Seneca. Epistolas Morales a Lucilio. Libro 2. XIII [DIA 143]

El atleta que no ha sido vencido todavía no puede llevar grandes bríos al combate; estos bríos solamente son propios de aquel que ha derramado su sangre y a quien han roto los dientes; que arrojado al suelo, ha sostenido a su enemigo sobre su cuerpo, y que sin desfallecer se levantó más valeroso que antes y volvió a la lucha lleno de esperanza. – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro II.13.2

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Seneca. Epistolas Morales a Lucilio. Libro 1. V [DIA 137]

Procuremos que nuestro exterior esté conforme con el pueblo y que el interior no se le parezca en nada. Que nuestra toga no sea espléndida ni sórdida. No tengamos platos de oro cincelado, pero no creamos que es prueba de temperancia privarnos de oro y plata en nuestra mesa. – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.5.2-3

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Seneca. Epistolas Morales a Lucilio. Libro 1. I-II [DIA 135]

Persuádete de que te escribo cosas ciertas: nos arrebatan parte del tiempo, nos lo sustraen o la dejamos perder. La peor de todas estas pérdidas es la que ocurre por negligencia propia; y, si atentamente lo consideras, verás que se emplea considerable parte de la vida en obrar mal, mayor aún en no hacer nada, y toda en hacer lo contrario de lo que se debía.  – Séneca, Epístolas Morales a Lucilio, Libro I.1.1

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Epicteto. Disertaciones. Libro IV. Pasajes I Parte 1 [DIA 114]

Libre es el que vive como quiere, al que no se puede forzar ni poner impedimentos ni violentar, sin obstáculos en sus impulsos ni fallos en sus deseos ni tropiezos en sus rechazos. Entonces, ¿quién quiere vivir en el error? Nadie. ¿Quién quiere vivir engañado, dejándose arrastrar, siendo injusto, incontinente, quejumbroso, vil? Nadie. Por tanto, ningún malvado vive como quiere. Ni tampoco, por consiguiente, es libre. Pero, ¿quién quiere vivir entristecido, temeroso, envidioso, compadeciendo, deseando y fallando en el deseo, rechazando y yendo a caer en ello? Ni uno. ¿Tenemos algún malvado sin tristezas, sin temores, libre de eventualidades, libre de frustraciones? Ninguno. Por tanto, tampoco tenemos a ninguno libre.

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Epicteto. Disertaciones. Libro III. Pasajes XXIV [DIA 112]

En este pasaje, Epicteto trata específicamente sobre la gestión personal de los preferidos indiferentes. No es la primera vez que trata esto, pero aquí deja clara su visión, de una manera más extensiva de lo normal (más cercana al cinismo de lo normal) acerca de los indiferentes morales. En definitiva: Debe existir gran cautela, en cuanto al disfrute de ellos se refiere, conservando la precaución ante la afición desmedida a los mismos, dado que con el tiempo y la costumbre, podemos vernos atrapados por ellos; y ante su perdida, pueden causarnos un sufrimiento innecesario bajo las premisas que predica la filosofía estoica. En este caso, Epicteto recuerda una cosa: Cuando tratamos con indiferentes es necesario tener presente en todo momento un detalle: Se pueden ir en cualquier momento, si son objetos, nos los pueden robar, se pueden romper. Si son personas como en este caso, pueden morir o pueden abandonarnos. Esto en definitiva es la práctica diaria del recordatorio de Impermanencia. Siempre que tratemos con cualquier indiferente, parar por un momento y recitarse un pequeño mantra para recordar esa impermanencia: “Quiero mucho a esta persona, pero esta persona es mortal y se irá algun día”.

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes XXIII [CITA ESTOICA] [DIA 111]

Así pues, cuando digas: «Venid aquí y ved cómo os pronuncio una lección», mira primero no lo hagas al azar. Si hallas que tienes una referencia, mira si es a lo que se debe. ¿Quieres ser de utilidad o ser alabado?

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes XXII [CITA ESTOICA] [DIA 110]

Como ya comenté cierto tiempo atrás existe una especie de relación de “amor” y “odio” entre el cinismo, la comunidad estoica y más concretamente algunos estoicos ortodoxos en particular. De hecho este fue el motivo por el cual dieron a Aristón de Quíos a un lado en su momento. Pero en cambio Epicteto mantiene una postura bastante curiosa, y para mi personalmente, increíblemente reveladora. En esta primera parte, el planteamiento de Epicteto es muy sencillo: Mientras que un Cínico viva de acorde a su naturaleza, puede hacer lo que quiera. El problema es que el cinismo está asociado generalmente a la parresia y a esa forma libertaria, de vivir de manera soez de cara al público, siempre revindicando algo. Hacer esto esta bien, pero la pregunta está realmente en si dicha reivindicación se encuentra conforme dentro del concepto de vivir de acorde a la naturaleza o no (al menos desde la perspectiva estoica). En cierto grado, al igual que hicieron los antiguos estoicos, de crear una variación del estoicismo ortodoxo e introduciendo una serie de componentes relativos a la Escuela Peripatética; Epicteto hizo lo propio con el cinismo: Una especie de eclecticismo entre el Estoicismo y el Cinismo, que me parece completamente extraordinario y veremos a continuación.

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes XIV-XV [CITA ESTOICA] [DIA 106]

Como comentaba en el día de ayer, cuando Epicteto habla de las relaciones sociales, hace el esfuerzo de tratar el tema con cierta distancia. Principalmente por los lazos de interdependencia que generalmente se establecen: Necesidad de ayuda y dependencia de terceros, poder, reconocimiento, etc… En este pasaje trata estos temas de manera puntual, y comienza aquí con lo primero y advirtiendo: Si te das cuenta que requieres de otro, para un momento y “sacúdete”, en realidad no dependes de nadie, excepto de tí mismo

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Epicteto. Disertaciones con Arriano. Libro III. Pasajes XII-XIII [CITA ESTOICA] [DIA 105]

No es conveniente para el ejercicio todo lo difícil y peligroso, sino esforzarse por todo lo que hace avanzar hacia el fin propuesto. ¿Y en qué consiste esforzarse por el fin propuesto? En movernos sin trabas en el deseo y en el rechazo. Y eso, ¿en qué consiste? En no frustrarnos en el deseo ni ir a caer en el objeto de rechazo. A esto ha de tender el ejercicio. Ya que tener un deseo infalible y un rechazo libre de eventualidades no es posible sin un ejercicio abundante y continuo, sabe que si les permites desviarse por fuera hacia lo que no depende del albedrío no tendrás ni un deseo que logre su fin ni un rechazo libre de eventualidades. Y puesto que la costumbre nos precede con firmeza, acostumbrados a usar del deseo y del rechazo sólo en ello, es preciso oponer a esta costumbre la costumbre contraria, y en donde haya grandes deslices de las representaciones, allí oponer el ejercicio.

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Renuncia Voluntaria: Rumbo hacia la Virtud Estoica [DIA 96]

Como ya venía comentando unos días atrás, me he encontrado hasta la fecha con ciertas dificultades para desarrollar una Renuncia Voluntaria en condiciones. Desde que vengo haciendo revisiones de las prácticas, las razones han sido variopintas (generalmente es por todos bien sabido que una Renuncia Voluntaria, nunca fue plato de buen gusto), pero la más destacable quizá haya sido la desgana o la falta de predisposición para tomar las riendas de la actividad.

Hoy he decidido dar un paso al frente y me he replanteado como tomar esta práctica de una manera más comprometida; sobre eso quiero comentar en la meditación del día de hoy, que no va a ser un mensaje muy largo dado que ya he tenido suficiente trabajo Estoico por hoy; tengo la voluntariedad imperiosa de reducirlo al mínimo por razones obvias, como podrán verse a continuación

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