favorece a los ricos. Pero siempre hablamos de lo que en su día comente que se denominaba, “justicia positiva” o justicia artificial creada por los hombres para convivir en sociedad. Pero esta justicia ya he comentado varias veces, que poco o nada tiene que ver realmente con la Virtud cardinal de la justicia (la razón de la adecuada distribución) y mucho menos con la libertad tal como la propone Epicteto.

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Epicteto. Disertaciones. Libro III. Pasajes XXV-XXVI [DIA 113]

Siguiendo en la línea del último día, este pasaje me resulta muy interesante, puesto que hace un análisis breve, de justamente un tema que me venía resintiendo en los últimos días: La dificultad de mantenerse a algo cuando la adversidad es grande y los resultados son pequeños. Epicteto hace constantemente referencia a la necesidad de generar un hábito como podemos leer aquí. En gran medida la filosofía de Epicteto pasa por un proceso alto de habituación. Y evidentemente el hábito se adquiere a través de la repetición.

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes XXIII [CITA ESTOICA] [DIA 111]

Así pues, cuando digas: «Venid aquí y ved cómo os pronuncio una lección», mira primero no lo hagas al azar. Si hallas que tienes una referencia, mira si es a lo que se debe. ¿Quieres ser de utilidad o ser alabado?

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes XIX-XX [CITA ESTOICA] [DIA 108]

La primera diferencia entre el particular y el filósofo: el uno dice: «¡Ay mi pobre muchachito, mi pobre hermano; ay, mi pobre padre!», mientras que el otro, si en algún caso se ve obligado a decir «¡ay!», tras esperar un poco añade «¡pobre de mí!». Y es que nada ajeno al albedrío puede poner impedimentos o perjudicar al albedrío, si no es él a sí mismo. Por tanto, si también nosotros nos inclináramos a esto, de modo que, cuando andamos por malos caminos, nos culpáramos a nosotros mismos y recordáramos que nada es responsable de la alteración y de la agitación sino la opinión, os juro por todos los dioses que progresaríamos.

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes XVI-XVIII [CITA ESTOICA] [DIA 107]

Porque la opinión es fuerte, la opinión es invencible en todo. Hasta que cuajen en vosotros esos bonitos conceptos y os hagáis con cierta fuerza, para seguridad, os aconsejo que condescendáis con los particulares con precaución . Si no, cada día se fundirá como cera al sol lo que anotáis en la escuela . Así que llevaos los conceptos a alguna parte lejos del sol mientras sean blandos como la cera. Por eso los filósofos aconsejan también apartarse de la patria. Porque los antiguos hábitos distraen y no permiten que tenga principio otro hábito y no soportamos que los que nos salen al encuentro nos digan: «Mira, Fulano filosofa, el que es tal y cual». Así también los médicos envían a otras tierras y otros aires a los que padecen una larga enfermedad; y hacen bien

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